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Mirar también es comprender

El pasado 9 de enero Cuatro, el canal de televisión, emitió un especial informativo titulado Paro: nadie está a salvo. El reportaje pretendía poner nombre a algunas de las 3.128.963 personas que el 31 de diciembre pasado...

el 15 sep 2009 / 21:00 h.

El pasado 9 de enero Cuatro, el canal de televisión, emitió un especial informativo titulado Paro: nadie está a salvo. El reportaje pretendía poner nombre a algunas de las 3.128.963 personas que el 31 de diciembre pasado, según el Instituto Nacional de Estadística, se encontraban en paro, especialmente aquellas que por primera vez accedían a esta situación. Integran ese millón más de parados que se añaden a los existentes en la misma fecha del año anterior.

Siendo importante la cifra, lo verdaderamente dramático es la situación que padecen quienes sufren la desgracia de engrosar tan fatídica lista. Sobre todo porque, muchas de estas personas, en el lapsus de unos pocos meses, han visto cómo el sueño, en el que parecíamos envueltos, se les ha transformado en despiadada pesadilla. Especialmente, para quienes, superada ya una cierta edad, hacen cola por primera vez delante de las oficinas de los Servicios Públicos de Empleo (antiguo INEM) y viven la angustia de sentirse condenados a una suerte de 'inutilidad funcional', a pesar de acumular, en muchos casos, una importante experiencia y, en ocasiones, poseer un alto nivel de formación. Porque una vez privados del empleo la posibilidad de retornar a la actividad laboral, para este colectivo, es muy incierta. La misma fatalidad corren, paradójicamente, los más jóvenes, cuya inserción en el mercado laboral es sumamente difícil, incluso para quienes gozan de elevada formación. Y cuando lo consiguen, generalmente, lo hacen en unas condiciones muy precarias.

Hace ahora dos años el comisario europeo para Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, en la Asamblea General de las Cámaras de Comercio, reconoció que aunque, en ese momento (febrero de 2007), la situación del mercado de trabajo en España era buena, el problema se situaba, de cara al futuro, en que un tercio de los empleos que se estaban creando eran temporales y de mala calidad. Y tal vez, aquí radique el elemento diferencial español en este ámbito. De acuerdo con los datos suministrados por el instituto estadístico europeo Eurostat, el desempleo en España registró el mayor aumento de toda la UE, hasta situarse en una tasa del 13,4% frente al 7,2% de la media europea.

España concentra el 25% de los parados de toda la zona Euro. El desempleo juvenil también lidera la tasa de desempleados jóvenes, un 29,4%, con un incremento del 10,8% en el último año. A ello se une la alta tasa de precariedad existente y una tasa de temporalidad del 29,5%, el doble de la media europea. Es necesario actuar de inmediato.

Como ha sugerido alguien, haciendo uso de un símil médico, cuando hay una hemorragia lo primero es detenerla. Y, efectivamente, esto es lo que habría que hacer en nuestro caso. Evitar el goteo permanente de parados y garantizar que quienes accedan o permanezcan trabajando lo hagan en las mejores condiciones posibles. Tal vez haya que profundizar más en la compresión de este fenómeno, pero como dice un proverbio árabe "quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación".

Doctor en Economía

acore@us.es

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