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Mismo gobierno, otra educación

Cuando se sientan a hablar o a discutir sobre los problemas de la educación en España, todos los partidos sólo se ponen de acuerdo en un punto crítico: el sistema educativo necesita de un pacto de estabilidad para que los cambios de Gobierno no supongan un volantazo brusco en las políticas educativas que definen el modelo de escuela.

el 15 sep 2009 / 17:02 h.

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Cuando se sientan a hablar o a discutir sobre los problemas de la educación en España, todos los partidos sólo se ponen de acuerdo en un punto crítico: el sistema educativo necesita de un pacto de estabilidad para que los cambios de Gobierno no supongan un volantazo brusco en las políticas educativas que definen el modelo de escuela.

Puede que, a menor escala, eso mismo también esté ocurriendo ahora en Andalucía. Aunque el Gobierno socialista sea el mismo en la pasada legislatura y en ésta, el equipo de la Consejería de Educación ha cambiado, en mayor medida que en otros departamentos, y los primeros pasos que han dado van en la dirección contraria a los que tomó el equipo anterior.

A finales de la legislatura pasada, Educación unificó todos los proyectos educativos en una sola orden. En ella expuso los requisitos para obtener la financiación, los criterios para poder participar y estableció el mismo plazo de solicitud para todos los planes.

Cuando se cerraba la convocatoria, en noviembre, la ex consejera Cándida Martínez hacía gala del número de colegios que se habían apuntado, orgullosa del interés que mostraban los centros por desarrollar los proyectos educativos diseñados por la Administración para mejorar la escuela. Ése era el gran momento de la consejería, el momento de las grandes cifras: número de ordenadores, número de centros bilingües, número de colegios que pedían implantar un plan para mejorar la convivencia escolar, para hacer más deporte, para leer más.

En el campo de la educación, en el que cualquier decisión política tarda en dar frutos diez años como mínimo, esas once convocatorias de proyectos multiplicados por todos los colegios que pedían dinero para ponerlos en marcha permitía a la Junta presentar un espejismo: cuantificar el esfuerzo, el trabajo y la implicación de los colegios andaluces y de la propia Administración.

El presidente Manuel Chaves, en su último discurso de investidura, destacó las cifras de los ordenadores y los centros bilingües que estaban previstos: la mitad de la red escolar pública será bilingüe y en la mitad de los centros habrá un ordenador para cada dos alumnos cuando acabe el mandato. Ahora todo eso está en el aire.

La nueva consejera Teresa Jiménez ha frenado en seco esa dinámica, convencida de que la mayoría de los planes estrella no estaban dando frutos. "No había rendición de cuentas. Se daba mucho dinero a los colegios y algunos trabajaban y otros no", aseguran voces críticas de la consejería. En algunos casos, los colegios solicitaban un proyecto esperando recibir la subvención de la Junta, y después lo invertían en cubrir otras necesidades del centro. Pero eso no suponía ningún cambio significativo en la pedagogía de la escuela.

El nuevo departamento de Innovación cree que a los colegios "se les había bombardeado con muchos planes, demasiados, que primero convertían a los centros en un caos, y después dejaban de funcionar". Parece que la dinámica a partir de ahora será vehicular todos esos proyectos a través del Plan de Calidad, un proyecto que puede integrar todas esas ideas, y que está sujeto a la supervisión y a una evaluación externa.

La idea de un solo colegio con ordenadores, profesores bilingües, proyectos para el deporte, la convivencia, el retraso escolar, la igualdad de género... se antoja ahora un tanto irreal. "Ha habido un poco de borrón y cuenta nueva", reconocen en la consejería, "porque además estamos inmersos en una crisis presupuestaria y había que hacer un sobreesfuerzo para racionar recursos".

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