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Miguel reitera en su carta que dejó a Marta en la basura y pide perdón

En la nota de suicidio encontrada tras el intento frustrado de Miguel Carcaño de quitarse la vida en la cárcel, el joven insiste en que ha dicho al juez la verdad en su última confesión y el cuerpo de Marta del Castillo fue arrojado a la basura, y pide perdón a la familia de la joven. Pero no aporta nada que suponga un nuevo giro en la investigación.

el 16 sep 2009 / 00:36 h.

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I. Comesaña

En la nota de suicidio encontrada tras el intento frustrado de Miguel Carcaño de quitarse la vida en la cárcel, el joven insiste en que ha dicho al juez la verdad en su última confesión y el cuerpo de Marta del Castillo fue arrojado a la basura, y pide perdón a la familia de la joven. Pero no aporta nada que suponga un nuevo giro en la investigación.

El último testimonio de Miguel, el chaval de 19 años que lleva cinco semanas preso por la muerte de Marta, la chica de 17 que había sido su pareja, está recogido en una carta de despedida manuscrita con letra infantil en la que pide perdón a la familia de la joven y simplemente insiste en que dice la verdad. En la misiva, escrita antes de intentar ahorcarse con un cordón de chándal y dirigida a la última persona que ha conocido, su abogada Paloma Pérez Sendino, Miguel asegura que lo que le dijo al juez a altas horas de la noche del lunes de la semana pasada es lo que realmente ocurrió.

Ese día, una jornada maratoniana que empezó con una visita al entorno de su casa de León XIII, donde se cometió el crimen el 24 de enero, el chico contó tres versiones distintas. Primero varió en parte su confesión inicial, en la que admitía haber matado a la joven de un golpe tras una pelea sentimental para luego tirarla al río. Pero tras muchas horas ante el juez Francisco de Asís Molina, acabó describiendo una tremenda escena según la cual él y su amigo El Cuco golpearon y violaron a Marta, éste la asfixió y luego la arrojaron a un contenedor de basura. Añadió que la amenazaron con una navaja que tiraron a una alcantarilla, y que se ha recuperado. Su testimonio obligó a iniciar un rastreo en el vertedero que a día de hoy no ha dado resultado, lo que aumenta las dudas de los investigadores sobre esa historia.

Ahora, Miguel insiste en que aquel relato es cierto. No cuenta nada que pueda dar un nuevo giro al caso o ayudar a la Policía a aclarar las lagunas, simplemente defiende que lo que ha dicho es la verdad y que ya no sabe nada más. Y lo hace volviendo a asumir el protagonismo en un crimen tan dramático como variable. El jueves, a la hora de cenar, Miguel se apartó de los internos-sombra que lo vigilan a todas horas en la cárcel de Morón alegando que iba al lavabo, y allí se colgó empleando el cordón del pantalón del chándal que había cogido a otro recluso. Un preso notó que tardaba y entró a buscarlo, rescatándolo con sólo una rozadura en el cuello y una ansiedad que le calmaron con sedantes.

Al registrar su celda por si tenía otros elementos peligrosos se halló la carta, en un sobre cerrado con el nombre de su abogada escrito, que la Policía llevó al juez para que pueda sumarla a las pruebas. El magistrado no ordenó ninguna actuación, como llamarlo a declarar, algo que sí ha hecho cada vez que Miguel ha pedido variar su testimonio. Su abogada sí fue a verlo a prisión al enterarse del incidente.

Instituciones Penitenciarias indicó que funcionó a la perfección el protocolo de vigilancia, previsto para que el preso no se suicide por arrepentimiento ni sufra agresiones de otros internos, entre los que este tipo de crímenes tienen una enorme repercusión. Por eso, ese control se aplica a todos los encarcelados -en distintas prisiones- por el crimen de Marta: Miguel, su hermano Javier y su amigo Samuel, los dos últimos porque la Policía cree que ayudaron a ocultarlo. El Cuco, al tener 15 años, está recluido en un centro de menores.

Ahora habrá que investigar cómo logró Miguel el cordón, ya que los de su ropa se le habían quitado precisamente como medida de seguridad. De hecho, tanto eso como la carta parecen indicar que había preparado con tiempo lo que iba a hacer.

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