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“Mi método es trabajar 24 horas al día, no sé hacer otra cosa”

El escritor roteño publica su libro de relatos 'Cada cual y lo extraño'

el 25 may 2013 / 13:20 h.

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Roteño de 1960, laureado entre otros con el premio de la Crítica y el Nacional de Literatura, ha cultivado todos los géneros. Ahora regresa con uno de sus predilectos, el relato corto, en Cada cual y lo extraño, que acaba de ver la luz en Destino. –No hace mucho presentaba un nuevo poemario y una traducción de Fitzgerald, ahora estos cuentos. ¿Se le ha juntado el trabajo, o lo tenía todo planeado? –Como soy de pueblo, tengo tiempo, y lo dedico a escribir. De hecho, lo raro es que en los pueblos no seamos todos escritores... Uno tiene un sistema, una organización inevitablemente caótica, en el que no sirven los plazos. De pronto te da la lata un poema, o un relato, o te sientes en racha y le das un acelerón a la novela... El único método que tengo es el de trabajar, las 24 horas del día. –Con tanto género, va a necesitar, como recomendaba Stevenson, cuatro o cinco mesas simultáneamente... –Es cierto, puse tres mesas de trabajo en casa. En realidad tengo cuatro, pero una es más bien decorativa. –Pirandello hizo una obra escribiendo un relato por cada día del año. Usted se ha conformado con uno por cada mes, como si fueran frutos de temporada... –Sí, la idea estaba ahí desde el principio, quería que cada relato estuviera ambientado en un mes concreto. Me hacía gracia la idea del almanaque anual, como los que se publicaban antiguamente con poemas. –En el libro abundan los relatos en primera persona, y ciertos datos que podrían ser de su vida. ¿Si alguien busca autobiografismo en estas páginas...? –... Se equivoca, soy muy poco autobiográfico. Como todo el mundo, aprovecho recursos de la memoria, pero casi siempre los transformo. Es todo un poco raro, juego a mostrarme y a esconderme, pero lo cierto es que los hechos reales sólo son un punto de partida: lo que de verdad me divierte es cambiarlo todo. La escritura notarial me interesa menos. No tengo afán de dejar constancia, lo mío es escribir sobre lo intuido y lo imaginado. –¿Eso significa que renuncia a escribir algún día sus memorias? –No, no, eso me apetecería mucho, pero no en un libro de cuentos. Y eso, claro está, si no pierdo la memoria. A ver de qué me acuerdo cuando llegue la hora... –Tratando de buscar un punto en común entre los personajes de Cada cual y lo extraño, se me ocurre que podría ser cierta decepción, cierta frustración ante los deseos, los sueños... –Casi siempre sucede eso, pero yo diría que mis personajes son gente que no se entiende del todo bien con su destino. Todos tienen, en efecto, un fondo de ilusión y de decepción, pero ninguno es completamente desesperanzado, ni completamente feliz. Como la vida misma, lo que prevalece son los malentendidos con el propio destino. Siempre quedan cosas por hacer, por vivir... Y sobre ellos trato de proyectar siempre una mirada compasiva, en el sentido de ser comprensivo. Una mirada de interpretación sobre la naturaleza humana. Al fin y al cabo, no somos héroes ni villanos, cada cual hace lo que puede. –Usted lleva escribiendo relatos casi desde que empezó en este oficio, cuando todavía eran mal vistos. ¿Qué le parece que ahora el género haya sido aceptado, y hasta dé para vivir? –Creo que hay prejuicios aún, sigue habiendo mucha gente que cree que los cuentos son como una ficción truncada, como si diese menos que la novela... Y es todo lo contrario: una ficción concentrada. Un buen cuento no acaba nunca en sí mismo, es una especie de historia reverberante que se queda en el fondo del pensamiento. –Y ahora le preguntarán que para cuándo la novela... –Hay quien considera que el cuento es una preparación para escribir novelas. yo diría que es más bien a la inversa. –De acuerdo, no me resisto: ¿Para cuándo la novela? –Llevo 105 páginas. Paciencia. –Esta misma mañana contaba usted en Facebook que no para de oír de libreros, editores, etc. eso de que vender un libro se ha puesto imposible... usted está escribiendo uno. ¿De dónde saca la ilusión? –Creo que uno escribe porque no sabe hacer otra cosa. Si un libro tiene fortuna, muy bien, si no, te pones con otra cosa. Cuando tienes una relación laboral, profesional, con la escritura, el hecho de que parte del público abandone las librerías te preocupa laboralmente, no literariamente. Al final, todo el mundo procura hacerlo lo mejor posible, pero para eso no puedes renunciar a tu libertad estética, porque si lo haces renuncias a lo esencial. La escritura implica disponer de un ámbito del que eres dueño y señor.

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