Mis padres no me entienden

El Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra dispone de un novedoso servicio para mejorar las relaciones familiares.

el 03 nov 2013 / 23:52 h.

15279382La llegada de la adolescencia resulta una etapa complicada para jóvenes y progenitores. Los unos están sometidos a cambios físicos y emocionales, los otros observan cómo sus hijos han dejado de ser los niños que eran. En plena metamorfosis llegan desajustes y desconexiones al seno familiar. Hablar de ello no resulta fácil y menos aún encontrar soluciones conjuntas. Para limar asperezas, hace años surgió la Escuela de Padres, una iniciativa para enseñar cómo educar a los hijos. Con el paso del tiempo, se ha demostrado que la idea no funciona. Así lo entiende el psicólogo y terapeuta familiar Carlos Segura, responsable de un proyecto denominado Diálogo de Familia, y con el que se intenta mejorar las relaciones familiares. Este servicio lleva más de 15 años funcionando en Alcalá de Guadaíra, a través de los Servicios Sociales y en colaboración de institutos y centros de Salud. Forma parte del proyecto de prevención de adicciones Alcalá, ante las drogas y del Plan Red Local de Acción en Salud (RELAS). El formato se basa en grupos de autoayuda y ha suscitado también el interés de profesionales que solicitan implantar esta estrategia en otras localidades. Quizá el éxito radica en que se combina la profesionalidad de los expertos y la experiencia de los padres. Sólo el año pasado alrededor de 300 progenitores pasaron por este servicio. “Es un espacio donde se escucha y se dedica tiempo”, dice el psicólogo. Hay quienes repiten aunque sus hijos hayan dejado atrás la adolescencia. Es el caso de Loli Frías, que tiene un hijo de 23 años y acude a las sesiones desde que éste tenía 6. Es firme defensora de este modelo de ayuda “porque cada día se aprende algo”. Ella, que llegó “solo por el interés de conocer y saber más sobre la evolución de su hijo”, se ha convertido en un miembro fundamental en las sesiones. Moviliza a las madres para que practiquen otras actividades encaminadas al cuidado y desarrollo emocional como yoga, Reiki o meditación. “Si nosotras nos cuidamos, ganamos seguridad”, dice. Carlos Segura explica el funcionamiento de Diálogo de Familia. “Nos reunimos dos horas a la semana para invertir en familia. Las puertas están abiertas a todos los padres y madres. Los grupos empiezan a funcionar cuando hay un mínimo de 15 personas y un máximo de 20. No hay límites de grupos y una vez dentro, cada uno elige cuándo se va”. Hay dos normas básicas que rigen el grupo, “una es la confidencialidad y, otra, saber escuchar”. Señala que “en este espacio no se dan consejos, sino que, ante una misma situación otras personas cuentan cómo les fue haciendo determinada cosa”. Otro elemento clave es el equipo reflexivo, un grupo de padres y madres con mucha experiencia en sesiones. El objetivo, dice, es mejorar las relaciones familiares y la convivencia a través de la comunicación. “Unos padres que tienen buenas habilidades sociales van a saber comunicarse con sus hijos. Cuando llegan malas influencias, los padres tendrán herramientas para hablar con ellos. Un adolescente necesita que se le escuche, que se confíe en él y sólo confiamos cuando entendemos a los demás”. “No entendía cómo mi hijo al cumplir 12 años empezó a cambiar, a tener problemas con las notas, antes había sido buen estudiante”, dice Angélica, otra madre veterana que, actualmente, forma parte del grupo reflexivo. Acudió a la primera cita con mucha vergüenza. “No sabía qué ni a quiénes me iba a encontrar, tampoco es fácil hablar en público y contar qué te preocupa en voz alta. Sin embargo, el clima de las reuniones es de mucha confianza. Carlos te ayuda a saber escuchar y a intervenir”. El paso al instituto junto a una nueva situación familiar desencadenaron la desmotivación del hijo y el cambio de actitud. “Diálogo de Familia me ha ayudado a comprender a mi hijo, a no sobreprotegerlo. Ahora tiene 18 años, trabaja con su padre, es un joven responsable y cariñoso”. Acostumbrada a escuchar casos de fracaso escolar, insiste en que el paso al instituto se hace a una edad muy temprana y en pleno proceso de cambio, y “esto no les ayuda”. Para Carlos Segura, no existe la receta para que el niño estudie. “Si el niño no está bien, no va a estudiar”. “Pensamos que nuestro hijo va a triunfar si estudia mucho. Pero hay más cosas que se pueden hacer, es muy importante que sepa relacionarse, que sea extrovertido, que no pierda oportunidades”. También alude a la sobreprotección como principal barrera de comunicación con los hijos. “No les deja crecer, y tienen derecho a hacerlo, porque no son su pertenencia”. Dice el terapeuta familiar que los padres llegan a los grupos con la excusa de los hijos, pero se trabajan otros temas como las relaciones de pareja, el divorcio, las amistades e influencias de sus hijos y las relaciones con los hermanos. “Con este servicio se pretende ofrecer otra perspectiva para que se puedan hacer las cosas de una manera diferente. “Aquí se aprenden habilidades sociales, cómo y cuándo empezar la conversación con tu hijo, saber mantenerla. Poner límites, hacer halagos. Trabajamos la inteligencia emocional, a manejar los pensamientos positivos. Es una invitación a crecer. Lo importante es generar un pequeño cambio. Esa es la parte mágica de la terapia”. Ese proceso de cambio, señala, se produce cuando es uno protagonista de su vida.

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