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Deportes

Mirando al Mirandés

CONTRACRÓNICA | El Betis es bipolar: tras uno de sus mejores partidos, uno de los peores. El tren del ascenso directo le pasó por delante y ni lo miró.

el 02 mar 2015 / 11:16 h.

Un momento del encuentro Mirandés-Betis. / Lof Un momento del encuentro Mirandés-Betis. / Lof Después de protagonizar uno de sus mejores partidos de toda la temporada, el Betis perpetró uno de los peores. Es un equipo con tendencia a la bipolaridad, está claro, pero resulta indignante que en siete días pase de vencer con justicia a un excelente rival que también busca el ascenso, el Girona, a ser inferior y no dar muestras de querer vencer a un adversario que no será tan excelente cuando va undécimo. Ese es el Betis. Fue a Miranda de Ebro pensando en ser colíder y lo único que hizo fue quedarse mirando al Mirandés, valga el juego de palabras. En una categoría tan igualadísima y exigentísima como esta Segunda División, la línea que separa el éxito (ascenso, a ser posible directo) del fracaso (no subir) puede ser tan delgada como la diferencia entre ganar y empatar en Anduva. O entre ganar y empatar en Albacete, en Soria, en Alcorcón... Se suponía que el Betis iba a ser un conjunto medianamente poderoso, pero las presuntas muestras de ese presunto poderío sólo han sido puntuales. Fuera de casa, como mucho, se pueden apuntar las victorias en Montilivi o El Molinón, por los triunfos en sí y por la identidad de los rivales. En casa, el ejemplo más reciente contra el Girona y poco más. Como equipo bipolar que es, resulta complicado desentrañar las claves de un pésimo encuentro y convertirlas en palabra divina porque a la semana siguiente tocará la versión buena y los análisis previos perderán el poco sentido que puedan tener. Pero es obvio, porque no ocurrió sólo en Anduva, que el Betis es mucho menos Betis sin Rubén Castro. Quién iba a decir al delantero canario que factores ajenos al juego serían para él un obstáculo más insalvable que los defensas que se le ponen por delante. A estas alturas ya parece inevitable asociar su pésimo momento de forma (un gol en siete jornadas, cuatro consecutivas sin ver portería) a sus problemas judiciales y sólo falta saber si, como quieren pensar los béticos, el túnel tendrá salida alguna vez. En todo caso, focalizar todas las carencias del Betis en su jugador franquicia es injusto y pernicioso. En este equipo que sólo ha ganado uno de los cuatro últimos partidos hay muchas más cosas que fallan, como ese fichaje multimillonario llamado N’Diaye, la creciente intermitencia de Dani Ceballos, el lento acoplamiento de Portillo, la reciente querencia de Bruno por acumular sanciones... Y a pesar de todo, el Betis continúa a tiro de una victoria del ascenso directo. Eso significa que el tren volverá a pasar. Está por ver si el equipo verdiblanco decide subirse a él de una maldita vez o prefiere quedarse mirando.

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