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Mujeres globales, trabajadoras idénticas

Cuando paseo, suelo reparar en las pintadas de las paredes. En su variedad, las hay graciosas y con maldita la gracia, poéticas, profundas y absolutas chorradas? y luego están las íntimas, las dirigidas a alguien en concreto. Éstas son las mejores, porque nadie...

el 15 sep 2009 / 23:37 h.

Cuando paseo, suelo reparar en las pintadas de las paredes. En su variedad, las hay graciosas y con maldita la gracia, poéticas, profundas y absolutas chorradas? y luego están las íntimas, las dirigidas a alguien en concreto. Éstas son las mejores, porque nadie puede impedir que las creamos dirigidas a nosotros. Cada día, camino del trabajo, leo, en azul sobre una pared blanca, "buenos días, princesa". Siempre respondo, y se me alegra momentáneamente la mañana. Pero, en realidad, quería hablar de otras pintadas, de las que son una reivindicación: "Dame un suerdo digno, maldito hijo de puta". Sin comentarios. O "Más discotecas y menos hipotecas", reproducida con profusión por el Centro. Y me he puesto a pensar cómo encajar en una pintada los datos de la última Encuesta de Población Activa: en España, la tasa de hombres desempleados es de un 12,96%; la tasa de mujeres es de un 15,14%.

Cómo se podría recoger en una pintada los efectos de una crisis provocada por la globalización de las políticas neoliberales, que han fundamentado la economía en el principio de la ganancia a toda costa, convertida en un fin en sí misma y desprovista de ética, que tiende a considerar un entorpecimiento todo proyecto de desarrollo humano.

Por eso, porque son tantos los seres humanos afectados, el 30 de octubre de 2008, François Houtart -fundador y presidente del Centre Tricontinental y profesor emérito de Sociología de la Université Catholique de Louvain-, en su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, calificó la presente situación de "crisis de civilización", entendiendo por tal una crisis de múltiples caras -financiera, alimentaria, energética, hídrica, climática, social-, todas ellas interconectadas, en la que las consecuencias sociales son escalofriantes: 850 millones de personas viven por debajo de la línea de la pobreza, mientras desaparecen cada día cientos de miles por hambre, a la vez que lo hacen etnias, modos de vida y culturas, poniendo en riesgo así el patrimonio de la humanidad.

Cómo recoger en una pintada la convicción de que, como siempre, a nivel global, el viejo dicho "las mujeres y los niños, primero" adquiere un sentido perverso. Seremos, estamos siendo las mujeres quienes sufrimos antes y en mayor proporción los efectos de esta crisis. Porque a los datos públicos, que ya hablan de esa desigualdad, hay que añadir los ocultos. Porque, según los expertos, la violencia estructural del sistema económico neoliberal ha creado un nuevo modelo de trabajadora globalizada, caracterizado por el acceso al llamado trabajo informalizado: inestable, no sujeto a horarios, mal pagado, desarrollado en condiciones poco seguras y sin prestaciones sociales. Todo esto el propio mercado lo vende como un avance en la medida en que, dicen, la trabajadora goza así de flexibilidad laboral. A estos rasgos se pueden añadir otros, como los de trabajadora genérica y trabajadora invisible y gratuita. Castell explica que la trabajadora genérica es aquélla que, asignada a una tarea concreta, sólo recibe y ejecuta órdenes y no incorpora conocimiento al desarrollo de su trabajo. En cuanto a la trabajadora invisible y gratuita, los llamados planes de Ajuste Estructural, encaminados a reducir gastos sociales, provocan un incremento del trabajo gratuito de las mujeres, que deben asumir labores asistenciales que antes asumía el Estado, tales como guardería, atención a discapacitados y mayores, etc. Con ello, las jornadas laborales de las mujeres se hacen interminables y su trabajo, gratuito y en el seno del hogar, invisible. (Más pintadas, ésta leída en internet: "Manolo, la cena esta noche te la haces tú solo").

Así pues, trabajadora informalizada, genérica, invisible y gratuita. Esta forma de trabajar también está siendo impuesta a los varones, pero ni mucho menos de forma generalizada y, sobre todo, no suele coincidir en un solo varón más de uno de estos rasgos, mientras que si nos referimos a las mujeres, sea cual sea nuestra profesión, todas gozamos de flexibilidad laboral para desempeñar nuestro segundo trabajo, el invisible y gratuito.

Y es que asistimos a una renovación del pacto histórico entre patriarcado y capitalismo; y si de patriarcado hablamos, ya sabemos lo que nos toca a las mujeres?Victoria Sendón aclara qué le interesa del viejo sistema patriarcal al neoliberalismo: el modelo de dominación, que se asienta en la opresión de las mujeres, la agresión a la Naturaleza y la solución de los conflictos por la guerra.

En fin, que me quedo con otra pintada, también leída en internet: "Enmujerecer es ir hacia delante". A ver cuándo el DRAE recoge la nueva palabra. Yo estoy dispuesta a proponer definiciones. Enmujerecer: acción y efecto de mirar el mundo con ojos de mujer; propiciar valores de solidaridad y cooperación frente a los valores del mercado de competitividad y productividad; sustituir el valor del desarrollo económico, creador de desigualdades, por el valor de uso, respetuoso con los derechos humanos.

Para cuándo un sistema globalizado que acabe con la feminización de la pobreza, con la feminización de la supervivencia, con la mundialización de un modelo de trabajadora idéntica en su sobreexplotación. Un modelo guiado por valores y saberes de los tradicionalmente femeninos, tales como la solidaridad y la cooperación. Ésa sí que sería la gran refundación del sistema.

Pura Sánchez es profesora de Enseñanza Secundaria e investigadora

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