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Deportes

Nadal en Sevilla es una maravilla

el 04 dic 2011 / 16:27 h.

Rafael Nadal, como estaba predestinado, fue el encargado de conquistar el punto que otorgó a España su quinta Ensaladera. El balear abrió la eliminatoria ganando el viernes a su amigo Juan Mónaco y también la cerró ayer, a eso de las 17.20 horas, con un sufrido triunfo ante Juan Martín del Potro por 1-6, 6-4, 6-1 y 7-6 (0) tras cuatro horas y ocho minutos.

El Estadio de La Cartuja, que fue testigo de su primera gesta en Copa Davis hace ahora siete años, cuando le birló un punto al estadounidense Andy Roddick, le debía el honor de ejercer de héroe y el mallorquín no falló, emulando a su paisano Carlos Moyá al hacer efectiva su condición de número uno del equipo español.

Nadal encadenó su vigésima victoria consecutiva en la competición, aunque para ello debiera dejarse en el camino su primer set en sus últimas diez apariciones, desde que otro estadounidense, Sam Querrey, le ganara la primera manga en una serie de cuartos de final disputada en Madrid (2008).

Como aquel día, el número dos mundial comenzó perdiendo ayer en Sevilla. Y de qué manera. Del Potro salió enchufadísimo al partido, consciente de que su chance pasaba por sorprender a Rafa de inicio y tratar de desbordarlo en tres sets, misión obviamente casi imposible. Pero el caso es que el de Tandil logró su propósito de entrada a pesar de ceder su saque en el arranque con dos dobles faltas seguidas.

Repuesto de ese lapsus, el argentino comenzó a desplegar un juego de muchos quilates, lanzando obuses a diestra y siniestra sin que el balear encontrara respuesta e incomodando a Nadal con su saque. El de Manacor, de hecho, no fue capaz de conservar su servicio y tan sólo tuvo una ocasión para blindarlo, pero es que el rival no perdonaba y, en estado de gracia permanente, le entraba todo, incluso si era preciso con la ayuda de la red, que le benefició hasta en media docena de ocasiones en un set que se anotó con mucha claridad en los guarismos (6-1) aunque con no tanta si se tiene en cuenta que ello le llevó una hora y un minuto, duración exagerada para tan desnivelado duelo.

Como ante Ferrer, el tiempo iba a jugar siempre a favor del mallorquín, pero para ello era imprescindible que Nadal detuviera el vendaval del albiceleste y sacara a relucir sus mejores golpes, desaparecidos por completo en esa manga inaugural.

El arranque del segundo set fue desalentador, con nuevo break y encima en blanco para el de Tandil, pero en el juego siguiente llegó al fin el punto de inflexión cuando Delpo, que se aprestaba a abrir brecha con un 40-0 tras un ace y una dejada de manual, se topó con el resurgir de Nadal, que le hizo cinco bolas consecutivas, no dejando pasar la oportunidad de rotura como tantas veces, hasta siete, había hecho en el set anterior.

Con el equilibrio de fuerzas, el balear empezó a sacar por fin con efectividad y logró mantener su servicio por vez primera, a la quinta. Y no sólo eso, pues a partir de ahí cogió confianza y se hizo inexpugnable al servicio, que ganó tres veces seguidas en blanco para rematar la manga con un segundo break (6-4).

El juego del español iba creciendo de forma exponencial mientras aparecían sus característicos passings y la solvencia al saque permanecía intacta. Del Potro apenas sumó un punto al resto en una tercera manga de paseo militar para Nadal.

Con dos sets a uno a favor y Del Potro dando señales de que se le iban apagando las pilas, todo parecía decantado y ya nadie dudaba de que el título se iba a quedar en casa. Pero aún iba a tener que sudar el número uno español, que de repente perdió su solidez con el cuarto set enfilado (2-0) y a resultas de un feo gesto de la hinchada argentina, que debió pensar que "de perdidos al río" y empezó a armar un bullicio inaceptable.
En su perfecto derecho de animar y en este caso reanimar a su representante, efecto que lograron de inmediato, lo que no entra en los cánones de la deportividad es molestar el saque del oponente, cosa que descentró y mucho a Nadal hasta el punto de pasar de barrer con su servicio a cederlo en tres ocasiones consecutivas. Dicho sea que también porque Del Potro halló el estímulo para ofrecer su versión original, soltando el brazo con una virulencia desarmante.

‘WARNING'. El argentino se colocó entonces con 5-3 a su favor y con opciones de forzar el quinto set, pero entre que le tembló el pulso con una inoportuna doble falta y que Nadal recuperó el brío y la serenidad, no supo cerrar el parcial y luego el manacorense tiró de oficio para conservar su saque otra vez en blanco, curiosamente después de que el juez de silla, Pascal Maria, advirtiera a Argentina con un warning que calló a la hinchada visitante.

Tras restablecer la equidad, Nadal rompió por cuarta vez en la manga el saque a su oponente, pero éste supo devolverle la moneda y llevar el asunto hasta la muerte súbita. Ahí, Nadal volvió a ser la bestia y se comió a un Del Potro agotado y al que incluso, por una vez, le jugó una mala pasada la cinta.

Un 7-0 inapelable dio la victoria a Nadal y con ella el tercer punto a España en una final que quedó así zanjada, dado que al estar decidida y haberse disputado a cuatro sets el punto decisivo, la normativa dicta que el último punto no hay que disputarlo. Un alivio para Ferrer y para todos.

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