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Mucho más que una roca

el 26 jul 2010 / 19:50 h.

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Desde la calle Sierpes hasta la Main Street de Gibraltar hay exactamente 200 kilómetros. Los mismos que tendrá que recorrer si, en lugar de optar por bañarse en cualquiera de las maravillosas playas del litoral andaluz, decide sumergirse en las aguas llenas de piedras y erizos de mar de la colonia británica, allí donde la arena se torna cemento y la lengua de Shakespeare es torpedeada por la mutación del llanito.

¿Mucho más que una roca entonces? Muchísimo más. Si se aparca cualquier desvencijada reivindicación soberanista y se acepta que la Reina de Inglaterra es la dueña y señora de esta pequeña porción de tierra se podrá disfrutar de una de las excursiones más originales del verano.

Es cierto que los tópicos no han hecho mucho bien al Peñón y que más allá de unos monos, unos cartones de tabaco más baratos de lo habitual y dos o tres banderas británicas espurreadas por allí y por allá la imagen de Gibraltar no es especialmente sublime. Claro que, si se desobedecen los folletos turísticos al uso y deja uno al otro de la verja los prejuicios, la roca ofrece unos cuantos atractivos.

No piense que es cuestión de horas. Si quiere exprimir bien el lugar tendrá que reservar una habitación en cualquiera de sus... cinco hoteles. Si lo hace en el Caleta Hotel y no repara demasiado en su descolorida fachada podrá disfrutar de unas vistas de la bahía y saludar a España desde el lado oscuro.

Un desayuno típicamente british, un baño en una piscina llena de londinenses rebozados y una atención exquisita, pero eso sí, cien por cien inglesa, con un personal que finge no saber español son sus encantos más destacados. Serpenteando por las estrechas carreteras y calles del Peñón llegará a la Plaza Casemate, corazón de la city, con un par de cabinas rojas de teléfono debidamente situadas y un estilo que fusiona la arquitectura genovesa y la portuguesa (!).

Desde allí avanzará por una Main Street donde, sí, además de tabaco y alcohol, podrá adentrarse en tiendas de moda y tecnología que, en España, ni olerlas. El paseo comercial acaba en un encantador cementerio inglés lleno de avezados defensores del Peñón.


Si alguna vez ya subió a lo alto de la roca puede evitar volver a pagar el peaje y buscar a la caída de la tarde el paseo marítimo de la Eastern Beach, donde el 90% de los monos bajan a recibir su festín diario de manzanas y platanos. Antes habrá podido visitar un minúsculo pero encantador jardín botánico (Alameda Gardens) y, por dos libras, podrá conocer la reserva de animales exóticos -en periodo de reinserción en su hábitat natural- que se ubica bajo el Telecabina.

En la zona de Punta Europa, si no sale volando por el levante podrá tomarse una foto delante de la mezquita más grande de la península, Ibrahim-al-Ibrahim. Y muy cerca de allí, atravesando un tunel bajo el Peñón llegará a Marina Bay, que suena a playa con palmeras y tumbonas pero que en realidad es una calita llena de piedras y cemento. Sin embargo no encontrará otro lugar mejor en toda la costa occidental para practical el snorkel, o el noble deporte de observar toda clase de peces con un tubito de buceo. Antes de partir recobre fuerzas en el Restaurante Organic. Como no, en la Main Street.

DE UTILIDAD

Qué: Es aconsejable realizar la visita a Gibraltar entre semana para disfrutar de los comercios abiertos y padecer una cola menor en la aduana. Puede entrar con el carné de identidad en regla o el pasaporte.

Y además: Antes de ir acuda al supermercado Morrison's para montar luego en su casa la ‘semana inglesa'.

El idioma ‘llanito': He aquí algunos ejemplos prácticos de esta lengua híbrida: "Jennifer, let's go to your home a'sé los homeworks", "Illo, luego no'eshamo unas 'beers" y ‘Yo vivo en la last floor'. Para profundizar más en él se recomienda adquirir el Diccionario Llanito, donde, por escrito, se contemplan las posibles reglas del dialecto.

 

 

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