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Millennium

Don Vicente inició la lectura de las dos novelas de Larsson con aprensión: los libros más vendidos, solían decepcionarle. Sin embargo, disfrutó de manera creciente a medida que iba conociendo a los personajes.

el 15 sep 2009 / 21:41 h.

Don Vicente inició la lectura de las dos novelas de Larsson con aprensión: los libros más vendidos, solían decepcionarle. Sin embargo, disfrutó de manera creciente a medida que iba conociendo a los personajes. Ahí estaba la clave, pensó, del éxito, sobre todo en la protagonista. Pocos entes de ficción tienen la fuerza y la originalidad de Lisbeth Salander; un ejemplo de hasta dónde puede llegar una moral autónoma. Porque no cree en Dios, ni en las instituciones de la democracia sueca, ni siquiera confía en las pocas personas que la quieren. Considera lícito cuanto desea, se acuesta con quien le apetece, experimenta terribles ataques de ira, es capaz de la máxima violencia con aquellos que le hacen daño, roba una fortuna sin experimentar el más mínimo remordimiento... y, a la vez, lucha contra la injusticia, impide dos asesinatos, protege y después venga a su madre, se comporta de forma abnegada con su primer tutor... Esa mujer valiente, capaz de enfrentarse a cualquiera desde sus 1,50 de estatura y 40 kilos de peso resulta inolvidable y explica las cifras sorprendentes de ventas.

Stieg Larsson murió de un infarto con 50 años, recién terminado el tercer y último volumen. Cuatro años después se ofrecen hasta circuitos turísticos para peregrinar por los lugares citados en la obra. Suponemos que los beneficios económicos, millonarios, irán a parar en buena parte al tesoro público sueco. De las dos partes traducidas al castellano se deduce que la sociedad está en Suecia tan enferma como en España. Ojalá que el dinero procedente de Millennium se emplee en combatir la venalidad de políticos y periodistas, las redes de paidofilia, la ingeniería financiera falaz, el tráfico de drogas. Quizás dentro de 50 años algún joven de hoy recuerde al autor con el cariño que el viejo don Vicente siente por Graham Greene, a quien se parece. Salvo que en bastantes novelas del inglés los "buenos" son "malos", los "malos", "buenos" y Dios es el centro de toda su obra. En Larsson los buenos son malos, sí, pero los malos son malísimos y Dios se ausentó.

Colectivo de profesionales andaluces

vicenteplural@hotmail.es

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