Cultura

Mucho más que un tesoro

el 12 oct 2009 / 19:23 h.

No le falta razón al arqueólogo Álvaro Fernandez Flores en despacharse a gusto con quienes han pretendido orillar su labor y la de los suyos tanto en los fastos -ni una mención expresa en los créditos del catálogo de la exposición del Arqueológico, sino sólo a su empresa...- como en los oídos sordos practicados desde Cultura para sus reivindicaciones.

Desde el año 2000 han venido excavando con metodología moderna lo que el profesor Juan de Mata Carriazo investigó como pudo nada más aparecer el Tesoro del Carambolo en 1958.

Y le han sacado tanto jugo científico al yacimiento que le han dado, ni más ni menos, que la vuelta a la tortilla: gracias a ellos sabemos, hoy, que no es un enclave tartésico per se, sino un santuario fenicio, una suerte de aldea almonteña con más de 2.500 años de historia en la que los colonos llegados del Mediterráneo echaron raíces y costumbres, entre ellas la de adorar a sus dioses, Baal y Astarté.

Si no hubiese sido por el gran trabajo de Álvaro Fernández y Araceli Rodríguez, su segunda al mando; y más aún: si no hubiese sido por los miles y miles de euros invertidos por el dueño del cerro, Gabriel Rojas, en su afán legítimo -porque nadie le advirtió de nada ilegal o inconveniente- por levantar un hotel en el cerro que incluyese cuanto se hallase, tenga usted por seguro, lector, que el yacimiento seguiría tapado y sin perspectivas de ser excavado.

El Carambolo no es sólo ese tesoro que a todos nos pone ojipláticos. Es mucho más: es un cerro que es una mina patrimonial que sigue guardando secretos sobre nuestro pasado. Y no merece acabar ninguneado porque Cultura y su dueño no se ponen de acuerdo -¿cuánto llevan así?- sobre su presente.

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