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Cultura

Mil historias debajo de las cenizas

Eslava Galán, premio Primavera, presenta su libro sobre la Segunda Guerra Mundial

el 26 feb 2015 / 21:53 h.

Galan Primero fue la Historia del mundo contada para escépticos. Luego hizo lo propio con la Primera Guerra Mundial. Ahora, Juan Eslava Galán vuelve a seducir a los lectores amantes de las mil historias de la Historia con La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos (Planeta), donde el jiennense saca a relucir su condición de gran narrador para explicar las claves del conflicto bélico más atroz vivido nunca por la Humanidad. El autor de éxitos como En busca del unicornio o La mula presentó ayer esta obra en la biblioteca Infanta Elena, coincidiendo con la noticia de la concesión del premio Primavera a su novela Misterioso asesinato en casa de Cervantes. Pero tocaba hablar de Historia: «Para mí, la Segunda Guerra Mundial es la misma que la Primera con un descanso», subrayó Eslava, quien repasa aspectos tan diversos como el auge del fascismo, el desarrollo del armamento, el papel de los nuevos medios de comunicación o el de las mujeres, entre otros. Uno de los puntos en los que se demora Eslava es en preguntarse qué habría sido del mundo si Hitler hubiera triunfado como pintor. «Por fortuna al final no triunfó en nada», comenta el escritor. «Eso sí, aunque su locura se fue incrementando a lo largo de la guerra, es una locura compatible con un sistema que tenía diseñado muy claramente, como puede verse en Mi lucha. Ahí formula su idea de la necesidad de espacio vital y dice que van a conseguirlo a costa de los rusos», añade. «Hay que recordar que Alemania está profundamente humillada y resentida tras el abusivo Tratado de Versalles», recuerda. «Hitler, con una doctrina muy simple, le dice a la gente lo que ésta quiere oír. Y cuenta además con un aparato de propaganda que pone a su servicio Goebbles, y que ahora imitan todos los partidos políticos... Se mete en los hogares por la radio y así construye su proyecto». Por otro lado, Eslava Galán ha intentado observar en la medida de lo posible los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial desde una óptica española, por ejemplo recordando la visita de Himmler a Barcelona. «Vino en un viaje de amistad, y aprovechó para subir a Montserrat. Como Wagner había ubicado el SantoGrial en algún templo de los Pirineos, le pareció que debía de estar de este lado, tal vez allí», dice el autor. Justo ese mismo día, Franco celebraba su famosa reunión en Hendaya con Hitler. «Cuando parece que los alemanes han ganado la guerra de un trallazo,Franco, oportunista, piensa que es el momento de aparecer al lado de los vencedores y se dirige a Hitler, que no le hace caso. Pasa el verano del 40, Alemania no logra derrotar a la RAF en Inglaterra, y Hitler comienza a pensar en un plan B, estrangular la economía inglesa por Gibraltar. Piensa aliarse con Franco, y de ahí la reunión. Pero para entonces el Caudillo ya ha visto que Inglaterra no está tan vencida, y muy gallegamente se retira. Finalmente, el proyecto pierde interés para Hitler, y por ahí logramos respirar», añade. Junto a miles de ciudadanos anónimos, soldados y civiles, Eslava también traza retratos de personajes históricos como Churchill: «Un bon vivant que se da cuenta de que con esta gente [el fascismo] no se pueden tener contemplaciones, y dice aquello de: estamos perdiendo el honor por no entrar en la guerra, y vamos a perder el honor y la guerra». O Pío XII, que «conocía y admiraba la cultura alemana, pero aunque sabía cómo las gastaban entonces los alemanes, prefirió velar por los intereses del Vaticano antes que ser el pastor universal», asevera. Claro que un periodo histórico de estas características también tiene sus mitos. Según Eslava, el del bombardeo japonés de Pearl Harbor es uno de ellos. «Aunque resulta muy sospechoso que los mayores efectivos de la flota, los portaviones, no estuvieran ese día en el puerto, la idea de la conspiración no tiene base sólida. No hay pruebas fehacientes, por muy bien que suenen esas teorías», explica. Tampoco ve fundamentadas las comparaciones que se hacen hoy entre movimientos como Amanecer Dorado y los nazis, o ciertos políticos populistas con los de entonces. «Son realidades muy diferentes. Políticos pirados siempre ha habido, pero hacer esos paralelismos, incluso cuando haya una ideología común, es forzar mucho las cosas».

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