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Movilidad local, crisis y vandalismo

Para la forma de pensar oriental, la crisis es el inicio del éxito porque también tiene algo de positivo; por ejemplo, la actual crisis financiera impone la necesidad de reflexionar, de ahorrar y, sobre todo, de diseñar un proyecto de futuro a partir del reajuste...

el 15 sep 2009 / 22:12 h.

Para la forma de pensar oriental, la crisis es el inicio del éxito porque también tiene algo de positivo; por ejemplo, la actual crisis financiera impone la necesidad de reflexionar, de ahorrar y, sobre todo, de diseñar un proyecto de futuro a partir del reajuste de todas las distorsiones y despilfarros que la han provocado. Conviene aprovechar todos los recursos e instrumentos disponibles para economizar. Primero, de forma imprescindible se impone el ahorro; después, el aumento de la eficiencia, el control de las inversiones y, finalmente, la innovación continua.

Muchas personas tienen la posibilidad de ahorrar abandonando el coche para utilizar el transporte público, y si los desplazamientos diarios son menores a 5 kilómetros, deberían ir andando a los comercios cercanos, o mejor todavía si pueden utilizar la bici pública, que es casi gratis: no hemos tenido que comprarla, no necesitamos espacio para guardarla en nuestra casa, tampoco nos impone preocuparnos por su mantenimiento ni por su robo o su pérdida.

Como individuos, este servicio gratuito nos beneficia en todos los sentidos, pero como parte de un grupo, en tanto que ciudadanos, compromete nuestra responsabilidad social, nos obliga a pensar en los demás y a cuidar este servicio, que es de todos.

En medio del despilfarro al que nos tienen acostumbrados los poderes públicos, el sistema de movilidad en bicicleta es la única obra de alta rentabilidad social, cultural e incluso económica que, en los últimos años se ha ejecutado en Sevilla. Ha sido la culminación de un proceso iniciado hace más de veinte años por la asociación dirigida por Ricardo Marqués y apoyado por uno de los grupos del actual Gobierno municipal.

Un premio a la constancia que nos permite aprovechar este sistema sostenible de movilidad en la ciudad: 3.000 bicicletas disponibles en 250 estaciones para que, por lo pronto, uno de cada 10 sevillanos pueda utilizarlas y sumarse así a las 10.000 personas que tienen bicicleta propia y circulan por los 70 kilómetros de carril bici. En realidad, en muchos sectores podía haberse ejecutado con mejor criterio, pero ajustarlo ventajosamente o mejorarlo supondrá una reducida inversión.

Este sistema de movilidad es una eficiente forma de ahorrar combustible (dinero) y evitar la contaminación (salud) para desplazarse en la ciudad tradicional más rápidamente que en coche. Durante las horas punta, mientras en el Centro los coches circulan a menos de 11 kilómetros por hora, con la bici se llega hasta los 15. Con el clima que disfruta Andalucía, es una recomendable forma de pasear los fines de semana con los amigos o en familia, y más lo sería si se extendiese hacia el área metropolitana para facilitar la llegada tanto a los núcleos urbanos como a los espacios protegidos y futuros parques culturales. Es otra forma de vivir la ciudad y de disfrutarla. Adicionalmente, los beneficios para la salud son notables; de ahí que las consejerías de Salud y de Deportes, e incluso la Agencia de la Energía, deberían involucrarse directamente para implantar este servicio en todas las ciudades y pueblos de Andalucía.

Como se puede constatar, es la única obra ejecutada en los últimos años en Sevilla con alta rentabilidad social y baja inversión económica. Los 18 millones de euros que ha costado son equivalentes a menos de la décima parte del coste del Estadio Olímpico, que se utiliza dos veces al año; la tercera parte del precio de las setas de La Encarnación -para subir a ellos habrá que pagar-; una quinta parte de los euros gastados en un tranvía que va a ninguna parte, con 1.400 metros de recorrido -la banda continua del aeropuerto de Barajas tiene más longitud-. Una inversión difícil de comprender que, además, producirá un déficit creciente si los usuarios, como reconoce el Ayuntamiento, son ocho veces menos de los que estaban previstos. Todo lo contrario que Sevici.

Sin embargo, paradójicamente, cuando la crisis actual nos impele a utilizar el servicio público y gratuito de la bicicleta, el aumento acelerado de los índices de vandalismo debería comprometer a las autoridades no solamente a pensar en los motivos que tienen algunos vecinos de Sevilla para destrozar los bienes públicos, sino también a diseñar cuanto antes una amplia y persistente campaña de urbanidad o, si se prefiere, de afecto a la ciudad. Bastaría tomar como ejemplo cualquier ciudad holandesa e incluso del norte de Italia.

El vandalismo también es un indicador internacional para el turista; lleva consigo un larvado grado de violencia que debe preocupar tanto a los políticos como a todos los sevillanos. Una ciudad tan bonita y con gente tan agradable no merece tener tantos vándalos sueltos, dedicados a destrozar el mobiliario urbano, las bicicletas y las estaciones de este servicio gratuito. Merecen la sanción más fuerte.

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