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Mi abuelo intuyó lo que iba a pasar

Estaba hace unos días paseando y me dio por reflexionar sobre el tan traído y llevado asunto del derecho a la intimidad de las personas. Mi abuelo Manuel ya intuyó lo que iba a ocurrir en el futuro.

el 15 sep 2009 / 05:02 h.

Estaba hace unos días paseando y me dio por reflexionar sobre el tan traído y llevado asunto del derecho a la intimidad de las personas. Mi abuelo Manuel ya intuyó lo que iba a ocurrir en el futuro. Escuchando un día la radio, aquéllas grandes de lámparas, dijo sentencioso: "La radio está muy bien. Lo malo va a ser cuando se puedan ver los enanos que hablan ahí dentro".

De niño yo ya quebrantaba el derecho a la intimidad de las personas de mi pueblo. Como a veces me aburría, me inventé un juego muy emocionante, que consistía en entrar en las casas a investigar no se qué y esconderme debajo de las camas o detrás de las puertas para espiar. Recuerdo que una vez me oculté debajo de la cama del dormitorio de unos vecinos y, de pronto, el colchón de borra comenzó a aplastarme contra el suelo con tal fuerza que casi la palmo.

Por las cosas que se decían entendí que estaban contribuyendo al crecimiento de la natalidad para obtener esos puntos que daba Franco a las familias numerosas. Hoy se diría que echando un casquete, pero entonces no sabíamos tanto. Gracias a este juego estaba al corriente de historias del pueblo, de adulterios, de vicios inconfesables, de quién roncaba y de quién no, y de qué pensaban unos vecinos de otros. Pero jamás conté nada a nadie; eran mis secretos, los de un niño que tenía demasiada fantasía para vivir en un pueblo donde nunca ocurrió nada descomunal.

A los que se llaman periodistas de la prensa rosa y que duermen en las puertas de las casas de las personas para sacar en la televisión a quienes no lo desean, les diría que no se corten y que hagan lo mismo: que se metan en las casas de los famosos, debajo de sus camas, en sus roperos empotrados, con cámaras y grabadoras y que se pongan ricos vendiendo el material. Ellos lo llaman libertad de expresión en un claro ultraje a este derecho constitucional.

Por esta misma regla propongo que los afectados costeen un programa donde sólo salga la vida privada de estos noticieros que son tan famosos como los populares a los que trituran. A algunos les encantaría ver la cara de la Patiño acabada de levantar o saber cuáles son los vicios inconfesables de Jesús Mariñas. Iba a arder Troya.

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