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Modos políticos inteligentes

Zapatero ya tiene su lugar especial en la historia de España. Es el primer presidente que, habiendo ganado unos comicios en las urnas, es elegido por mayoría simple en el Congreso para pilotar el destino del país durante los próximos cuatro años.

el 15 sep 2009 / 02:56 h.

Zapatero ya tiene su lugar especial en la historia de España. Es el primer presidente que, habiendo ganado unos comicios en las urnas, es elegido por mayoría simple en el Congreso para pilotar el destino del país durante los próximos cuatro años. Pero la anécdota no pasará de ahí a partir de hoy. Porque lo que realmente tuvo importancia ayer en la Carrera de San Jerónimo fue el drástico cambio que ya se observa en las formas de hacer política por parte de todas las formaciones políticas casi sin excepción. Sólo la rebelde Rosa Díez sigue empeñada en seguir en el discurso del reproche y el enfado. El presidente daba ejemplo y volvió a tender la mano a todos, incluido el hasta ahora encendido Partido Popular de Rajoy. La diferencia esta vez es que también todos han amagado con aceptar el saludo del dirigente socialista. Incluso aquéllos que votaron en contra de la investidura del presidente. El PP aparenta haber superado de golpe el síndrome del 11-M del que no levantó cabeza la pasada legislatura. Y los partidos nacionalistas, especialmente vascos, catalanes, gallegos y canarios -también ERC y Llamazares- tuvieron casi que morderse la lengua para no anunciar con toda claridad que el Gobierno tendrá su respaldo puntual garantizado en los grandes temas. Siempre, claro, que éstos no vayan contra la línea de flotación de sus propias estrategias ideológicas. El Gobierno deberá emplearse a fondo a partir de ahora para negociar y convencer. De eso no hay duda. Será esta vez una obligación imprescindible ante la falta de socios estables. Pero mucho más fácil de conseguir en un ambiente sin crispación como el que se ensayó con éxito en la investidura. Y Zapatero tiene además otra ventaja buscada. Sin pactos globales tendrá las manos libres para desarrollar su política con total libertad. Y de paso no será rehén en ningún momento de los partidos nacionalistas. Esos legítimos apoyos democráticos, pero también elementos involuntarios de erosión en ocasiones para un partido estatal. Zapatero tiene razones para estar "más contento" que en 2004, como reconoció tras ser investido presidente. Sabe bien que la paz y la libertad son más constructivas.

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