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Cofradías

"Nadie en su sano juicio sacaría los pasos del Cerro solo por afición; algo hay detrás"

Marcelino Manzano (Sevilla, 1972) presume de ser un «cura capillita». Sobre la espalda del párroco de San Vicente acaba de recaer el peso de una de las delegaciones más comprometidas de la Archidiócesis.

el 24 jun 2014 / 21:46 h.

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Sevilla 24/06/29014 Entrevista a Marcelino ManzanoFOTO: Pepo Herrera Marcelino Manzano, nuevo delegado de Hermandades, posa ante una de las puertas de San Vicente. / Pepo Herrera   La suya es una de esas vocaciones sacerdotales que germinaron, entre limpieza de plata y retiros, al calor de una casa de hermandad. No lo puede negar. Marcelino Manzano (Sevilla, 1972) presume de ser un «cura capillita». Hasta la melodía del móvil (sones de agrupación con la marcha ¡Oh Bendita Estrella!) le delata. Sobre la espalda del párroco de San Vicente acaba de recaer el peso de una de las delegaciones más comprometidas de la Archidiócesis.                                                                                                                                                                           No conozco a ningún cofrade que no se haya alegrado de su nombramiento. La verdad es que estoy abrumado del cariño y las felicitaciones que estoy recibiendo, incluso de muchas personas que no conozco personalmente, pero bueno, en el mundo cofrade todos somos hermanos. Lo cual me crea un gran sentido de responsabilidad respecto a este cargo, que lo único que pretende es servir al señor arzobispo en su labor pastoral y también a todas las hermandades, directores espirituales y párrocos. Es una labor grande porque en la Archidiócesis hay prácticamente 600 hermandades y además suponen el gran tesoro del apostolado seglar y de los cristianos en nuestra tierra. La responsabilidad es grande, pero con el cariño de las personas y, sobre todo, con la gracia de Dios, que es lo más importante, creo que llevaremos adelante, a partir de septiembre, esta labor. Espero estar a la altura del listón que ha dejado Manuel Soria, a quien agradezco la labor que ha hecho, y continuar muchas de las líneas pastorales que él ha iniciado al frente de la delegación. ¿Le molesta que se le cuelgue el cartel de cura cofrade? No, no. Yo siempre me he considerado cofrade y he ejercido como tal. Nunca lo he ocultado. Creo que es un rasgo positivo que un sacerdote tenga esa sensibilidad con las hermandades. La tienen casi todos los sacerdotes, pero por mi historia personal y cristiana yo siempre he encontrado en las hermandades un cauce de mi fe personal y e mi vocación sacerdotal. A mí no me molesta, al contrario, para mí es un orgullo que se me llame así. El otro día me aludía Paco Robles como cura capillita, y yo le respondía “por la gracia de Dios”. En ese concepto positivo del capillita como persona que valora esta faceta de la piedad popular que son las cofradías. No me molesta para nada. Al contrario. ¿Podría decirse que el arzobispo ha buscado con su perfil un acercamiento, un guiño, a las hermandades? Bueno, pero no solamente pasa conmigo. El señor arzobispo lo hace con todas las delegaciones, todas las facetas pastorales y todas las parroquias. Siempre busca lo mejor para los fieles y en este caso ha considerado que yo puedo serlo. Seguramente habría otras opciones, incluso mejores, pero por muchas circunstancias a lo mejor no se pueden dar. Lo mismo elige lo mejor para el seminario, que elige lo mejor para la delegación de Medios de Comunicación, que para cualquier parroquia. ¿Cómo valora el legado de su antecesor, Manuel Soria, en estos 14 años? Muy bien. Manolo se ha fajado en este cargo, se ha entregado plenamente a las cofradías, sirviendo primero a don Carlos, ahora a don Juan José. Nada más que por ese esfuerzo, compaginándolo además con su labor en las distintas parroquias en las que ha estado, me merece todo mi reconocimiento, admiración y agradecimiento. Mucha de esta labor excelente quizás no sale en los medios, o no encuentra tanto predicamento. Él ha trabajado muchísimo con la formación, que es fundamental. Está recién creada la Escuela Diocesana de Hermandades y Cofradías, que se debe a él y a don Antonio Bueno, que es el director del Instituto