Cultura

Morante de la Puebla también mostró sus esplendores en Osuna

el 15 may 2010 / 20:20 h.

Había ganas de ver a ese Morante en estado de gracia que apuntó en Sevilla y terminó de dispararse en Jerez con un faenón de antología del que todavía se cuenta y no se para. Pero el de La Puebla apenas encontró enemigo con el inválido primero, un animal noble que también hizo algún extraño sin conseguir inquietar al diestro cigarrero, que brilló más y mejor en el toreo al natural, sobre todo al final del trasteo. La faena fue escasa de cuerpo y larga de metraje, salpicada de esas diabluras, de los chispazos geniales que sólo pueden brotar de la chistera de este Morante que trasluce felicidad toreando.


Lo mejor llegaría después. Morante se arrebató toreando de capote al cuarto, un bombón con poquita presencia al que cuajó una faena ligada y natural, variada de notas y plena de relajo. Morante toreó a placer sobre la mano derecha y se gustó con la izquierda, especialmente a pies juntos hasta enardecer al público ursaonense. La flojera del animal restó algo de intensidad a la brillante faena que el diestro de La Puebla remató de  una estocada suficiente que puso en sus manos dos orejas pedidas con clamor y saludadas con unas sevillanas interpretadas a golpe de clarín antes de que emprendiera la vuelta sonriendo.


Cayetano volvió a revelar su porte majestuoso, el empaque que adorna todo lo que hace aunque a su labor ante el segundo -templada y pulcra- le faltó algo de ajuste. Quizá brilló más con el capote, encajado a la verónica e imaginativo en las tafalleras y la larga cordobesa de remate. Con el quinto, un chorreado de preciosas hechuras que derrochó clase en la embestida, se templó sólo a ratos sin acertar a resolver la papeleta por completo a pesar de dejar traslucir su personalidad en algún fogonazo por aquí o por allí, en puñados de muletazos elegantes que no lograron apurar la calidad del mejor animal del encierro. Eso sí, con la espada fue un cañón.

Completaba el cartel el diestro local Ángel Luis Carmona, que acusó lo poco que torea y no fue capaz de reposarse con el tercero, un toro con algo de más bríos y presencia que el resto del encierro que le hizo sudar la gota gorda sin que le faltara nunca el cariño de sus paisanos. Carmona mantendría el mismo tono con el manejable sexto: ganas de agradar y voluntad a tope frente a una escasa baraja de recursos que cambió por un fuerte voltereta de la que salió ileso.

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