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Cultura

Mundo, demonio y carne

Los sectores más mojigatos advierten de que la cristofobia campa en España por sus respetos, pero es una falsa alarma. Un vistazo a las novedades editoriales revela que sólo se trata de una ligera inclinación del lector por materias consideradas tradicionalmente como pecaminosas.

el 15 sep 2009 / 21:57 h.

Los sectores más mojigatos advierten de que la cristofobia campa en España por sus respetos, pero es una falsa alarma. Un vistazo a las novedades editoriales revela que sólo se trata de una ligera inclinación del lector por materias consideradas tradicionalmente como pecaminosas, y -por decirlo a la manera de los Stones- una pizca de simpatía por el diablo.

Mientras el sello Cátedra vuelve a editar, a todo lujo y en tapa dura, las inagotables Flores del mal de Baudelaire, la joven editorial Augur Libros lanzaba uno de los más felices rescates de los últimos años: el Gaspar de la noche de Aloysius Bertrand, maestro reconocido no sólo del propio Baudelaire, sino de escritores más recientes como Roberto Bolaño, y considerado por muchos precursor del poema en prosa. Autor de este único título, descatalogado en nuestro idioma desde hace años, quiso que su protagonista fuera el Maligno en persona, el mismo que inspiró a Ravel un célebre tríptico de piano con el mismo título.

Poco después de que llegara a las librerías el voluminoso ensayo El Demonio en el Cine. Máscara y Espectáculo (Valdemar), veía la luz en la misma editorial una nueva y hermosa versión de La maldición de Hill House, la obra más conocida de la escritora Shirley Jackson, que tiene como escenario una casa poseída por el demonio. Dicha novela ha inspirado nada menos que cuatro películas, las dos más recientes protagonizadas respectivamente por Paris Hilton y Catherine Zeta-Jones.

Por su parte, la pujante editorial Melusina ha lanzado recientemente el grueso volumen Su Satánica Majestad, Aleister Crowley, que explica la vida y el legado del iluminado poeta, novelista y experto en temas esotéricos británico, que hasta su muerte en 1947 fue considerado uno de los más fieles y populares servidores de Satán, hasta el punto de rebautizarse como La Gran Bestia 666. Escribió el Libro de la Ley -considerada una de las más prestigiosas biblias negras-, preconizó el "haz lo que quieras" e incluso fue inmortalizado en una canción del rockero Ozzy Osbourne.

Los interesados en esta controvertida figura pueden asomarse también a las respetables 864 páginas de La Gran Bestia: vida de Aleister Crowley, ensayo de John Addington Symonds que vio la luz unos meses atrás en el sello Siruela. Por si fuera poco, el mismo personaje aparece como protagonista de Pasajeros en la niebla (Ediciones B), novela de Monserrat Rico Góngora que narra un improbable encuentro del satanista con Fernando Pessoa, conocido esoterista y creador, dicho sea de paso, de un libro titulado La hora del diablo.

Desinhibidos. Pero si ha habido durante siglos un ámbito propicio para servir de escondite a Belcebú, ése ha sido sin duda el del sexo. Y aunque todavía pesan no pocos tabúes en la industria editorial, puede decirse que esta temporada habrá una auténtica avalancha de títulos desinhibidos al respecto.

La misma editorial Melusina, que unos meses atrás lanzó el curioso ensayo Sexografías, de Gabriela Wiener -un delirante viaje de la autora desde los clubes de intercambios de parejas a una visita a la alcoba de la estrella del porno Nacho Vidal- persevera en esta línea con la reciente presentación en Barcelona de Porno para mujeres, de Erika Lust.

Esta joven sueca, afincada en la Ciudad Condal, se propone en este prolijo texto explicar las claves del divorcio entre el cine porno y el público femenino, en una amena combinación de sociología, psicología e historiografía. La propia Lust, dispuesta a predicar con el ejemplo, figura como la primera directora del género específicamente dedicada a las espectadoras.

Finalmente, cabe destacar la aparición de Erótica mix, la desenfadada primera novela de Pep Blay, conocido hasta ahora como biógrafo oficial de Enrique Bunbury entre otros músicos. Subtitulada Cuatro historias de sexo y música, narra la peripecia de personajes muy distintos, unidos por la melomanía y con unas gotas de lujuria en clave de intriga negrocriminal.

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