de Ciencias Religiosas. Me merece la mejor de las opiniones, no sólo porque sea amigo y le admire como sacerdote, sino porque los hechos objetivos están ahí: ha instituido los retiros para hermanos mayores, para los diputados de juventud, para costaleros, las oraciones antes de la estación de penitencia, el Instituto de Formación para jóvenes cofrades, todas esas cosas las ha creado él. ¿Qué nuevos retos se plantea en su delegación a corto y medio plazo? Así a bote pronto, creo que lo más importante es la formación. Si los cofrades no estamos bien formados, podremos tener cofradías hermosas y bonitas, pero la hermandad crecerá como un árbol enorme cuyas raíces no han profundizado y, como dice el Evangelio, puede venir el viento del laicismo y de quienes no comprenden la piedad popular. Si no tenemos una base doctrinal y nuestra fe afianzada en Cristo, el árbol puede venirse abajo. A veces este mensaje cuesta trabajo no ya transmitirlo, porque los cofrades son muy receptivos, pero sí llevarlo a la práctica. Habrá que programar prioridades para que la formación se sustancie bien. ¿Es la escasa formación el gran déficit de los cofrades de hoy? Pero déficit no porque los cofrades sean malos cristianos, al contrario. Casi la mitad de las personas que participan en el proyecto ‘Levántate y anda’ de Cáritas que se lleva a cabo aquí en la parroquia de San Vicente son personas de hermandades. Déficit porque el reto de las cofradías es muy grande y porque las cofradías, como dice el arzobispo, son un valladar ante el secularismo. Por eso los cofrades tienen que estar preparados, o si acaso más preparados, porque son un elemento indispensable para el anuncio de Cristo a los más alejados en la fe. Es un déficit relativo, porque como dice el Señor en el Evangelio: “A quien más se le dará, más se le pedirá”. A los cofrades nuestros antepasados nos ha dejado un legado de siglos, pero también se nos va a exigir más en materia de nueva evangelización. ¿Que haya dos candidaturas en el seno de una hermandad siempre es síntoma de división interna? Hay que valorar cada caso. Dos candidaturas pueden significar riqueza, dentro de la misma comunión, pero también pueden ser síntoma de otra cosa. Ahí está la labor de los directores espirituales y de los párrocos con idea de que en la hermandad prime la palabra hermandad. Muchas veces me planteo si hay personas, no ya preparadas, pero sí que tengan la capacidad de comprometerse como para formar dos juntas de gobierno. ¿Por dónde deben caminar, a su juicio, las nuevas Normas Diocesanas que se están gestando en Palacio? Tienen que ir siempre dejando muy clara la eclesialidad de las hermandades, es deir, la vinculación de las hermandades con la Iglesia. Que no es una vinculación para que las hermandades sean controladas por el arzobispo ni nada de eso, sino porque las hermandades son Iglesia y son un gran tesoro de la Iglesia. Debe primar la eclesialidad. ¿Y eso qué significa? Pues significa valorar la misericordia, el amor, la formación y también la celebración litúrgica, de tal forma que la Semana Santa y la vida de las hermandades tengan un cauce evangelizador. Ahí reside, a mi modesto entender, la supervivencia de las hermandades, que no se vean engullidas del secularismo que busca reducirlas a algo meramente cultural. Y eso es más fácil que ocurra de lo que parece. Estoy seguro de que cuando salgan van a estar muy pensadas y todo para el bien de las hermandades. ¿Considera suficientes las aportaciones que realizan las hermandades al Fondo Común Diocesano? Por los informes que se hacen públicos de las cuentas de la Archidiócesis, vemos que son relativamente pocas las hermandades, en relación a su número total, que presentan sus cuentas y hacen esa aportación. A veces me comentan muchos cofrades que ya realizan aportaciones subvencionando las becas a seminaristas, colaborando con la parroquia, etcétera. Sí, eso es así, es positivo y estamos muy agradecidos. Pero en las parroquias nos pasa lo mismo: también conservamos el edificio, ayudamos a los pobres, mantenemos la catequesis, visitamos a los enfermos, y aun así también destinamos una parte, según nuestros ingresos, al Fondo Común Diocesano. Es una expresión de comunión, no debe entenderse como un impuesto. Ese fondo de la Iglesia Diocesana también va para las parroquias