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Mutantes de hace dos décadas

el 26 ago 2010 / 06:51 h.

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Allá por principios de los setenta, los mutantes no eran ni de lejos la rentabílisima franquicia de múltilples series que hoy conocemos. Con tan sólo una cabecera, la correspondiente a la Patrulla-X, la casa de las ideas veía cómo el interés del público por los destinos del Profesor X, Cíclope, Jean Grey o el Hombre de hielo había disminuido hasta unos límites insostenibles. Ése fue el momento elegido por Marvel para relanzar la serie con un equipo creativo totalmente diferente. Vería así la luz el mítico Giant Size X-Men, un cómic guionizado por Len Wein y dibujado por Dave Cockrum en el que nuevos personajes como Coloso, Lobezno o Tormenta se incorporarían a las filas de la alineación mutante.

Pero el cambio realmente decisivo estaba aún por llegar, ya que tan sólo un número después, en el correspondiente al 94 (según numeración americana), un nuevo y joven guionista desembarcaría en la serie. Su nombre, Chris Claremont. Como se suele decir, los mutantes ya nunca volverían a ser los mismos.
Con tan sólo 26 años (y una brevísima trayectoria), Claremont arrancaba con el citado número una prolífica etapa que le llevaría a permanecer como máximo responsable del destino de los mutantes durante 15 largos años, tres lustros en los que el inglés conseguiría el favor continuado de los lectores hasta llevar a los Hombres-X al éxito que hoy conocemos, con sagas tan sumamente reconocidas como la de Fénix Oscura (la mejor que el escritor llevó a concretar en su larguísima estancia).

Pero conforme los 80 daban paso a los 90, el desgaste de Claremont y sus diversos desencuentros con la cúpula directiva de Marvel provocaron que, tras relanzar de nuevo a los personajes en uno de los cómics más vendidos de la historia, el X-Men nº 1 dibujado por Jim Lee, decidiera dejar la serie una vez cerró su primer arco argumental.
Dicha decisión dejó huérfanos a una legión de lectores incondicionales que ahora, casi 20 años después, tienen la rara oportunidad de asistir al regreso de su escritor favorito a la serie, y de una manera que antes habría sido impensable.

Pero claro está, los tiempos han cambiado y Joe Quesada (editor en jefe de Marvel) sabe lo que los lectores piden, y la premisa de partida de estos X-Men Forever lo deja bien claro: Claremont regresa a una colección que arranca allí donde lo dejara tras el tercer número de 1991 bajo una única condición: hacer lo que le venga en gana con los personajes sin tener que estar sujeto a ningún tipo de continuidad.

El resultado, que Tom Grummet ilustra con su inconfundible estilo, mantiene las virtudes (el estado de perpetuo movimiento de la acción) y los defectos (esos interminables diálogos y las eternas subtramas) de un autor que, mal que les pese a muchos, es un puntal ineludible a la hora de hablar de los cómics Marvel.

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