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Modelos de liderazgo

La fachada no invitaba a la imaginación. De hecho, era escasamente distinguible del resto de edificios de la calle. La puerta del inmueble podía servir de entrada para un discreto banco de inversiones o un austero despacho de abogados.

el 15 sep 2009 / 17:12 h.

La fachada no invitaba a la imaginación. De hecho, era escasamente distinguible del resto de edificios de la calle. La puerta del inmueble podía servir de entrada para un discreto banco de inversiones o un austero despacho de abogados. Ningún rótulo o placa daba pistas sobre el interior. Una vez dentro, uno se daba de bruces con una tradicional escalera de mármol, con barandilla de contundente hierro y pasamanos de desgastada madera. Por los diferentes pisos se podían ver habitaciones de una decoración convencional, con grandes espejos e irregulares anfiteatros de pocas sillas, situadas ante escenarios de escasa altura. Abundaban coloridas imágenes publicitarias de inconfundible sabor americano. Era muy fácil encontrarse por los pasillos generosos percheros cargados de ropa. Era un edificio en la ciudad de Ámsterdam, donde una conocida firma de moda americana presentaba colecciones de temporada.

Un local donde se celebró, la semana pasada, en una luminosa sala, una reunión entre Al Gore y unas escasas 50 personas procedentes de medio mundo. Todos los asistentes pagamos de nuestro bolsillo el viaje, el hotel y los gastos de estancia. Un sindicalista, una estudiante universitaria, un pequeño empresario, un concejal, una ama de casa, trabajadores de Ongs, funcionarios, directivos de empresas. Un encuentro sin el glamour de elegantes salones, sin medios de comunicación a la caza del famoso, sin el forzado protagonismo de patrocinadores. Una reunión que permitió, junto con las novedades sobre el cambio climático, analizar la crisis financiera internacional. Las similitudes entre este crac y la crisis medioambiental planetaria. El reconocimiento de estas crisis como las primeras realmente percibidas como globales por la humanidad. Un mundo nuevo, dominado por la novedosa sensación de que todo afecta, por remotos que puedan parecer los acontecimientos.

Al volver a España, comprobé con tristeza que la noticia era cuanto cobraba Al Gore o que político buscaba la foto a costa del dinero público. Habilidosos periodistas a la hora de revelar el secreto de un sumario o impactantes filtraciones, no reproducían ninguna de las reflexiones actualizadas de Gore. Hemos visto las impresentables dilaciones de los gobiernos europeos en materia de cambio climático, con un enfoque erróneo de los problemas y de los riesgos, rehenes de una visión excesiva del corto plazo. Incluso hemos oído, hace pocas horas, patéticos chascarrillos de un ex presidente del gobierno, enredado en su ignorancia sobre el clima. Dirigentes perdidos en la coyuntura y en los prejuicios, inconscientes de las dinámicas que ya están cambiando el mundo.

Podemos atascarnos hasta el infinito en los desprecios autosuficientes. Pero también podríamos, por un breve instante, preguntarnos por el verdadero modelo de liderazgo que los tiempos exigen. Preguntarnos dónde residen las visiones, el aprendizaje de los errores, las perspectivas y las certezas, ante este nuevo siglo que ha irrumpido agresivamente en nuestras vidas.

Abogado

opinion@correoandalucia.es

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