Cultura

Mujer y cuerdas

Sara Rosique y el guitarrista albaceteño Alberto Plaza presentaron un interesante expositor de las tendencias en la canción española de los siglos XIX y XX.

el 28 ago 2014 / 20:26 h.

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Lejos parecen los tiempos en los que Sara Rosique entonaba música medieval y renacentista en perfecto estilo y rigor casi academicista. No han pasado tantos años, su juventud se lo impide, y la hemos visto y escuchado evolucionar y expandirse por otros cantares de otras épocas y estilos, manteniendo siempre ese rigor que evita adornar e inventar ahí donde la memoria histórica no lo aconseja. Su línea de canto en apariencia homogénea se adapta perfectamente y con saludable intención a cada género que aborda. Lástima que esa evolución, acompañada de su correspondiente madurez, no haya ido pareja a un enriquecimiento de su puesta en escena, que se mantiene estática y lánguida, y eso que su inmarchitable belleza ayudaría considerablemente a pulir tal carencia. Acompañada por el guitarrista albaceteño Alberto Plaza, presentaron un interesante expositor de las tendencias en la canción española de los siglos XIX y XX. Con Felipe Pedrell como visagra entre dos formas distintas de cultivar el género, a las seguidillas de Salvador Castro de Guistau, teórico y gran difusor de la guitarra a principios del diecinueve, le faltaron esa pizca de gracia que la sangre gaditana de la soprano no debería ahorrarle, muy evidente en No creas en ofertas de los amantes, aunque mantuvo una línea segura sólo ensombrecida por puntuales tiranteces. Mejor encajaron en su refinado estilo las también seguidillas en cierto modo belcantistas de Fernando Sor, que Plaza solventó con un perfecto equilibrio y las justas ornamentaciones, tal como quedó patente en Las mujeres y las cuerdas. Apenas se atisbó el toque flamenco que inspiró la música del considerado padre del nacionalismo musical español; no obstante las breves pero intensas Canciones arabescas de Pedrell tuvieron una embajadora digna y una excelente ocasión para el lucimiento de Plaza al toque de la guitarra clásica. La vocación y proyección internacional de Albéniz casó bien con el estilo austero, preciso y magníficamente fraseado de Rosique, completado con un buen trabajo de la guitarra transcrita, mientras a las Canciones populares españolas de Falla les faltó mayor incisividad expresiva, por mucho que la cantante paladease la emblemática Nana. Los habituales aplausos al final de cada canción no sólo rompen la unidad de cada bloque sino que algunos en su impetuosa generosidad impiden que la música respire antes de languidecer. SARA ROSIQUE Y ALBERTO PLAZA *** XV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Sara Rosique, soprano. Alberto Plaza, guitarras clásica y romántica. Programa: La canción española del XIX al XX (obras de Guistau, Sor, Albéniz, Pedrell y Falla). Miércoles 27 de agosto de 2014    

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