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Misión: Mateos Gago

Persiste el caos de repartidores, viandantes y veladores mientras el PSOE busca el modo de consensuar un remedio a esta calle-escaparate

el 19 ago 2014 / 12:00 h.

La calle Mateos Gago. / Pepo Herrera La calle Mateos Gago. / Pepo Herrera Sobre ese caos de 260 metros de largo llamado calle Mateos Gago han lanzado ideas los socialistas para generar el debate, se han quejado de ellas los populares, se han pronunciado los comerciantes, han protestado los paisanos y han emitido su parecer los vecinos, todo ello en la última semana. Pues bien, después de todo este nutritivo intercambio de opiniones y posicionamientos, esto es lo que podía verse ayer a media mañana en el tramo más concurrido de esta vía (entre Virgen de los Reyes y Mesón del Moro): dos carretillas, 25 cajas de Cruzcampo (una de ellas, sin alcohol), 47 veladores, ocho sacos de pan, tres cajones de fruta, seis postaleros, tres pizarras dobles colocadas sobre el suelo, 12 sencillas, una bici encadenada a un naranjo, nueve barriles de cerveza y, si puede añadirse como molestia suplementaria, las aceras cuajadas de camiones anulando las vistas y el silbido agudísimo de un repartidor que se lanzaba por coplas mientras procedía con su tarea. La contemplación de este mobiliario urbano extraoficial, repartido por un trozo de calle que no llega a los 150 metros de longitud y con aceras arboladas de apenas dos metros de anchura, repletas para más señas de paisanos y forasteros con diferente concepto de la prisa, sintetizaba ayer a modo de postal típica de Sevilla la opinión mayoritaria en el lugar: que la calle no puede seguir así. Lo repitieron ayer de nuevo los comerciantes y lo suscribió el portavoz del grupo municipal socialista, Juan Espadas, quien expresó a este periódico su contrariedad no ya por ver una calle cualquiera de Sevilla en semejante estado de intransitabilidad existencial y de desbarajuste de carga y descarga, sino que encima esta sea uno de los enclaves más estratégicos del repertorio turístico hispalense, por la que van los extranjeros a sus hoteles, se pasean los bohemios camino de las bodeguitas de Santa Cruz y se hacen fotos de la Giralda por millares. «Parece evidente», dijo Espadas, «que todo el entorno monumental tiene que estar cuidadísimo». Reiteró su opinión sobre lo que convendría hacer en esta vía pública –acabar con el descontrol del tráfico privado y de los horarios de descarga, quitar una de las dos líneas de aparcamiento y ensanchar las aceras, no ampliar el número de veladores, elevar el asfalto al mismo nivel del acerado y, sobre todo, mucho diálogo y mucho consenso de todos los interesados– y anunció que a primeros de septiembre volverá a reunirse con los representantes vecinales y con los comerciantes para intentar pergeñar con ellos una propuesta común y llevarla a la siguiente Junta Municipal del Distrito, previsiblemente a primeros de octubre. El trasiego del reparto marca el ritmo de las mañanas de Mateos Gago. El trasiego del reparto marca el ritmo de las mañanas de Mateos Gago. Mientras tanto, las opiniones se prodigan. «Es una zona que está muy mal aprovechada», dice Cristina García, al frente de uno de los establecimientos de recuerdos que añaden tipismo a Mateos Gago. «En otras ciudades parece que dan más importancia a las zonas turísticas. Es incluso la Plaza de la Virgen de los Reyes, con la Catedral y la Giralda ahí, y está llena de camiones aparcados». No le faltaba razón: cinco minutos después de hacer esta afirmación, hacia mediodía, cuatro furgonetas de buen porte se repartían el espacio disponible de la plaza, destrozando la visión de conjunto y arruinando el lirismo de las fotos de los visitantes con sus rótulos sobre cierta carnicería y un determinado asador. «¡Mire! ¿Ve usted esta picadura en la puerta de mi taxi? Me la hizo en esta calle la banqueta de un velador, ¡como no hay suficiente sitio en la acera, a veces sobresalen!», protestaba ayer Enrique Quintana, quien reconocía que la de Mateos Gago, para su gremio, es una parada que funciona muy bien porque es la que tienen más a mano los forasteros cuando van y vienen con sus trolleys por la vieja judería. Lo cual no es gran cosa, porque su colega Diego Borreguero se ha llevado allí tres cuartos de hora esperando cliente. Antes de salir por fin con una carrera, lo dice: «Uno de los problemas que tiene esto es que no se respetan los horarios de carga y descarga, y encima el tráfico privado. En la calle Águilas hay una señal que dice que la máxima penetración es hasta Caballerizas, ¿qué hacen los coches llegando hasta aquí?», se pregunta. Delante de sus narices, a un repartidor se le acaban de desparramar las bolsas de pastelitos: demasiado poco sitio para maniobrar. Desde el interior de una cafetería, la camarera Andrea Matamoros lo sitúa como el principal inconveniente del acerado: su estrechez. «Debería ser peatonal, aunque la parada de taxis hace falta. La mayoría de los comercios lo hemos comentado y estamos de acuerdo en esto». El que sea agosto no alivia la imagen congestionada de la calle, pues ya dice ella que hay «bastantes más extranjeros que en julio» y «mucho mejor que otros años». Días atrás, la presidenta de la asociación vecinal Amigos del Barrio de Santa Cruz, María José del Rey, ya expresó su buena disposición a las ideas aportadas desde el PSOE, siempre que se garanticen los aparcamientos para os residentes. Fue más bien el PP el que afeó a Espadas el que quisiera hacer bandera de un asunto que los populares dicen haber debatido desde hace tiempo en la Junta de Distrito. La delegada del Casco Antiguo, Amidea Navarro, decía entonces que Espadas «habla de crear mesas de trabajo y procesos de participación con los vecinos y comerciantes como si fuera algo novedoso, cuando es lo que lleva realizando el gobierno de Juan Ignacio Zoido desde hace tres años». Pero Juan Espadas, ayer, quiso colocarse al margen de la pelea partidista e ir a lo práctico con un par de consideraciones más: los taxis «son los que menos estorban» de todos los vehículos, «pero tal vez se podría estudiar y discutir si sería posible darles otra ubicación en ese mismo entorno». Sobre los residentes y paisanos en general, dijo que se tome la medida que se tome con los coches particulares, un vecino tiene que tener «derecho a recoger a una persona mayor para ir a un hospital o poder soltar una maleta o dejar a un familiar», más allá del estacionamiento que se contemple. Y sobre todo, controlar la descarga de mercancías. A partir de aquí, el debate está servido. La cita, en septiembre.

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