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Toros

Morante de la Puebla se impone a Manzanares en el mano a mano de Bilbao

El distro sevillano se impuso claramente al alicantino más allá de trofeos, aunque cortó la única oreja de una tarde de grandes contrastes.

el 20 ago 2014 / 22:06 h.

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 El diestro Morante de la Puebla da un pase con la muleta a su tercer toro. / Luis Tejido (EFE) El diestro Morante de la Puebla da un pase con la muleta a su tercer toro. / Luis Tejido (EFE) GANADO. Seis toros de Núñez del Cuvillo, de correcta presencia y de juego dispar, dentro de una medida tónica de raza y fuerzas. Han destacado segundo y sexto, por su clase y su embestida entregada, respectivamente. DIESTROS. Morante de la Puebla: estocada honda atravesada y descabello (ovación); pinchazo, estocada corta atravesada, dos pinchazos y descabello (algunos pitos); estocada (oreja). José María Manzanares: estocada trasera tendida (ovación tras leve petición de oreja); estocada (ovación); pinchazo, metisaca en los bajos y estocada (ovación tras aviso). INCIDENCIAS. La plaza de Vista Alegre se ha cubierto en las tres cuartas partes de su aforo, en la quinta de abono de las Corridas Generales. Tarde nublada y de temperatura otoñal. Se impuso Morante a Manzanares en un mano a mano de grandes contrastes y muy desigual en casi todo. Y especialmente en dos aspectos decisivos: el reparto de la suerte en los lotes, con la balanza muy a favor del alicantino, y en la sinceridad que cada torero ha puesto sobre el tapete, aquí con una clara superioridad del sevillano. Porque a Morante le han tocado tres toros de Núñez del Cuvillo con ciertas pero también muy escasas virtudes para poder sostener sobre ellas una actuación tan sólida y con momentos tan inspirados como los que ha logrado el torero de la Puebla del Río. Ya con su primero casi ha sacado agua de las piedras, pues el toro, muy bravo en el caballo, llegaba casi desfondado a su muleta. La buena medida de los tiempos y la suavidad del trazo de los pases han sido la clave para que el sevillano salpicara su paciente trasteo de naturales y derechazos de mecido compás. El diestro José María Manzanares da un pase con el capote a su primer toro. / EFE El diestro José María Manzanares da un pase con el capote a su primer toro. / EFE Sin opciones luego ante el descastado y áspero jabonero que salió en tercer lugar, al que ha matado pronto y mal, Morante de la Puebla echaba el resto con el quinto, un toro noble pero sin celo desde su salida al ruedo, pero con el que ha construido la faena más redonda. El detonante fue el quite por chicuelinas que, a destiempo y con más estética que mando, le hizo Manzanares a ese toro, lo que ha motivado la réplica arrebatada del sevillano para interpretar la misma suerte de capa sólo que con más ajuste y más toreo, a pesar de que el de Cuvillo se salía desentendido de la suerte. Con la plaza ya caliente, y el toro sin emplearse en los embroques, Morante lo ha fijado por bajo con clásica torería para, de ahí en adelante y aferrándose únicamente a su simplona movilidad, cuajarle varias series de profundos muletazos por ambos pitones. Asentado, entregado en los cites, poniéndole a cada trazo un acentuado compás de pecho y cintura, ha superado el artista de La Puebla la escasa entrega de un animal que ha tardado en doblar tras una estocada en los mismos rubios. Pero hasta esos impacientes momentos los ha sabido llenar Morante con su propia poesía, acariciando delicadamente el lomo y la testuz del toro en su larga agonía, antes de pasear una de sus orejas. En cambio, a José María Manzanares la suerte le ha bendecido, o no, con dos toros de clamorosas opciones de triunfo, que él mismo se encargaba de desperdiciar entre ventajas y dudas. El primero, terciado y flojo de salida, se ha venido arriba en banderillas para romper a embestir con alegría y claridad, sin apretar ni comprometer nunca al matador al abrirse en su recorrido como un carretón de entrenamiento. Pero, descaradamente, Manzanares ha desplazado aún más hacia afuera las embestidas, escondido sin rubor alguno en los cites y despegándoselo exageradamente en cada pase. Parte del público ha aplaudido aquella vacía estética, mientras otra le recriminaba a voces y pitidos tantas ventajas, durante el largo desperdicio de calidad bovina que ha supuesto la faena. Al cuarto, flojo de riñones, le faltaba rematar sus arrancadas, aunque por momentos Manzanares ha puesto una suavidad que el animal agradeció antes de caer de una estocada fulminante. Y, como cierre, tampoco se ha centrado el diestro alicantino con el sexto, que, pese a sus medidas energías, se le ha venido siempre con alegría y entrega y ha tenido mucha más vibración que el resto de sus hermanos. Se ha empleado mucho más el toro que el torero en un trasteo dilatado con demasiados tiempos muertos y plagado de altibajos estéticos y técnicos, que ha acabado por resaltar los grandes contrastes de este desigual mano a mano.

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