Cultura

Murillo: de vuelta a los orígenes

El Museo de Bellas Artes acoge la exposición 'El joven Murillo', que en sus primeros días ha congregado a un gran número de visitas.

el 19 feb 2010 / 21:06 h.

Los sevillanos pueden visitar hasta el próximo 30 de mayo la que con toda seguridad será la gran exposición de la temporada: El joven Murillo. Procedentes de Bilbao, donde ha recibido más de 74.000 visitas entre los días 19 de octubre y 17 de enero, llegan al Bellas Artes42 obras de la juventud y primera madurez del pintor sevillano, más una veintena de lienzos, propiedad de la  pinacoteca hispalense.

La muestra cuenta con piezas prestadas por el Museo del Louvre, el Bellas Artes de Valencia, el Ayuntamiento de Glasgow, el Instituto de las Artes de Detroit, el Prado, la Fundación Focus y un largo etcétera, ya que la producción de Murillo se caracteriza por estar muy dispersa geográficamente.

El comisario de la exposición, Benito Navarrete, destacó ayer en la presentación que “este proyecto intenta desmitificar la imagen de un artista que ha sido maltratado por la crítica”, debido a que ésta se ha banalizado en demasía a pesar de tener “una obra muy comprometida socialmente”.

El recorrido de esta muestra se expande a lo largo de siete módulos. Primeras obras es el inicio. En este punto están los primeros lienzos de un joven Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). Sobresale el Autorretrato, única pieza en la que se le puede contemplar de joven, importante también en lo artístico por su calidad pictórica. También está presente –por partida doble– una de las primeras pinturas conocidas del autor, La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo. Se trata de la primera versión, realizada para el colegio dominico de Santo Tomás y una segunda de unos cuatro años después en la que se pueden apreciar cierta evolución, como la dulcificación de los personajes. Sin embargo, en ambas mantiene la influencia de sus referentes artísticos de juventud: Zurbarán, el flamenco Juan de Roelas, Martínez Montañés y su maestro, Juan del Castillo.

A continuación se propone la parada en El claustro chico, donde se muestran por primera vez seis lienzos que fueron parte del primer gran encargo a Murillo, para el antiguo convento de San Francisco. Estas obras significaron la consagración del artista. San Salvador de Horta y el inquisidor de Aragón y San Diego de Alcalá en éxtasis ante la cruz , como el resto de la producción de este apartado, predican los ideales de vida de la orden mendicante de los franciscanos.

El tercer módulo es la contestación pictórica a la crítica de que Murillo fue “un pintor de Inmaculadas y de Sanjuanitos”, tal y como rechaza el comisario. En ella resalta El joven mendigo, primer cuadro de tema profano en la producción del pintor. La imagen muestra un muchacho en un rincón que evoca a los protagonistas de la picaresca.
La siguiente sección, Los lienzos monumentales, reúne cinco obras, entre las que destacan José y la mujer de Putifar, una de las más influenciadas por la pintura de Flandes; y La Santa cena, uncuadro en el que se tiene casi la certeza de que el artista se autorretrató como San Juan.

Continuando con la didáctica propuesta de recorrido, la quinta zona a contemplar es La infancia de Cristo, cuya visión permite comparar obras de juventud y madurez del autor, es decir, ver su evolución en el manejo del pincel. Así ocurre con La Virgen del rosario y Huida a Egipto, de los que se muestran diferentes versiones del propio Murillo. El cuadro más célebre de los incluidos en este módulo es Sagrada familia del pajarito, que muestra a un afable niño Jesús jugando con un pájaro y un perro mientras San José le abraza y la Virgen observa la estampa. El concepto narrativo, así como el juego de suaves contrastes entre luces y sombras, hacen de este lienzo un hito en la producción del artista.

El apartado con mayor intensidad expresiva seguramente sea María Magdalena y Santa Catalina de Alejandría, cuyo valor principal –aunque el artístico sea indudable– reside en que se exponen en España por primera vez desde tiempos ha. Como logro de quienes hacen posible esta exposición, destaca el retrato de medio cuerpo de Santa Catalina, que tras ser expoliado en la invasión napoleónica pasó por diferentes colecciones y atribuciones.

Como colofón final, siete pinturas muestran la faceta más conocida de Murillo en Visión, éxtasis y santos penitentes. De un estilo más tenebroso, cabe observar cómo recupera el rostro de su venerado San Francisco para representar a San Lesmes en la obra homónima, un santo de devoción algo limitada en Sevilla.

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