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Montaña de oro y madera en la Magdalena

El segundo retablo más grande de Sevilla verá la luz tras un año de rehabilitación.

el 12 ago 2012 / 19:52 h.

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El brillo renovado del oro deslumbrará en el primer golpe de vista.
La enorme lona ploteada -un moderno trampantojo- que cubre el altar mayor de la Magdalena tiene los días contados. En muy pocas semanas será retirada para proceder a desmontar los andamios y mostrar los resultados del trabajo de los restauradores José Joaquín Fijo León, Almudena Fernández y su equipo. El brillo renovado del oro del segundo retablo más grande de la ciudad -de excepcional calidad e inusual grosor- deslumbrará en el primer golpe de vista y permitirá al profano calibrar la magnitud de una intervención que ha supuesto un intenso año de trabajo.

¿Qué se encontró el equipo de restauración al encaramarse a esa alta cordillera de tallas e imágenes? Más allá de la secular acumulación de polvo, humo, cera y suciedad; de la alteración de los materiales, las quemaduras o los inevitables desensamblajes se hallaron ante un complejo puzzle formado por piezas y volutas sueltas, brazos, dedos, manos, alas, pies, atributos de santos y un variopinto menaje que había que clasificar y ubicar en su lugar original. En cualquier caso, la patología más complicada de revocar, precisa Fijo, "había sido ocasionada por el calor y el humo de las velas, que había secado por completo los estucos del cuerpo superior del retablo". La fijación de esos estucos abofados y desprendidos ha sido la operación más compleja de un proceso que sí ha podido certificar la buena salud y la estabilidad de la inmensa arquitectura lígnea que se levanta en el ábside del antiguo templo dominico, que también ha deparado algunos hallazgos interesantes, como la carta de pago de un dorador o la firma escondida de un policromador que quiso pasar a la historia.

Viajar por el mecano de andamios implica asomarse a los secretos de un retablo que enseña la mano y la impronta de muchos de los artistas que convivieron en la Sevilla febril que cabalga entre los siglos XVII y XVIII. Hay detalles insignificanes que revelan pinceles maestros, como los motivos pintados en una capa pluvial de uno de los santos que conforman el amplio programa iconográfico del altar.

Fase pendiente. Los trabajos habían estado precedidos de una fase preliminar -no exenta de tiras y aflojas con la delegación de Cultura- en la que se abordó la restauración de las cuatro tallas más relevantes del retablo, sufragada por la propia feligresía a iniciativa del párroco del céntrico templo, Antonio Fernández. Pero la intervención sobre la Magdalena de Felipe Malo de Molina -titular de la parroquia- el grandioso San Pablo de Ocampo -advocación del desaparecido convento dominico- y el Santo Domingo y San Francisco atribuidos a las gubias de Pedro Duque Cornejo sólo fueron el primer paso.

Había que actuar a fondo sobre el retablo, pero la ambiciosa intervención suponía un altísimo presupuesto, casi 350.000 euros, que aún no ha podido ser financiado en su totalidad. La aportación de la Real Maestranza de Caballería, 155.000 euros, ha permitido abordar la limpieza, la consolidación estructural y la fijación de los estratos y las piezas de esa montaña de tallas, oro e imágenes que fue levantado por los dominicos en la yema del esplendor de su orden y al amparo del oro americano que todavía llegaba al puerto de Sevilla y la Casa de Contratación.
Pero José Joaquín y Almudena advierten que el trabajo aún no ha finalizado. "Ha quedado atrás, pendiente de financiación, una tercerca fase que incluiría la reposición de soporte, el estucado y la reintegración cromática", señala la restauradora. Son malos tiempos para los patrocinios pero este excepcional y suntuoso retablo necesita del concurso de admistraciones, instituciones o particulares para poder abordar esa segunda y definitiva fase de restauración que permitirá devolver su esplendor a una grandiosa obra de arte.

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