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Murciélagos, hurones, erizos, chinchillas, sapos, serpientes... y demás mascotas

Los veterinarios se quejan de que la gente no sabe tratar a estos animales y los abandonan.

el 09 oct 2014 / 12:00 h.

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Patricia Ruiz con su mascota, un erizo africano de nombre Trufa. / L.R. Patricia Ruiz con su mascota, un erizo africano de nombre Trufa. / L.R. Por Lupe Rangel. ¿Una cobra? Eso no es nada. Cada vez hay más personas que eligen como animal de compañía una especie exótica, si consideramos exóticos aquellos animales de compañía que no son perros ni gatos. Por las clínicas veterinarias de Sevilla han pasado conejos, garzas, erizos, iguanas, serpientes, hámster, hurones, tortugas, lagartos, loros, periquitos, murciélagos de la fruta, petauros del azúcar y el wallaby de Bennet, entre otros. «Suele ser gente joven la que tiene este tipo de animales de compañía», señala el veterinario Ramón Pérez, que destaca que se han puesto de moda los roedores, como las chinchillas o las cobayas, y los erizos. «Cada vez viene más gente buscando comida de ratas», apunta Paula Blanca, de la tienda Animaladas. Ella tiene dos cobayas, Pepa y Fresa. «Suelen vivir entre 5 y 6 años. Son muy sociables y hay que cepillarlas mucho, sobre todo a Fresa, que al tener el pelo largo se le hacen muchos nudos». El erizo africano también es otro de los animales que se han puesto de moda últimamente como mascota. El de Patricia Ruiz, de nombre Trufa, cumplirá dos años en noviembre. «En invierno necesita calor, así que tiene una manta térmica en el fondo de la jaula». El veterinario Amable Sánchez muestra un sapito de vientre de fuego. / L.R. El veterinario Amable Sánchez muestra un sapito de vientre de fuego. / L.R. La clínica veterinaria Dirus también destaca que hay muchos roedores como animales de compañía. De hecho, entre sus servicios también tienen una especie de hotel para conejos, erizos, chinchillas o cobayas mientras sus dueños están de vacaciones. Pero también señala Teresa Llona, su directora, que «hay gente que tiene como animal de compañía animales que no son de compañía». Por eso, Amable Sánchez, el veterinario especialista en animales exóticos de la clínica opina que su trabajo «no debería existir, porque la gente no debería tener animales exóticos en sus casas». Él señala que los principales problemas con los que se encuentra son causados por un manejo inadecuado. «La mayoría de estos animales está fuera de lugar en una casa y habitarles un espacio idóneo es más caro que el propio animal, y mucha gente no lo hace», apunta. Según él, muchos se tienen por capricho, por afán de exclusividad, sin pensar en lo que implica tener ese animal en casa. Sostiene que existe una gran desinformación por parte del propietario y destaca dos problemas en cuanto a animales exóticos. El primero es que no se provee a estos animales de todo lo que necesitan. «La mayoría de los que me traen vienen con enfermedades crónicas producto de un mal manejo». El otro es el abandono y el consecuente riesgo para la salud, de las personas y de los animales autóctonos. Ese es el caso de la tortugas de Florida, la cotorra argentina y la cotorra de Kramer, que desplazan a las colonias autóctonas. Por ello, el veterinario recomienda sopesar los gastos, el manejo que necesitan y la esperanza de vida de estos animales antes de comprarlos. “Hay loros que pueden vivir hasta 80 o 100 años», apunta. «Aquí también nos llama mucha gente que quiere deshacerse de sus animales» y las razones que dan son o bien económicas, o se cansan de ellos, o bien llega un punto en el que les incomodan. Por ejemplo, las ranas, que pueden costar sobre 12 euros en cualquier tienda de animales, después necesitan unas condiciones adecuadas para sobrevivir. Luz artificial, fuente de calor y una fuente que depure y renueve el agua. Todo eso conlleva un gasto de electricidad permanente en una casa y una rana puede vivir entre 25 y 30 años. Pero señala además que no se trata solo del precio del animal y de sus gastos de mantenimiento, sino también los gastos del veterinario. «El precio de la consulta y el tratamiento de uno de estos animales puede llegar a ser decenas de veces más caro que el propio animal», indica. Por eso, a menudo se produce una «incongruencia, porque el propietario hace un esfuerzo económico para conseguir el animal y se piensa que ya no va a tener más gastos». De hecho, señala que lo primero que preguntan los clientes cuando llaman para una consulta es cuánto cuesta. Así, insiste en «nada de compras por impulso y que no se olviden que son seres vivos, a los que hay que cuidar y querer».

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