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"Mis hijos no pueden creer lo que he hecho"

Con un perfil bien distinto al de la ocupación social, estas vecinas de la Macarena también han hilado un discurso reivindicativo.

el 20 may 2012 / 12:00 h.

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Ana, a punto de ser desahuciada y cuyo marido sufre una enfermedad crónica, se emocionó al contar su situación.
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"Estoy haciendo cosas que no había hecho nunca. Mis hijos no se pueden creer que haya sido capaz", decía ayer Manoli, sentada ante una mesa con café, zumo y galletas, desplazando por un segundo su discurso reivindicativo para partirse de risa. No es extraño que sus cuatro hijos estén alucinando: ocupar un piso vacío para exigir su derecho a una vivienda digna no es la dedicación más habitual de una mujer de 65 años, jubilada, madre de cuatro hijos y abuela de cuatro nietos. Ella no se lo dijo, sólo les avisó: "Os vais a sorprender de lo que voy a hacer". Llevaba meses preparando, junto a otras mujeres a las que había conocido a través de la asamblea del 15M y que también estaban a punto de quedarse sin casa, la ocupación de un bloque de 32 pisos de la rotonda de San Lázaro que lleva vacío desde que se acabó de construir, hace dos años. En total, 20 familias se han metido ya en estas viviendas.

En todo caso a Manoli, como a Carmen o a Mercedes, que reciben a los invitados barriéndoles los pies para eliminar del suelo esa suciedad que sólo ven las madres, no les gusta que le digan que han ocupado los pisos: "Estamos viviendo aquí porque nadie nos da una solución, pero no somos ocupas, ni pobrecitas que queramos dar lástima. Estamos ejerciendo un derecho, esto es una lucha", dice con contundencia Mercedes, que se ha llevado al piso una amarillenta Constitución que le dieron en UGT_cuando era afiliada y militante de un partido, antes de desencantarse, hace ya muchos años, al ver que sus dirigentes "se acomodaban".

Antes de esto, Manoli nunca había ido a una manifestación, no había estado afiliada a nada, no sabía qué estaba pasando con el 15M. Y desde luego, nunca había imaginado que llegaría a verse en esta situación. "Mi vida era trabajar", resume, aunque tampoco había tenido prejuicios ante situaciones como la que ahora vive: "yo pensaba que si alguien ocupaba una casa era porque le hacía falta. Pero esto no es fácil".

En eso coinciden todas. Dar el paso fue difícil. Pero llegaron entre todas a la convicción de que debían hacerlo tirando de un hilo que parece nacer en su mismo bloque, porque cinco minutos allí bastan para que aparezca alguien que también verbaliza la incongruencia: "Es que no puede ser que haya tantas casas vacías y tanta gente sin casa".

María, que tiene 78 años y ha ido a visitar a su hija que vive en los pisos de enfrente, lo hace:_"¡Qué sinvergüenzas!", espeta a modo de presentación. Cuando se le pregunta que a quién se refiere, lo tiene claro: a los bancos que acumulan dinero mientras los trabajadores se matan para ganar cuatro duros, a los que dejan a familias en la calle, a los avariciosos que nunca están satisfechos con lo que ganan y han provocado esta crisis... "Así me lo enseñó mi padre, que estuvo en la cárcel por rojo. Era barbero y pelaba a todo el mundo gratis", sentencia, antes de dar su apoyo explícito a sus nuevas vecinas.

Todas estas mujeres tienen en su vida un drama: maridos enfermos, madres ancianas encamadas, hijos delicados de salud o con minusvalías, años de paro, sin ayudas ni familiares que les ayuden. Carmen, por ejemplo, se ha visto durmiendo en la calle con sus dos hijos y una maleta, como cuenta emocionada mientras se le saltan las lágrimas y sus compañeras la arropan. Y Esperanza tiene una hija de cinco meses que es "la más bonita del mundo", pero temía que enfermara en el piso insalubre y mugriento en el que vivía por un alquiler de 200 euros.

Son un perfil de la ocupación radicalmente distinto al que Sevilla se había acostumbrado durante las últimas décadas, con el desarrollo de un tipo de ocupación social, la que se escribe con k y busca regenerar espacios baldíos para el uso ciudadano, con emblemas como las desaparecidas Casas Viejas en el Pumarejo o la Fábrica de Sombreros en San Luis, anteayer llenas de tertulias, talleres, bibliotecas y jornadas, y hoy de nuevo abandonadas.

Frente a eso, una renacida ocupación, fruto de la crisis económica, reivindica la necesidad de un techo bajo el que guarecerse. "Lo dice el artículo 47 de la Constitución pero no se cumple", insiste Mercedes. Algunas fueron desahuciadas por Emvisesa al no poder pagar alquileres de hasta 500 euros, otras se quedaron sin plan de pensiones tratando de pagar la hipoteca. Todas dicen que las administraciones no hicieron nada salvo agobiarlas a trámites y papeleos. Todas eran vecinas de la Macarena, el barrio con más desahucios de Sevilla.

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