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Muere la mujer apuñalada por su ex en Huelva

Había sido amenazada de muerte pero no logró testigos para el juicio

el 19 mar 2010 / 21:04 h.

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Julia Madruga Benítez, vecina de Lepe de 56 años, se convirtió ayer en la décima víctima mortal de la violencia machista de 2010 (la tercera en Andalucía) tras fallecer de madrugada en el hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, después de ser apuñalada por su ex marido en la clínica privada Blanca Paloma mientras visitaba a su madre.

Julia se separó de Cayetano G.M., de 58 años -detenido y a disposición judicial tras ser curado de las heridas que se auto infligió-, hace diez años aunque hace cinco volvió a convivir con él "por pena" hasta que hace un año se separó definitivamente y tenía una nueva pareja. Desde entonces, él la había amenazado varias veces y el pasado verano llegó a agredirla, por lo que tenía una orden de alejamiento.
"Estaba muy celoso y nos temíamos que iba a pasar algo así", explicaron a Efe fuentes de la familia, que lamentó que las medidas judiciales no hayan sido efectivas. Una compañera de trabajo de la víctima en el Teléfono de la Esperanza, Ana María López, explicó que logró llevarlo a juicio por esta agresión pero no por las amenazas de muerte que le profirió porque "las personas ante las que él había manifestado su intención de matarla, cuando se celebró el segundo juicio no quisieron testificar".

El episodio ha consternado a la localidad de Lepe, donde 500 personas se manifestaron ante el Ayuntamiento -que ha declarado una jornada de luto oficial- y despertado dudas sobre la eficacia de las órdenes de alejamiento, después de que el miércoles en Torredonjimeno (Jaén) un joven de 21 años, que también tenía una orden de alejamiento en vigor y ya detenido junto a otro, tiroteó a su ex pareja y al actual novio de ésta y dejó a ambos heridos, y ayer fuera arrestado en Almería otro hombre por violar esta orden al personarse en el domicilio de su ex y amenazarla.

La consejera de Igualdad, Micaela Navarro, reconoció la dificultad de "prevenir" porque "las órdenes de alejamiento se rompen en segundos", y el delegado contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, instó a los jueces a imponer más las pulseras GPS.

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