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Moussavi y el pastel de piel de patata

Enrique Dans, que es un señor que sabe mucho de las nuevas tecnologías de la información y tiene un blog que lo demuestra, acaba de echarle el guante a un interesantísimo artículo de la revista Business Week titulado Iran's Twitter Revolution? Maybe Not Yet...

el 16 sep 2009 / 05:11 h.

Enrique Dans, que es un señor que sabe mucho de las nuevas tecnologías de la información y tiene un blog que lo demuestra, acaba de echarle el guante a un interesantísimo artículo de la revista Business Week titulado Iran's Twitter Revolution? Maybe Not Yet, porque a los americanos, de un tiempo a esta parte, les encanta saber cuánto tienen que ver las redes sociales de internet y los móviles en las revueltas y algazaras redentoras del mundo. En parte, quizá, por su afán de protagonismo en materia de libertades e informática. Pero, para desengaño de los esperanzados en que el mundo oprimido goce ya de una tecnología que le permita organizarse y emerger, el artículo de Ethan Zuckerman sostiene que las nuevas armas de la información están teniendo un papel muy limitado en las revueltas iraníes de los últimos días contra el supuesto tongo de Estado. Primero, porque todo el movimiento social que aflora a las redes en nombre del presuntamente iracundo pueblo iraní está generado desde fuera del país, ya sea por expatriados o por simpatizantes cuya marejada de mensajes logrará amplificar las noticias, pero no influir en el desarrollo de los acontecimientos en un país donde a internet le han puesto siete candados. Y una reflexión aún más importante destacada por Dans: que "la interpretación directa de lo que se recibe a través de los medios sociales no deja de ser relativamente peligrosa en este caso: no se trata de que el país entero apoye a Moussavi ni de que Ahmadinejad no tenga seguidores, sino que los seguidores de éste último no tienen smartphones, no hablan inglés y no usan internet".

Como mucho, y para evitar la divulgación de imágenes tomadas con teléfonos, los tiranos del mundo se cohibirán de perpetrar grandes represiones o matanzas públicas, cosa que da igual si luego las hacen bajo techo en los calabozos. ¿Qué es Guantánamo, sino un cubreobjetivo? Conviene analizar con prudencia ese parentesco, que sin el menor motivo se da por hecho, entre los progresistas y el uso de las nuevas tecnologías. ¿Es más progresista el miembro de Al Qaeda que sólo sabe montar en burra o el que además sabe pilotar aviones?

Las redes sociales funcionan. Hasta Juliet, desde su hermosa condición de personaje ficticio en una novela maravillosa, ha logrado contarle al mundo las atrocidades de los nazis y la humillación (y la existencia misma, que es más importante) de los vecinos de las pequeñas islas del Canal, un lugar que muchos ni siquiera saben que existe pero donde hay viejas que riegan hortensias, tipos que se van a la cantina después de amarrar las barcas y madres que aman a sus hijos. Ella pudo conocerlo gracias a ese Twitter que se montó en 1946 desde Londres con los miembros de la Sociedad Literaria y el Pastel de Piel de Patata de Guernsey: el servicio postal. Pero lo revolucionario fue que Juliet, como buena periodista, se plantó allí para conocerlos y contarlo al mundo. Su sentido de la justicia y de la libertad convirtieron sus pies y sus manos en tecnología punta. Hoy, quien entra en Facebook sin un propósito, lo primero que ve es una propuesta para hacerse fan de la tortilla de patatas. La revolución tendrá que esperar.

Periodista

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