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Menuda Sargento Manostijeras

el 30 ene 2011 / 08:27 h.

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Tras su menuda, angelical y frágil figura, Elena Salgado esconde una suerte de Eduardo Manostijeras, sargento de hierro, pero en pequeñito y en mujer, y hortelana del vecero frutal de la economía. Desde que sucediera a Pedro Solbes, el ministro que negó la crisis, nuestra protagonista poda y manda podar, limpia los árboles para una nueva cosecha, y tanto que ni sombra dan, por ellos, en cambio, traspasa un sol que, advierten los sindicatos, quema el Estado del Bienestar.

Todos los ministerios, absolutamente todos, dependen de su labor esquiladora, y sin ser cara visible del partido que sustenta al Gobierno, el PSOE, influencia no le falta ni en Zapatero ni en el omnipresente Rubalcaba. No tiene perfil político definido, tampoco parlamentario, así quedó palpable en su primer debate de los Presupuestos, reconoce que nunca olvidará la "algarada, el alboroto, la descalificación" que procedían de los escaños populares.

Sin alterarse, casi siempre correcta, preferiblemente traje de chaqueta, colores fríos, alguna que otra vez sorprende con el morado, dos, tres segundos antes de responder, la oratoria no es su fuerte, sobre Salgado ha recaído la responsabilidad de aplicar la tijera a no pocas medidas sociales. Ahí va el rosario: congelación de la paga a los jubilados, rebaja salarial para los funcionarios, supresión de los 426 euros mensuales para los desempleados sin prestación, eliminación del cheque bebé y reforma de las pensiones, más el arranque de la bancarización de las cajas de ahorros, la subida del IVA, la llamada al orden presupuestario de las comunidades -so pena de intervenir en sus cuentas- y la articulación del nuevo modelo de financiación autonómica, que no pocos desencuentros le trajo con las regiones históricas, entre ellas la andaluza, a la que, asimismo, pagó en especie, y no en dinero, su deuda histórica.

Díganme si es frágil la señora...tras la ministra, sin embargo, están los señores mercados, unos especuladores que apuestan con la deuda soberana y condicionan los ajustes de nuestra economía, de ahí su guerra abierta contra el déficit, el enemigo público número uno, a batir por esta orensana de 61 años, diputada por Cantabria, que siempre ha jugado a caballo ganador, fuera con Felipe González, Josep Borrell, Zapatero o... Pérez Rubalcaba. Antes de que Zapatero prejubilara a Solbes, Elena Salgado ocupó la cartera de Administraciones Públicas, y por ella pasó sin pena ni gloria, al contrario de lo que ocurrió en su etapa como ministra de Sanidad, tres años en los que se ganó el apodo de sargento de hierro, cabe recordar aquí que fue la primera fémina española que, sin batallar, portó en su pecho la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar por su contribución en la reorganización del Ministerio de Defensa. Hagamos memoria. Que el hábito de fumar comenzara a circunscribirse exclusivamente al ámbito privado se le debe a ella, al concebir la primera Ley Antitabaco. Que se permita seleccionar los embriones para la curación de hermanos enfermos es decisión suya con la Ley de Reproducción Asistida. Que exista la clonación terapéutica es gracias a su labor, vía Ley de Investigación Biomédica. Que las cadenas textiles acordaran armonizar las tallas para así prevenir la anorexia juvenil se atribuye a su insistencia. Y que una multinacional de comida rápida se prestara a retirar su campaña de publicidad de hamburguesas XXL, horror para la alimentación saludable, fue acierto de su propiedad. En cambio, dicen que lloró cuando Zapatero, sin informarle previamente, anunció la retirada del proyecto de Ley Antibotellón, al chocar abiertamente contra bodegas y viticultores.


Su biografía oficial habla de que es ingeniera industrial especializada en Energía -única mujer de su promoción, y eso imprime carácter-, licenciada en Ciencias Económicas, especialidad Estructura, y máster en Métodos Cuantitativos de Gestión, con una amplísima lista de cargos en la Administración central, donde desembarcó con el primer Gobierno de Felipe González, desde los que ha abordado materias tan dispares como las telecomunicaciones, las pensiones o los gastos de personal. Cuando en 1996 el PSOE perdió el poder, dejó forzada el cargo que ocupaba en Cultura, no sin antes pleitear por él con la nueva ministra del ramo, la popular Esperanza Aguirre. El mundo de la empresa la acogió, puestos de responsabilidad en cuatro compañías distintas, relacionadas sobre todo con las comunicaciones, hasta que los socialistas recuperaron La Moncloa.

Fue una sorpresa que, en abril de 2009, se le adjudicara la cartera de Economía y Hacienda. Una arriesgada apuesta de Zapatero, quien previamente fracasó en su intento de promocionarla a la dirección general de la Organización Mundial de la Salud -se quedó a las puertas-.

Es, por lo demás, incapaz de sacudirse el sambenito de pija. Tan sólo tiene una hija, practica varios deportes, entre ellos natación, recurre a un preparador físico y en sus años jóvenes gustaba especialmente del tenis. Para música, la ópera. En los últimos tiempos, sus azules ojos se afean a veces inyectados en sangre y con ojeras, será el cansancio de la más agotadora cartera del Gobierno, la que soporta la crisis económica. Para salir, poda y poda a la espera de unos brotes verdes que, cual espejismo, mera ilusión, ya percibiera en mayo de 2009.

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