Local

Nación Prozac

La prestigiosa y conservadora revista The Economist, en su número extraordinario dedicado a las tendencias y previsiones para el año 2008, publica un sugerente artículo titulado La segunda transición. Su corresponsal en Madrid opina que al igual que la primera transición española...

el 14 sep 2009 / 21:43 h.

La prestigiosa y conservadora revista The Economist, en su número extraordinario dedicado a las tendencias y previsiones para el año 2008, publica un sugerente artículo titulado La segunda transición. Su corresponsal en Madrid opina que al igual que la primera transición española, más allá del paso de la dictadura a la democracia, consistió en un proceso de modernización impulsado por los gobiernos socialistas en los ochenta; ante problemas actuales como la burbuja inmobiliaria, los costes salariales, el terrorismo, la rigidez laboral o un sistema educativo que hace aguas, es imprescindible una segunda transición. Un nuevo proceso de modernización que ha de iniciarse tras las próximas elecciones de marzo, para las que pronostica una victoria de Zapatero.

Es probable que para los españoles este argumento de la segunda transición haya dejado de ser atractivo, ya ha sido manoseado en el pasado. No obstante, les invito a que aprovechemos este recurso periodístico para enfrentarnos a lo que algunos ya denominan atrevidamente un cambio de paradigma en la forma de entender la política y la economía. Es evidente que existen nuevas fronteras intelectuales. Conceptos emergentes como democracia 2.0., el nuevo poder de ciudadanos con un simple ordenador y una línea telefónica. Preocupaciones nuevas sin nacionalidad, que son también oportunidades, como el cambio climático. Mercados interconectados 24 horas en la economía global. O la llamada wikinomics o la long tail, economías de colaboración abierta, que cruzan fronteras, ideas y culturas, como redes anónimas, masivas y autoorganizadas, que intercambian información y recursos. Una nueva democracia económica, que, de hecho, ya ha empezado a afectar a la concepción clásica de sociedad del bienestar.

Fenómenos emergentes, incompatibles con el abuso de la catástrofe como arma electoral escasamente creativa. O de aquellos cuya imaginación política acaba en los límites del gasto público, los mismos que se jactan de propuestas que nacen viejas. El debate ha superado las normas y efectos de estructuras políticas escasamente participativas en la elección de programas y candidatos. Algunos tienen la tentación de entender la política como una droga de la felicidad, pero la cruda realidad no es tan complaciente. Es hora de hablar de cara a los problemas, de ser conscientes de los nuevos fenómenos sociales, de evitar confundir unas elecciones con un síndrome de abstinencia social que exige vanas promesas.

No podemos convertirnos en una nación prozac. Hay que recuperar el espíritu de ese laboratorio permanente de alternativas que fueron los socialistas en los ochenta. Hay que exigir una verdadera cultura de innovación, políticas inteligentes, sensibilidad ante las nuevas tendencias. Una verdadera segunda transición. Un nuevo ejercicio de madurez colectiva que nos posicione en el mundo, ante el futuro, de forma valiente, constructiva y solidaria. Una nueva oportunidad para políticos con voluntad de liderar la transformación que ya está ocurriendo.

Gonzalo Suárez Martín es abogado

  • 1