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Miniatura lírica de poco calado educativo

Ópera para escolares. Teatro de la Maestranza. Fecha: Martes 17 de mayo. Autores: Antoni Parera Fons y Paco Azorín. Dirección musical: Virginia Martínez. Dirección escénica: Paco Azorín. Voces: Maia Planas, Orlando Niz. Calificación: **

el 18 may 2011 / 19:09 h.

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Un momento de la representación que tuvo lugar el martes en el Teatro de la Maestranza.
Hasta hoy jueves se puede seguir en el Maestranza la que parece ser la ya asentada costumbre de programar espectáculos líricos enfocados a los más jóvenes, con la muy sana intención de introducirlos en el amor por la música y todos sus derivados. Si la temporada anterior Els Comediants nos ofrecía su particular y, a nuestro juicio, disparatada reducción de La Cenerentola de Rossini, en ésta se ha optado por un título expresamente concebido para este tipo de eventos, por lo que sus incoherencias con lo que se supone un proyecto educativo son aún mayores.


Con un comportamiento ejemplar, aunque llenando tan sólo algo más de la mitad del aforo del teatro, los niños y niñas tuvieron ocasión de conocer el gran paso que dio el hombre en 1969, cuando logró poner sus pies en la Luna, con una trama en cierto modo deudora del film de Peter Yates de 1978 Capricornio Uno, donde una misión espacial es abortada para rodar su falso éxito en unos estudios cinematográficos. Algo así hace Leo, el niño protagonista de este espectáculo musical, para ganarle una apuesta a su abuelo, demostrando escasa confianza ante lo que derivó en una de las mayores hazañas del hombre. Improbable héroe por lo tanto para erigirlo en referente infantil, lo que unido a todo un desfile de estereotipos directamente importados de Estados Unidos, desde el deportista obsesionado con los trofeos a la repipi que sólo vive para estudiar, siempre con la competitividad en el horizonte, da idea de los erróneos parámetros sobre los que se asienta una propuesta de vocación educacional. A eso hay que añadir otros dislates, como la madre sólo preocupada por ejercer como inmejorable ama de casa.


La partitura de Antoni Parera Fons se decanta por la atonalidad y los sonidos del siglo XX, con notables paralelismos con la música de Leonard Bernstein, especialmente Candide o Trouble in Tahiti, salvando por supuesto las distancias. Es ésta una buena forma de acercar los oídos y sensibilidades más inocentes a una música que aún hoy cuenta con pocos adeptos entre la población adulta. Además estuvo muy bien defendida por una orquesta reducida pero muy efectiva que Virginia Martínez dirigió con energía y confianza, logrando momentos tan evocadores y mágicos como el del alunizaje.

El elenco vocal, algunos de los cuales ya estuvieron en aquella Cenicienta, cumplió con solvencia y profesionalidad, muy especialmente la joven soprano Maia Planas, cuya generosa y afinada voz acompañó de una notable agilidad física, ideal para evocar el carácter entusiasta de su personaje. Sin embargo, en estos casos, sería preferible una más clara y concisa dicción y una mayor proyección que la lograda por los cantantes, de manera que costaba entender la trama, si no fuera por unos títulos aclaratorios que la iban resumiendo. La escenografía, por su parte, alcanzó un nivel de calidad considerable, ideal para un público orientado a apreciar grandes montajes operísticos en un futuro próximo.

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