más pobres. ES una medida de caridad, de solidaridad y se hace de una forma objetiva según los ingresos. No es un control, ni una imposición. De hecho, todavía no se ha impuesto. Está determinado por la Normas Diocesanas, pero no se impone. Lo deseable sería que saliese de cada hermandad. Me gustaría explicarle a cada hermandad la necesidad de esa aportación al fondo común igual que hacemos las parroquias. ¿Cree usted que estamos asistiendo a un declive de la Semana Santa, que se impone la afición a la devoción? A veces tenemos la tentación de pensarlo, incluso yo mismo. Pero prefiero pecar de optimista y la verdad es que la inmensa mayoría de las personas que salen de nazarenos o costaleros lo hacen con un gran sentido religioso y espiritual. No sé si serán más o menos practicantes, si la fe será mayor o menor, pero nadie en su sano juicio se pega una paliza como costalero sacando los pasos del Cerro por una mera afición. Puede haber personas que se lo tomen así, como una afición. A mí mismo me gusta ponerme un DVD de hermandades, pero no por afición, sino porque te trae al alma unas vivencias interiores, espirituales, religiosas, cristianas muy grandes. Creo sinceramente que hay una vivencia religiosa y eso es lo que nosotros tenemos que aprovechar. ¿Qué encomienda le ha trasladado el arzobispo? Que sirva a las hermandades con fidelidad. Lo que más me emocionó fue que me dijera que me iba a tener presente en sus oraciones. No puedo estar más que agradecido al señor arzobispo por la confianza que me he dado siempre en los distintos cargos de responsabilidad que me ha otorgado. Espero estar a la altura. Tal y como están las cosas en San Gregorio, una de las aristas de su cargo va a ser presidir las reuniones en el Consejo… Pues la vedad es que en eso soy totalmente verde. He presidido plenos en el Consejo de Hermandades de Lora del Río pero, claro, éramos menos hermandades y todo mucho más sencillo. Pero bueno, aun así, me han tocado algunos plenos difíciles… (risas). Creo sinceramente que habiendo caridad, poniendo amor y misericordia en todo, además de verdad y transparencia, no creo que habrá ningún problema. Veo a tanta gente buena en las hermandades que no habrá ningún problema. ¿Ve factibles coronaciones en hermandades de vísperas? Si se dan las condiciones, que son objetivas, pues sí, ¿por qué no? Depende de la devoción de la imagen de la Virgen, de su antigüedad, y de esa coronación de caridad. Lo que más agrada a la Virgen es que agrademos a Cristo, y a Cristo lo que más le agrada es que estemos con sus hermanos más pobres. Si el proyecto en ese sentido se madura, pues sí. Tienen que darse estas condiciones de manera objetiva. A veces pensamos que vale sólo con la belleza estética de la imagen, que también es un factor, pero son más. Yo parto de la base que todas las imágenes de la Virgen tienen que estar coronadas, pero como eso es imposible, pues que se cumplan esas condiciones objetivas. ¿Para usted lo de la Macarena le ha parecido algo excesivo o algo sencillamente glorioso? Me ha parecido realmente un signo de Dios en estos tiempos en que se necesitaba mucha esperanza. Esperábamos un gran acontecimiento, pero todos nos hemos visto sorprendidos. Lo que he visto más maravilloso ha sido la intimidad, quiero decir, los días del besamanos, los días del triduo. Lo que se ha vivido en esas colas… las personas enfermas, imposibilitadas que se han llevado cuatro horas de cola al sol y que ya empezaban a llorar nada más que veían a 15 metros a la Esperanza. Creo que ha sido un signo de Dios. En esta celebración la hermandad lo ha hecho lo mejor posible. Es verdad que hay algunos aspectos que quizás para dentro de 50 años habrá que mejorarlo, pero yo lo doy todo por bien empleado en el sentido de que ha sido un gran signo de Dios y de esperanza que nos ha regalado el Señor a través de esta venera imagen de Nuestra Señora de la Esperanza y que ahí queda. Este rejuvenecimiento, esta inyección de fe y de esperanza en Cristo que hemos vivido nos tiene que servir cada día para llevar esperanza a la gente desde nuestra fe cristina y siendo pregoneros sin ningún tipo de complejos de lo que somos, de cristianos, de cofrades, y poniendo todo el empeño también en llevar la caridad a los demás.  

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