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Mucho más dolor del necesario

Los psicólogos respaldan a la familia de Marta: no encontrar el cuerpo aumenta el sufrimiento

el 31 oct 2011 / 20:41 h.

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Antonio del Castillo y Eva Casanueva llegan a la Audiencia.

"No es una exageración de los abogados: los rituales funerarios son una necesidad muy arraigada del ser humano, es a partir de ahí cuando comienza la aceptación de la muerte. Si una familia no puede enterrar a un ser querido, superar ese dolor es más difícil", mantiene Jerónimo Acosta, responsable del área de Intervención en Emergencias del Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental, en línea con lo que el fiscal del caso Marta del Castillo y la acusación que ejerce la familia están defendiendo en el juicio por el crimen de la joven.

Este psicólogo experto en la elaboración del dolor ante pérdidas traumáticas, que no puede referirse a la familia de Marta, a la que no ha tratado y cuyo caso sólo conoce por la prensa, asegura en cambio que su experiencia sí le permite concluir que no encontrar el cuerpo les ha producido más dolor del necesario; que la forma de morir de Marta es la más traumática según las escalas que manejan los profesionales en psicología forense y que el juicio supone revivir ese sufrimiento.

Acosta explica que para superar una muerte hay primero que aceptarla: para ello el velatorio, los pésames, la misa, el entierro y todos los procesos de los que cada cultura la rodea son "una necesidad casi universal del ser humano". Una vez han aceptado la pérdida, los familiares deben seguir avanzando: asumir sus emociones, dándose permiso para sufrir, incluso para hacerse reproches o hacérselos al fallecido; y luego aceptar que esa persona ya no está en su mundo. El último paso es recolocar los sentimientos, aprender "no a llenar el hueco de la pérdida, lo que no ocurre, sino a reorientar los sentimientos hacia otras personas".

Para ejecutar esos rituales funerarios, la presencia del cadáver es algo absolutamente central, resuelve Acosta, que ejemplifica con que en los accidentes múltiples, en los que es difícil determinar de quién son los restos, las familias sufren mucho porque es imprescindible "saber que lo que enterramos es nuestro familiar, y no otro". Por eso, la falta del cuerpo puede anclar a la familia a este primer paso de las "tareas" que hay que realizar para elaborar el duelo, e impedirles avanzar.

No es el único lastre para la familia de Marta del Castillo. El profesor Acosta explica que una muerte inesperada es, lógicamente, mucho más traumática que otras en las que los allegados han tenido tiempo para despedirse e incluso elaborar un "preduelo", una primera adaptación al suceso, como ocurre cuando alguien muere muy anciano o tras una enfermedad. Pero incluso en las muertes inesperadas, Acosta cita la escala NASH, acrónimo con el que los profesionales de la psicología miden la intensidad del sufrimiento según la forma en la que se produce la pérdida: una muerte natural es la más sencilla de asumir, seguida de la accidental, el suicidio y el homicidio, la más dura de encarar.

Ante estas situaciones, no todo el mundo reacciona igual. "Depende de las circunstancias del fallecimiento, el tipo de relación con el fallecido, la personalidad, las experiencias previas...". Tampoco es un camino lineal: hay recaídas, pasos atrás y estancamientos. Y momentos en los que revivir la situación hace que las personas se retrotraigan a los primeros momentos de su pérdida: "En España nos ha pasado con el terrorismo. Las víctimas, cuando se enteran de que se ha producido otro atentado, suelen decir que es como si hubiera vuelto a ocurrir el suyo, reviven el estrés postraumático; y cuanto más parecido sea el atentado, más fácil es que se sientan así". En el caso de la familia de Marta del Castillo, escuchar una y otra vez el relato de la muerte durante el juicio puede producir esa recaída.

¿Pero asistir al juicio puede ayudarles a superar lo vivido, si se entiende como una especie de conclusión del crimen?. "Presenciar el juicio supone un cierto beneficio pero también muchas oportunidades de incrementar el dolor. Es necesario valorar con cuidado si a las familias les conviene, hay que sopesarlo mucho", asegura con cautela Acosta, que insiste en que la decisión depende de las circunstancias concretas de cada familia. En todo caso, de forma general sí cree que deberían ahorrarse "la exposición a la parte más cruda de lo ocurrido". En el juicio de Marta, por ejemplo, las detalladas descripciones de las supuestas violaciones que sufrió Marta se leyeron cuando los padres de la joven aún no podían estar en la sala al no haber declarado como testigos, aunque otros familiares sí estuvieron. Igual ocurrió con el relato del autor confeso, Miguel Carcaño, sobre cómo se produjo el crimen.

Y por último, ¿la familia puede esperar consuelo del juicio? Acosta considera que depende: "Si acaba de forma aceptable para ellos, sí. Pero nuestro sistema de Justicia, aunque ha avanzado mucho, se dirige más al castigo del delincuente que a la reparación del daño. Por eso, muchas veces las familias acaban frustradas, porque tienen unas expectativas más altas", advierte.

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