Economía

Mercadona creó 150 empleos andaluces pese a frenar la contratación en España

La cadena superó en 2013 las previsiones de beneficio (515 millones) y aumentó las ventas el 4 por ciento, a las puertas de los 20.000 millones. Casi 17.000 trabajadores suma en la comunidad, donde el año pasado concluyó la gran plataforma de Guadix y superó los 340 supermercados.

el 06 mar 2014 / 15:32 h.

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Imagen tomada ayer del Mercadona de la glorieta de la SE-30 frente al hipermercado Carrefour Macarena. / J. M. Paisano (ATESE) Mercadona obtuvo en 2013 mejores resultados de los que había augurado, al aumentar un 1,3 por ciento sus beneficios y ganar 515 millones de euros, aunque incumplió sus compromisos de crear empleo y bajar precios. Frenando su crecimiento sostenido, mantuvo la misma plantilla y advirtió de que tampoco la incrementará en 2014. También encareció la cesta de la compra un 1 por ciento, por debajo de la media del sector alimentario, como destacó su presidente, Juan Roig, al presentar en Valencia el balance anual de la compañía. La peor noticia, un parón en el empleo que aguó la previsión de crear mil puestos de trabajo a nivel nacional, tuvo su excepción en Andalucía. La apertura del centro logístico de Guadix, en Granada –el tercero tras los de Antequera (Málaga) y Huévar del Aljarafe (Sevilla)–, supuso la contratación de 150 trabajadores, tras una inversión de 60 millones de euros. Con estas incorporaciones, Mercadona tiene ya 16.980 trabajadores en Andalucía, donde mantiene abiertas 341 tiendas, cuatro más que el año anterior: la cadena inauguró seis y cerró dos. Sin embargo, estos nuevos empleos se diluyeron con las bajas en otras autonomías y al final Mercadona mantuvo los mismos 74.000 trabajadores. Roig justificó el estancamiento: en los dos años anteriores se había contratado a 10.000 empleados para formarlos. Y dejó claro que la previsión este año va por el mismo camino: «Creamos empleo cuando hay demanda, y hoy por hoy no lo visualizamos». Tampoco hubo buenas nuevas en la cesta de la compra, porque se esperaba que se abaratara y se encareció, aunque el 1 por ciento que Mercadona subió sus productos básicos es apenas un tercio de la media del sector alimentario, que se disparó un 2,9 por ciento. Para este año, nueva promesa: se intentará bajar el precio un 1 por ciento porque es lo que demanda el cliente, «el jefe», como se refieren a él en la cadena. Si éstas fueron las dificultades, en las cuentas mejoraron las expectativas. Un análisis pesimista había previsto que 2013 sería un año «muy difícil» en el que las ganancias bajarían hasta quedarse en 430 millones. Pero subieron un 1,3 por ciento, llegando a los 515 millones, y la facturación se elevó un 4 por ciento, alcanzando los 19.812 millones. La cifra queda lejos del 7 por ciento que habían subido las ganancias el año anterior, pero hay un trecho entre restar 78 millones a los beneficios, como se auguró, y sumarles siete, como ha ocurrido. Para este, «que no nos ha dado ninguna alegría por ahora», sentenció Roig ante la imprescindible pregunta sobre los brotes verdes, prevé mejorar su facturación un 3,5 por ciento, hasta los 20.500 millones, y los beneficios hasta los 533 millones. Espera invertir 700 millones en 60 nuevas aperturas –incluida la primera en el País Vasco, donde a final de año habrá tres en Vitoria–, 30 reformas de tiendas y en la construcción del bloque logístico de Abrera en Barcelona. Más allá de los números, Roig recordó ayer que su estrategia para mejorar la atención «al jefe» pasa desde hace unos años por reforzar el producto fresco, donde sabe que cojean. Tras admitir que fue «un error tratar los alimentos frescos como si fueran secos», intentando producirlos de forma centralizada y luego distribuirlos, Mercadona apuesta por comprar en origen y especializar y descentralizar sus proveedores para que los supermercados se surtan con productos locales, evitando que los frescos viajen durante días. La medida ya se ha terminado de implantar en la fruta y la verdura. Luego estaba el pescado: ahora se compra directamente en las lonjas, 80 en toda España, 16 en Andalucía. Para este año se alcanzarán los 140.000 kilos, y «el jefe» parece satisfecho: la venta de pescado azul ha subido un 25 por ciento. Por último, Mercadona ha puesto en marcha «un laboratorio de I+D+I de carne y charcutería», mostradores en los que se vuelven a vender estos productos al corte. Hay 100 en Valencia y se llegará a 250 a final de año. Si funciona, en 2015 volverá a extenderse por todas sus tiendas un modelo que se había abandonado hacía 15 años. Estos cambios también se hacen mediante la filosofía Mercadona. La cadena llama a la estrategia «cadena agroalimentaria sostenible», porque igual que hicieron con los productos procesados, ahora quieren vincularse a los productores en origen creando vínculos «de por vida» en los que todos ganen: la cadena se ofrece a poner de su parte para fortalecer los sectores primarios, financiando incluso a quien lo reclame, a cambio de un compromiso de abastecimiento en los estándares que reclama la empresa valenciana. Para poder realizar este esfuerzo, Mercadona renuncia definitivamente a sus ya aparcados sueños de internacionalización. En ese modelo es esencial el trabajador, y ahí encaja la formación que está recibiendo para volver a usar el cuchillo para la carne y el pescado. Se invertirán 15 millones en formar a 20.000 empleados, y se ha aprobado un nuevo convenio colectivo que les garantiza un 0,3 por ciento más de sueldo. Ahí Roig, mucho más comedido que años atrás al opinar sobre la actualidad económica y política, volvió a ser él mismo para presumir de los salarios, 1.400 euros netos más primas para el 80 por ciento de la plantilla. «Pagamos buenos sueldos porque exigimos mucho», dijo, por eso la productividad aumentó un 6 por ciento y en marzo se repartió un dividendo de 257 millones. «Hay que saber producir con los menores costes pagando bien al trabajador». En ese compromiso con su entorno, «ganancia compartida» que lo llama, Roig recordó que Mercadona paga más de 800 millones en impuestos. «Hay que pagar los impuestos que haya que pagar porque la educación y las carreteras no se mantienen solas», defendió, abogando por moderar el gasto público antes que rebajarlos.  

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