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Miedo en Jabugo tras la batalla

Quince minutos después de que finalizara el encuentro, la explanada de Heliópolis se convirtió en una auténtica batalla campal. El saldo, un detenido, varios heridos y destrozos en el mobiliario urbano. El colofón se puso en la calle Jabugo, literalmente tomada por la policía hasta la madrugada.

el 16 sep 2009 / 03:37 h.

VÍDEO: VNEWS

Quince minutos después de que finalizara el encuentro, la explanada de Heliópolis se convirtió en una auténtica batalla campal. El saldo, un detenido, varios heridos y destrozos en el mobiliario urbano. El colofón se puso en la calle Jabugo, literalmente tomada por la policía hasta la madrugada.

Sólo le queda al Betis su afición, aunque una parte de ella, extremadamente alterada y agresiva, formó un altercado de orden público a la finalización del encuentro. En concreto, unos quince minutos después de consumarse el descenso del Betis, decenas de aficionados descargaron su ira contra la puerta principal del estadio Manuel Ruiz de Lopera, conocida como "puerta de cristales". Se vivieron escenas de auténtica violencia con el lanzamiento de vallas, piedras, botellas y otros objetos contra la puerta principal del estadio. Momentos de pánico se produjeron cuando los aficionados que abandonaban el recinto tuvieron que retroceder despavoridos al propio campo, provocando que los servicios de seguridad cerraran de forma precipitada las puertas.

Afortunadamente, la policía intervino con rapidez y los primeros que lograron evitar los destrozos en el estadio fueron varios elementos de caballería que lograron mantener mínimamente el orden. Posteriormente, unidades de antidisturbios comenzaron a cargar contra los aficionados, que se refugiaron en calles adyacentes, donde continuaron los incidentes (calle Tajo).

La policía practicó al menos una detención y como consecuencia del lanzamiento de los objetos varios aficionados resultaron contusionados, uno de ellos de cierta seriedad y con abundante pérdida de sangre. La policía, para poder tomar el control de la calle, no dudó en lanzar de forma continua pelotas de goma, con reiterados disparos que provocaron carreras desaforadas de los aficionados. Uno de los objetos impactó en un consejero del Real Valladolid, que resultó levemente conmocionado.

En plena batalla campal, otra propuesta más pacífica fue tomando forma en los aledaños del gol norte.

Sentada de la afición. Alrededor de unos 1.000 aficionados tomaron la decisión de hacer una sentada en plena vía pública, unida a continuos gritos en contra del máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera. La indignación era una constante entre los aficionados, pero la policía decidió poner fin a la sentada una hora después de que finalizara el choque. La sentada, eso sí, se disolvió de forma pacífica.

Una hora y media después, la situación en el estadio fue ya de normalidad (no se marchó la policía) y el centro de atención informativo se trasladó a la calle Jabugo, donde se encuentran las oficinas personales y el domicilio de Manuel Ruiz de Lopera, máximo accionista del Real Betis.

¿Lopera en marbella? Cerca de la medianoche, la citada calle Jabugo fue literalmente tomada por los antidisturbios de la policía, que impidieron a los aficionados acercarse al domicilio de Lopera. La situación fue de una calma tensa, pero corrió el rumor de que Lopera decidió seguir el encuentro desde su casa de Marbella. Cientos de aficionados, no obstante, deseaban al menos una respuesta en una noche terrible, en la que se consumó el descenso a Segunda división del Real Betis.

Tan sólo Josep Maria Noguès, que no seguirá al frente de la primera plantilla, tuvo la dignidad de atender a los medios de comunicación y convertirse en la única voz de la entidad que ofreció alguna respuesta. Ni el consejero delegado, ni el presidente, ni un consejero, ni por supuesto los jugadores fueron capaces de dar la cara en unos momentos tan delicados.

Tan sólo un consejero bajó al vestuario para animar a los jugadores, que no tenían ni fuerzas para ducharse y que abandonaron el Ruiz de Lopera dos horas y medio después de que se consumara la debacle.

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