Cultura

Mucha burla y poca crítica

Crítica de la obra El Pimento Verdi, de Albert Boadella, en el teatro Lope de Vega. * * *

el 06 jun 2014 / 21:06 h.

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  • Lugar: Teatro Lope de Vega, 5 de junio
  • Obra: El Pimento Verdi
  • Producción: Teatros del Canal
  • Dirección y Dramaturgia: Albert Boadella
  • Música: Verdi, Wagner, Rossini, Donizeetti, Bellini, Luis Vives, Jacinto Guerrero, Emilio Arrieta, Beethoven, Chopin, Chaikovski y Borja Mariño
  • Interpretación: María Rey-Joly, Elvia Sánchez, José Manuel Zapata, Antoni Comas, Luís Álvarez, Borja Mariño, Jesús Agelet.
  verdiEl teatro de Albert Boadella siempre se ha distinguido por su humor burlesco y corrosivo al servicio de la crítica social. Por desgracia, todo eso se ha ido difuminando en sus últimas propuestas hasta llegar a esta última, en la que la crítica se pierde en favor de un ejercicio de desacralización del género operístico que, aunque conforma una farsa tan irreverente como divertida, acaba cayendo justo en aquello que pretende denunciar: el elitismo. Y es que, aunque en sus inicios la ópera era un género musical que pretendía acercar la música culta a un público popular, lo cierto es que en nuestros días convoca a un espectador especializado perteneciente, por lo general, a un estamento alto de la sociedad. Así, podríamos decir que esta obra se dirige a un público entendido y minoritario, ya que se centra en la irreverencia que supone proponer un ejercicio de consenso entre dos compositores muy diferentes: Verdi, que se vanagloriaba de dirigir su obra hacia el pueblo y Wagner cuyas composiciones operísticas son tan largas como complejas. Tal vez por eso antes de llegar a la verdadera propuesta: una ópera que sintetiza la música de los dos autores, Boadella nos propone un primer acto que nos ilustra sobre las características del género mediante un inteligente juego de opuestos que enfrenta a los partidarios de uno y otro autor, como si de unos aficionados de dos equipos de fútbol rivales se tratara. Así, toda la primera parte se convierte en un preámbulo musical demasiado largo y un tanto vacío de contenido. No obstante cabe destacar que el dramaturgo y autor catalán demuestra su magisterio arrancando con facilidad la risa del espectador gracias a un inteligente manejo de los tópicos y a un magnífico recorrido musical en directo. En ese sentido cabe resaltar el magnífico trabajo de dirección de actores ya que, excepto Jesús Agelet que borda su papel dibujando un camarero que remite a Sancho Panza, el resto del elenco está compuesto por cantantes líricos que, al menos aquí, demuestran que el ejercicio del canto es compatible con el de la interpretación dramática. Eso les permite adentrarse de lleno en el ritmo vertiginoso del segundo acto, cuando se entregan a la representación de esa ópera híbrida que aúna la condición trágica de Wagner con el colorismo y la potencia evocadora de Verdi. Lástima que, a fuerza de alargar el preámbulo, este último acto resulte un tanto tedioso. Claro que a lo mejor el problema es que su potencial trasgresor no acaba de llegar a los que no somos entendidos en la materia.  

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