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Monteseirín intenta relanzar su gestión a mitad del mandato

El ecuador del mandato marca un punto de inflexión para cualquier alcalde. Queda un año para tener listos los proyectos que se pueden rentabilizar en los comicios. Monteseirín trata de acelerar el paso, pero la crisis, las guerras internas y los juzgados han supuesto un escollo casi insalvable. El Metro y el plan 8.000 han sido un balón de oxígeno

el 16 sep 2009 / 03:21 h.

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El ecuador del mandato marca un punto de inflexión para cualquier alcalde. Queda un año para tener listos los proyectos que se pueden rentabilizar en los comicios. Monteseirín trata de acelerar el paso, pero la crisis, las guerras internas y los juzgados han supuesto un escollo casi insalvable. El Metro y el plan 8.000 han sido un balón de oxígeno.

Tres crisis de Gobierno, una cruenta batalla orgánica del PSOE, una incertidumbre sobre el futuro del alcalde no despejada hasta el mes de abril, un goteo de sentencias judiciales en contra, una crisis económica que ha mermado las arcas municipales, y una sucesión de procesos judiciales que afectan a cargos vinculados al Ayuntamiento. Los dos socios de Gobierno llegan hoy al ecuador de un tenso mandato, en el que los lastres han pesado demasiado y han ralentizado los avances. Se han dado pasos como la implantación del sentido único, el inicio de los trabajos de la Plaza de España, la aprobación del II Plan de Barrios, el Plan de vivienda 2007-2012, la revitalización de los polígonos industriales, la ordenanza antivandalismo, la inauguración de la Alameda, las reformas de los colegios, el desarrollo de las bicicletas y la inauguración del Metro -dependiente de la Junta de Andalucía-. Pero han sido más los reveses, los proyectos que se han atascado, las iniciativas que avanzan pero condicionadas por un retraso que ha generado una desconfianza entre determinados sectores vecinales que ha aprovechado el PP.

El listado es demasiado largo. En estos dos años, el Ayuntamiento ha visto cómo se escapaba su proyecto estelar de construir una gran zona verde en Tablada, cómo la Ciudad de la Justicia seguía estancada, cómo el Centro sigue sin tener restringido el acceso de los vehículos particulares, cómo el anunciado plan de prostitución se apaga conforme pasan los meses sin que se pueda lanzar públicamente ni una sola medida, cómo el botellódromo sigue siendo un enorme solar, cómo la Ciudad del Empleo está cada vez más escondida en uno de los cajones del Ministerio de Trabajo, y cómo en la Encarnación y en Fibes parece cada vez más difícil fijar un plazo de culminación de los trabajos. Podríamos seguir: el traslado de la Feria está abandonado, tras dos años no se ha definido cómo afrontar la ampliación del tranvía de San Bernardo a Santa Justa, los aparcamientos de residentes son un agujero de votos para el PSOE, el Consistorio ha quedado en evidencia con su renuncia a la cesión de un solar para la mezquita -justificada por una sentencia judicial- y no hay forma de encontrar una empresa interesada en recuperar el edificio de Moneo.

Los dos socios de Gobierno intentan desde hace semanas retomar la iniciativa. El PSOE se ha lanzado a recuperar los barrios en los que el PP ha centrado su labor, mientras que IU lleva meses sumido en una cruzada para defender su imagen. Ambos han protagonizado numerosos actos para vender los dos grandes logros de este año: la inauguración del Metro y los proyectos financiados con el plan extraordinario de inversiones del Gobierno central. Y ahora cuentan con un medio de difusión, como es la televisión municipal, para tratar de que calen sus iniciativas en la población.

Pero en este año se ha perdido mucho tiempo y el Gobierno local ha estado demasiado lejos de la Plaza Nueva. Unas veces en las sedes del PSOE y otras en el Prado, a sólo cuatro paradas del tranvía. Si el primer año de mandato se planteó como una transición y un intento de sanear las cuentas; en el segundo apenas ha habido tiempo para centrarse en la labor municipal. El verano se inició con el congreso del PSOE y el accidente de Hytasa, que acabaron con el progresivo inicio de la caída de Emilio Carrillo, formalizada hace sólo unos días. En medio, un año de incertidumbre y guerras internas. Sólo tras el pacto entre Viera y Monteseirín y la ratificación de éste como alcalde hasta la culminación del mandato, se ha podido hablar de un grupo socialista unido. Hasta ese momento, eran dos bloques enfrentados en torno a un alcalde a quien el PSOE provincial quería sacar de Plaza Nueva. Mientras tanto, IU tuvo que hacer frente a una agresiva campaña del PP, en parte facilitada por los propios cargos de la federación de izquierdas, que como ellos admiten meses después cometieron claros "errores". La oposición se cobró su víctima: el edil Francisco Manuel Silva.

IU presume de que ninguno de sus cargos ha acabado en los tribunales, pero admite que su imagen se ha dañado. Incluso peor parado ha salido el PSOE. Ha sido el año del juicio de las facturas falsas -una cantidad mínima, pero con un ex cargo socialista condenado a prisión-, el de Unidad -un juicio sin resolver pero que ha llevado al alcalde ante los tribunales- y el de Mercasevilla: una grabación, cobro de comisiones y una investigación que llega hasta la Junta y que parte de un cargo vinculado al Gobierno local.

Pese a todo, el alcalde irradia optimismo. "Estoy en mi mejor momento político y personal", señalaba hace sólo unos días a este periódico. Ayer, presumía de poder "ver los resultados del trabajo" y defendía la firmeza del pacto de Gobierno. Tiene garantizada su continuidad en la Alcaldía, ha logrado que Carrillo se anule a sí mismo como opción y confía en que hay tiempo para la remontada. Se las ha visto peores y ha salido adelante. Está a punto de cumplir diez años de regidor.

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