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Mubarak se queda y enfurece a Egipto

El presidente se limita a delegar poderes en Suleiman mientras la ira estalla en la plaza Tahrir.

el 10 feb 2011 / 22:17 h.

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Miles de personas se manifestaron ayer en la plaza Tahrir.
Hosni Mubarak no se va a ninguna parte. En un esperadísimo discurso televisado después de 17 días de intensas protestas, el presidente egipcio negó que vaya a dimitir y aseguró que permanecerá al frente del país hasta la elección de su sucesor en unos comicios "justos y libres" que se celebrarán en septiembre.

Como medida intermedia anunció que delega poderes en su número dos, Omar Suleiman. Una medida que la plaza Tahrir, centro neurálgico de la revolución, recibió con gritos de "fuera, fuera".

"No voy a salir del país en este momento difícil", afirmó en un decepcionante discurso el octogenario líder después de que durante toda la jornada de ayer los cientos de miles de egipcios congregados en la plaza de la Liberación esperaran el anuncio de su dimisión. Una esperanza que desapareció pasadas las 22.00 horas (en España). En una intervención con similitudes a lade la semana pasada, el presidente defendió su papel al frente del país y aclaró que no huirá al exilio. E incluso su papel como militar y lo mucho que se ha "sacrificado por la nación" durante los "60 años" en que la ha servido. "Nunca he sucumbido a la presión internacional, tengo mi dignidad intacta", subrayó Mubarak, quien rechazó explícitamente las injerencias externas en la crisis política que atraviesa el país árabe desde hace 17 días.

Mubarak tan sólo se comprometió a transferir algunos poderes a su vicepresidente, Omar Suleiman, sin concretar nada más, y a marcharse tras los comicios de septiembre. Además volvió a garantizar que durante estos próximos meses modificará cinco artículos de la Constitución y eliminará un sexto, relativo a casos de terrorismo. No obstante, aplazó la derogación del artículo 179, en el que se contempla la ley de emergencia, vigente desde hace 30 años y que permite el arresto de cualquier ciudadano. Mubarak, que prometió perseguir a los responsables de los incidentes violentos, mostró su pesar por las "víctimas inocentes" de las últimas manifestaciones, a los que llegó a calificar de "mártires".
Unas palabras que fueron recibidas por las miles de personas reunidas en la plaza Tahrir con ira y gritos de "vete, vete". La multidad enfadada alzó los zapatos al aire, un gesto que en Egipto es considerado un insulto.

En este clima de máxima tensión, Omar Suleiman también se dirigió a los manifestantes antigubernamentales que aún permanecen en las calles y les pidió que vuelvan a sus hogares y sus trabajos. "Volved a vuestras casas, volved a vuestros trabajos", destacó Suleiman, que confirmó la cesión, por parte de Mubarak, de poderes presidenciales.

Una decepción mayúscula después de horas especulando con una salida inmediata del dirigente. Ahora falta por conocer el alcance del traspaso de poder. La cadena de televisión Al Arabiya informó ayer de que el Ejército egipcio actuará si los manifestantes rechazan el plan de Mubarak. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas hizo planear sobre los presentes la sombra de la duda. Durante una reunión en la que no estuvo presente Mubarak pese a ser el comandante en jefe, el Ejército egipcio anunció que ha comenzado a adoptar "las medidas necesarias para proteger a la nación" y para "apoyar las demandas legítimas de los ciudadanos". Un alto oficial del Ejército consideró, en declaraciones a Al Ahram, que con esta declaración los militares están asumiendo de forma efectiva el poder político en el país. Un Ejército, que hasta la fecha ha mostrado cierta imagen de neutralidad ante las movilizaciones contra el presidente Hosni Mubarak, fue ayer acusado de deterner en secreto a "cientos, y puede que a miles" de manifestantes, muchos de los cuales han sido torturados y permanecen desaparecidos, según denunciaron testigos y activistas de Derechos Humanos citados por el diario The Guardian.

También el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró que Egipto vive un "momento de transformación" en el que la población pide "cambios". "Somos testigos del desarrollo de la historia", dijo Obama, durante un discurso en Michigan.

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