Morón rinde homenaje a sus caleros

Una rotonda a la entrada de la ciudad reconoce un trabajo artesanal que se está perdiendo.

el 16 feb 2014 / 23:44 h.

Francisco y Miguel Escudero, junto a Manuel Gil Ortiz, del Museo de la Cal. / M.M. Francisco y Miguel Escudero, junto a Manuel Gil Ortiz, del Museo de la Cal. / M.M. La cal de Morón es una seña de identidad que sitúa esta localidad entre los pueblos blancos de Andalucía. Pero a pesar de que todos estos pueblos estaban encalados con este material, muy pocos tenían la tradición de elaborar artesanalmente la cal. Este oficio, ahora en desuso, ha sido homenajeado en Morón de la Frontera con una escultura que preside la entrada principal a la ciudad. En pocos municipios de la provincia de Sevilla se encuentra una tradición tan arraigada y antigua como el oficio del calero tradicional. Sin embargo, la llegada de otros elementos y principalmente la dureza del trabajo y la poca rentabilidad del mismo han hecho que, poco a poco, se perdiera la tradición de prender un horno de leña. Es por ello, que desde hace algunos años, la asociación Museos de Cal y el Ayuntamiento están intentado revitalizar y mantener vivo este oficio por el que es conocida mundialmente esta ciudad. Tras el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad, ahora la figura de un gran calero picando piedra preside la rotonda de las Tinajas, parte fundamental de entrada de la localidad. Un reconocimiento que ha emocionado profundamente a Miguel Escudero, quien toda la vida ha trabajado de calero junto a su padre y hermanos. Aunque ha tenido el honor de ser el modelo de la escultura, matiza que «el reconocimiento es a un oficio que casi ha desaparecido y a unos trabajadores que nos hemos dedicado toda la vida a ello». Éste peculiar modelo fue a posar encantado, dando incluso consejos al escultor, Manuel Martín. De hecho, algunos elementos de la figura son idea suya, como «los pantalones que no tienen cinturón sino un hilillo que nosotros mismos nos fabricamos». Sin embargo, a pesar de que ahora recuerda su trabajo con cariño y añoranza, reconoce que «esta labor está desapareciendo debido a la dureza del trabajo». Lo mismo le ocurre a su hermano Francisco, quien cambió de profesión poco antes de jubilarse debido a las penurias y el duro trabajo diario de «sacar la piedra caliza, con pico y pala, de la cantera, para luego llevarla a los hornos en borricos». Aunque el trabajo ha sufrido una ligera modernización, «el oficio tradicional es algo que se perderá, principalmente por la poca rentabilidad». A pesar de estar ambos jubilados, la cal aún les corre por las venas, matando el gusanillo del oficio de vez en cuando. Francisco ayuda cuando se enciende algún horno y Miguel da a conocer el proceso de cocción, participando en las exposiciones que hace el Museo de la Cal. Precisamente fue la asociación que gestiona el museo quien pidió al Ayuntamiento este reconocimiento que ahora se ha hecho realidad, gracias a una subvención de Campiña Turística, y que «permitirá a todos los visitantes conocer que Morón es la tierra del gallo pero también de la cal», reseña Manuel Gil Ortiz, miembro de Museos de Cal. Éste ha sido un reconocimiento aplaudido por la ciudad. Con esta escultura, a pesar de los años y la desaparición progresiva del oficio, todos los visitantes reconocerán que en Morón se fabricaba cal artesanal.

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