Cultura

Mucha burla y poco compromiso

Lugar: Teatro Central, 14 Y 15 de marzo. Obra: Sun. Compañía: Hofesh Shechter Company. Coreografía y música: Hofesh Shechter . Intérpretes: Maeva Berthelot, Winifred Burnet-Smith, Chien-Ming Chang, Sam Coren, Frederic Despierre, Philip Hulford, Yeji Kim, Kim Kohlmann, Erion Kruja, Merel Lammers, Sita Ostheiumer, Hannah Shepherd. Calificación: ***

el 15 mar 2014 / 16:16 h.

Avalado por el éxito de su anterior trabajo, Political Mother, que pudimos disfrutar en el Teatro Central en 2010, Hofesh Shechter vuelve a Sevilla para dar rienda suelta a su sentido del humor, tan irónico como burlón, aunque un tanto light en cuanto a su contenido crítico. Y es que, en esta ocasión el artista israelita afincado en Gran Bretaña se inspira en la literatura pastoril para criticar los desmanes del colonialismo. Así, el espectáculo gira en torno a la aptitud de superioridad de los países colonizadores hacia los pueblos primitivos. Pero teniendo en cuenta que la antropología ha demostrado hasta la saciedad que ninguna cultura es superior a otra, y que el colonialismo es un fenómeno totalmente desaparecido, podríamos decir que esta obra lleva a cabo un ejercicio crítico tan fácil como poco comprometido. Tal vez por eso Shechter le otorgue una impronta burlona, llevando la provocación al terreno de la comedia mediante un rebaño de ovejas de cartón piedra que los bailarines traen y se llevan del escenario sin un orden aparente. Se trata, sin duda de un desorden intencionado del que se sirve el coreógrafo para descolocar al espectador y atrapar su atención -con inusual desfachatez y poderío- a fuerza de exigirle paciencia, ya que una y otra vez la irrupción de las ovejitas detiene la danza y los bailarines desaparecen, o se quedan estáticos mirando al público con aptitud desafiante. Ni que decir tiene que todo eso ralentiza el ritmo del espectáculo, concebido como una suerte de fragmentos de danza coral que mezcla algunos pasos de ballet clásico con movimientos característicos de danzas tribales, todo ello tamizado por la descomposición trasgresora de la figura, propia de la danza contemporánea. En ese sentido, cabe destacar la frescura de la mezcla, las gotas de humor que se desprenden de la expresión corporal y el grado de libertad que la coreografía brinda a los bailarines, quienes más que empeñarse en demostrar su virtuosismo se entregan al ejercicio de la danza como si de un ritual ancestral se tratara. Lástima que esta atmósfera ritual, potenciada por una potente banda sonora y una virtuosa y radical iluminación, a fuerza de tanta interrupción no acabe de alcanzar su climax.

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