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Miraditas de reojo

Simof da ideas de diseño a muchos sevillanos, y prueba de ellos es el alto número de particulares, costureras y modistas que se acercan para conocer las últimas tendencias.

el 28 ene 2010 / 19:32 h.

Sevilla es estos días el centro de la moda flamenca, gracias a la celebración de Simof. En el Palacio de Congresos se conocen las últimas tendencias que se lucirán en las calles del Real el próximo mes de abril y luego también en El Rocío.

Entre los visitantes al Salón Internacional de la Moda Flamenca están las sevillanas interesadas en saber "qué se va a llevar" y además muchas otras, incluidas costureras o modistas, que aprovechan la presentación de las colecciones de diseñadores o marcas para 'inspirarse' y, en muchos casos, copiar los diseños.

Este ‘plagio' no sienta nada bien a los creadores que, en sus estands, tienen que ver a gente que no para de dar vueltas alrededor del expositor. Ana Morón es una de las diseñadoras que ya, desde el primer día de la muestra, ha tenido que "sufrir" este tipo de situaciones: "Es que vienen y no intentan ni disimular. Hay familias que se pasan toda la mañana rondando por aquí". Y para asegurarse que la "copia" sea lo más exacta posible "no dudan en sacar fotografías a mis diseños, entre ellos uno para bebé, quizás el más curioso de los que tengo aquí".

Pero para Ana es una cosa muy seria. Ella ha tenido que trabajar duro para sacar adelante la colección, pensando, imaginando, dibujando: "Es que la gente se cree que esto no cuesta trabajo, pero yo me he tenido que sentar mis horas para preparar cada diseño, para que me vinieran las ideas a la cabeza, y ahora tengo que aguantar que vengan a copiarme el trabajo sin reparo ninguno".

Estas experiencias parecen que son más propicias el día que comienza Simof, ya que desde que el Salón de Moda Flamenca tiene repercusión, la temporada de ventas de trajes de flamenca empieza en el mes de enero, a la par que este acontecimiento.

Por eso no es extraño que el primer día el público que asiste sea, en su mayoría, el que sólo va a mirar, ya que quieren empezar cuanto antes con sus encargos. Es el caso de María, nombre ficticio de una modista que ha venido "para ver las novedades e inspirarme. Hasta ahora lo que más me ha gustado es lo de Pilar Vera".

La solución a este 'problema' no es fácil, ya que no se le puede negar la entrada a nadie por ser costurera o modista, y además, no se sabe si finalmente están allí para copiar los diseños o solamente se van a inspirar en ellos para crear los suyos propios.

No obstante, hay diseñadores que tienen sus trucos para evitar el plagio. Loli Vera, que presenta sus colecciones el viernes, asegura que este año ha hecho un esfuerzo por seguir manteniendo la misma calidad en los tejidos que en años anteriores a pesar de la crisis, porque así "evito el intrusismo". "Si alguien quiere hacer el mismo diseño que yo, tiene que comprar un tejido que es de mayor calidad y por lo tanto, de mayor precio y al final tiene que ponerlo en venta por lo mismo que lo pongo yo si quiere sacar beneficio". Y claro, ante igual precio, es de suponer que la gente escogería la marca antes que la modista.

Y es que, ante la imposibilidad de evitar a los mirones, los diseñadores tienen que agudizar su ingenio y pensar en formas de dificultar el 'plagio'. El empeño por intentar que no les copien llega hasta los complementos, que también son originales y exclusivos. Flores artesanales, hechas enteramente a mano, con diseños diferentes a la típica flor de un solo color y con mejores materiales para competir contra "el plástico del mercado chino", dice Loli Vera.

Otras diseñadoras apuestan por traer las telas desde otra ciudad para asegurarse la exclusividad. Es el caso de Mª José Blay, que ha hecho sus vestidos con telas traídas de Barcelona y que, por tanto, no es fácil verlas aquí.

Neli Luque, su compañera, explica: "Así tenemos algo que es exclusivo y original. También los complementos los diseñamos a juego con los vestidos, por lo que es más difícil que combinen con cualquier traje que no sea nuestro".

La televisión y, en los últimos años, también internet hacen que el gran público pueda detenerse sobre los diseños, con todo lo que eso implica para los diseñadores, que logran una gran difusión de su creación, algo que les da publicidad pero, a la vez, hace más probable que sea copiada.

 

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