Cultura

Mucho drama y poco miedo

El Mito clásico que hace furor entre los más jóvenes se estrena en la escena sevillana.

el 23 sep 2011 / 06:24 h.

DRÁCULA**
Teatro Lope de Vega del 29 de septiembre al 2 de octubre.

Producción: Marcus Teatral y Tanchal 98. Dirección: Eduardo Bazo y Jorge Juan. Intérpretes: Emilio Guitiérrez Caba, Ramón Langa, Martiño Rivas, María Ruiz, Amparo Climent, César Sánchez y Mario Zorrilla.

No es habitual, al menos en la escena española, que una producción teatral apueste por el género del terror. Por ello, de entrada este montaje supone una curiosa y meritoria iniciativa aunque, por desgracia, no acaba de cumplir del todo con su objetivo.

Desde luego, no resulta nada fácil suscitar con una obra de teatro una pasión como el miedo. Mucho menos si se recurre para ello a una historia como la del Conde Drácula, tratada hasta la saciedad por el cine y la literatura. No obstante, últimamente la figura del vampiro parece haber resurgido con más fuerza que nunca, sobre todo entre el público adolescente, ávido de mitos y aventuras. Tal vez por ello Ramón Langa y Emilio Gutiérrez Caba se hayan animado a retomar su anterior experiencia con el género de terror precisamente con este mito, tan universal como contemporáneo.

Pero, puestos a atraer a un público joven, no se entiende muy bien la elección de una adaptación teatral tan antigua como la de Hamilton Deane (1924) que, aunque es fiel al texto de Bram Stoker, resulta demasiado extensa y un tanto anacrónica ya que, sobre todo, esta versión incide en el enfrentamiento entre la ciencia, o lo que es lo mismo, el poder de la razón, y todo aquello que representa lo oscuro, lo exotérico, es decir, lo que se escapa de los márgenes de lo racional.

La puesta en escena, en su empeño por reproducir el ambiente gótico de la historia, se decanta por un tratamiento realista que, aunque reproduce un espacio escénico espectacular con una magnífica escenografía y un diseño de iluminación plenamente contemporáneo, abusa de algunos efectos manidos y grandilocuentes y, sin embargo, prescinde de otros que, como la música, resultan imprescindibles a la hora de potenciar sentimientos como el ambiente necesario para miedo.

Por otra parte la elección de cortar continuamente el relato con la figura del narrador, a pesar de la maestría con la que la tarea es asumida por Emilio Gutiérrez Caba, otorga un ritmo irregular a la puesta en escena y resta emoción al drama que, tal y como está tratado, en algunos momentos parece encaminarse hacia el terreno de la comedia mientras que otros se dirige hacia el género del cuento.

Lo curioso es que, a pesar de toda esa indefinición, la obra es capaz de atrapar al espectador en muchos momentos. Eso se debe, por una parte a la historia que, aunque archiconocida, posee una indudable riqueza en cuanto al manejo del suspense literario. Aunque sobre todo se debe a la magnífica labor de interpretación ya que, aunque el reparto resulta un tanto irregular, cuenta con la maestría de actrices de reparto como Amparo Climent y un protagonista como Ramón Langa que sabe preñar de inquietud a su personaje con una auténtica presencia escénica.

De la misma manera Emilio Gutiérrez Caba derrocha genialidad en su papel de científico que se rinde al esoterismo algo que, por cierto, también está de moda en estos tiempos.

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