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Menudo afán de sufrir

El Betis puso ayer sobre el césped de Montjuïc todo lo que debía poner... para seguir sufriendo hasta el final. Es decir, que el Betis no puso ayer sobre Montjuïc nada de lo que presuntamente debería poner, que no era mucho, para puntuar al menos ante un rival cuyo mecanismo de vida es archiconocido por cualquiera que entienda de fútbol.

el 16 sep 2009 / 01:56 h.

El Betis puso ayer sobre el césped de Montjuïc todo lo que debía poner... para seguir sufriendo hasta el final. Es decir, que el Betis no puso ayer sobre Montjuïc nada de lo que presuntamente debería poner, que no era mucho, para puntuar al menos ante un rival cuyo mecanismo de vida es archiconocido por cualquiera que entienda de fútbol.

El balón llega a De la Peña, que o bien busca a Tamudo y Luis García en vertical o bien abre el balón a las bandas. Así de simple es el Espanyol. Pues bien, en el minuto 4, De la Peña recoge el esférico a veinte metros del área bética mientras Arzu y Capi estaban dios sabe dónde, avanza con tiempo suficiente para tomarse un café y envía su clásico pase a Luis García, de quien se desentienden tanto Juanito como Melli, para que el delantero, que llevaba casi seis meses sin anotar un gol, decida el partido.

¿Y esta era la final que podía sentenciar la salvación del Betis? Si la respuesta depende del grado de concentración de los verdiblancos, pues es evidente que no, que nunca lo fue. Y si la respuesta depende del nivel de la reacción posterior al 1-0, pues más de lo mismo. Capi y Arzu no generaron fútbol ninguno, el primer ataque en condiciones nació de una internada del lateral derecho y la primera ocasión fue obra de un futbolista rival en propia meta. Así era imposible puntuar. Así es muy posible sufrir.

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