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Miedo me da

el 13 mar 2013 / 08:26 h.

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Esta cuaresma he oído demasiadas veces referencias a las cofradías “sin Dios”. Miedo me da porque es una menor valoración de las cofradías como parte de la Iglesia, un desprecio a la religiosidad popular, una primacía de lo clerical o, lo peor, una moda de los selectos, de “nosotros los de siempre, los de toda la vida”, que tienen la exclusiva de la autenticidad.

Las palabras del señor presidente del Consejo de que la Semana Santa se está convirtiendo en una afición sin Dios, pronunciadas en el Cabildo de Toma Horas me causaron dolor por el desconocimiento de la realidad cofrade del que ostenta su máxima representación y por lo gratuito e importuno de la afirmación de quien se mantiene en el cargo que obliga a defender las Hermandades y Cofradías ante propios y extraños.
¿Es la ausencia de Dios lo que mueve a más de ciento cincuenta personas a celebrar a las diez de una noche lluviosa una vigilia de oración? ¿O acaso es el oscurecimiento de la divinidad lo que mueve a participar a más de trescientos hermanos en un Viacrucis? No sé qué Hermandades y Cofradías conoce el señor presidente pero miro a mí alrededor y las veo más viva, más auténticas, más responsables que nunca. ¿Dónde ve el señor presidente la banalización o trivialidad?

Qué exista afición es lo mejor que le puede pasar a la juventud sevillana. Cualquier padre preferirá que sus jóvenes hijos se lleven a los labios una corneta, carguen con un costal o aspiren el humo del incienso antes de que se pierdan en la vorágine de los tiempos.
Lo malo de las cofradías no son los aficionados, sino los profesionales, los que se aferran a los cargos, los que se creen insustituibles. Resulta cada vez más chocante la pérdida de nuestra secular secularidad.

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