Cultura

Miguel García-Posada, la salvación por la vía poética

Sobradamente conocido como crítico literario, Miguel García-Posada fue durante 40 años un poeta secreto. "Mi problema con la poesía fue de orgullo personal y de respeto". Foto: J.M. Cabello.

el 15 sep 2009 / 18:33 h.

Sobradamente conocido como crítico literario, Miguel García-Posada (Sevilla, 1944) fue durante 40 años un poeta secreto. "Mi problema con la poesía fue de orgullo personal y de respeto. Escribo desde que tenía 15 años, y siempre opté por no publicar, hasta que decidí que no tenía sentido estar callado", recuerda.

La razón principal para romper ese silencio fue, según afirma, la consciencia de que "la poesía es un arma esencial en la lucha por el conocimiento, para mejorar la realidad misma", dice. "Desde la Ilíada, la poesía es lo más importante que el hombre hace en arte. Es lo más complejo, más que la música, más que la pintura... Desde ese planteamiento, no tengo más remedio que ponerla en un lugar destacado de mi visión del mundo, en un lugar destacado de mi propia vida", añade.

Aquella determinación sirvió para que los lectores descubrieran poemarios como La lealtad del sueño, Días precarios o El lamento de las praderas, así como una curiosa incursión en la novela, titulada La sangre oscura. A estos libros viene a sumarse ahora Inclemencias (Visor), que obtuvo el premio Ciudad de Melilla, y en el que la memoria -personal del autor y también colectiva- vuelve a desempeñar un papel fundamental. "Creo que la memoria es esencial en la literatura contemporánea. Sin ella, no hay nada que hacer. Y la actividad poética forma parte de ella", asevera. "Si en mi libro, además de episodios históricos, hay además memoria de personas concretas, es porque entiendo que el discurso vital, la vivencia de las cosas, pasa por la evocación de personas concretas, famosas o no".

Marcel Proust, Jorge Guillén, Claudio Guillén o José Hierro son algunos de los nombres homenajeados, junto a versos tan hermosos como estos que dedica en Ausencia de Fernanda de Utrera a la cantaora: "Decía ella en un pueblo de Sevilla/ todo el dolor del orbe;/ en un rincón del Sur/ lloraba ella por todos nosotros,/ oscuro ángel de los dioses buenos,/ mensajera/ de la piedad menguada de este mundo".

Para García-Posada, el objeto de estos tributos es "tomar partido por la gente buena, como diría don Antonio Machado, y tratar de salvarla por el único procedimiento que tiene un poeta, que es el canto", agrega. Actualmente, el sevillano asegura tener un nuevo libro terminado, Devastaciones, "un libro moral y bastante sombrío sobre el infierno de la vida", y ante tan productiva racha recuerda a su amigo Umbral: "Como decía Paco, si se sabe escribir, se escribe; y si no, no se escribe. El poeta extreñido no existe".

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