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Nelson es el líder de la revolución

el 12 feb 2012 / 00:27 h.

Quizá no fue el mejor futbolista del Betis ante el Athletic, aunque su partido ya era de notable antes de que en el minuto 90 su diestra produjese ese extraordinario remate que Paulao dejó pasar con gesto casi torero e Iraizoz vio pasar sin que nada pudiese hacer. Quizá, de hecho, protagonizase actuaciones más lucidas en su primera etapa como verdiblanco, la que cerró aparentemente para siempre aquella tarde de mayo en que el Betis descendió a Segunda. Pero sin duda fue la gran estrella de la noche y el líder de la revolución con que Pepe Mel zanjó otra malísima racha, cuatro jornadas sin vencer a nadie y un punto de doce. Se llama Nelson y ayer, cuatro años después de fichar por el Betis, casi tres años después de ponerse la camiseta verdiblanca por última vez y ocho meses después de romperse el tobillo izquierdo, logró, lo que son las cosas, su primer gol como bético, que a su vez era el 2-1 y por tanto el gol de la victoria para un Betis que la necesitaba como nunca.

La primera premisa del triunfo obtenido por el Betis, candidato a la permanencia, sobre el Athletic, candidato a la Liga de Campeones, es que resultó tan merecido como tardío, pero ya se sabe que este conjunto que intenta domar Mel prefiere decidir en el último minuto a hacerlo en cualquiera de los 89 anteriores. La lista de desenlaces de última hora en lo que va de curso es increíble, para bien y para mal: Granada, Mallorca, Real Sociedad, Osasuna, Valencia, ahora Athletic... Esta vez tocó cara y el hecho de que la moneda cayese de nuevo justo antes de que el árbitro pitase el final es casi anecdótico y sólo merece ser reseñado, si acaso, por aquello de la épica y la grandilocuencia.

Pero el Betis debió ganar porque fue mejor que el Athletic de ese genio-loco que es Marcelo Bielsa. Sirva como ejemplo de la justicia del marcador que el Betis, ya con el 1-1 en el electrónico de Gol Norte, envió dos remates al larguero y vio cómo Teixeira Vitienes no señalaba un claro penalti por manos de Ekiza. Con once contra once y con once contra diez, el equipo de Heliópolis creó más fútbol, controló dentro de lo que cabe un choque de ida y vuelta, condición sine qua non para un enfrentamiento entre dos filosofías tan osadas como las de Mel y su colega chileno, y sobre todas las cosas aportó un 110% de intensidad en cada minuto que se jugó y cada balón que se compitió. Es decir, todo lo que le faltó en las citas inmediatamente anteriores. La segunda premisa es que los tres puntos eran no vitales, sino lo siguiente, para el Betis. A las diez de la noche, cuando empezó el partido, el Betis estaba empatado con la zona de descenso por primera vez en toda la temporada gracias al empate del Racing, más bien de su portero Toño, ante el Atlético de Madrid. Así pues, corría el riesgo de acabar la jornada en puestos de Segunda. Pero no lo hizo, por suerte para Mel y su revolución de ocho cambios en la alineación titular, que entre otras cosas le permitió cerrar su segunda gran crisis de la temporada, pecata minuta comparada con la primera. Y además ocurrió como en la anterior, con un gol en el último minuto ante otro rival llamado a pugnar por Europa: primero fue el Valencia y ahora, el Athletic.

El nuevo Betis de Mel se comportó como tal desde el principio y el Athletic tuvo que sufrir lo que no padecieron ni Granada ni Mallorca, por ejemplo una presión insistente en cada metro y un ímpetu más propio de una final que de un partido de la jornada 23. El resultado fue que la primera parte, como dirían los clásicos, resultó ser un monumento al fútbol de ataque, al descaro, a la intensidad, a la velocidad... Pegó primero el Betis, la devolvió pronto el Athletic con su especialidad, el gol de cabeza, y luego irrumpió Jefferson Montero para protagonizar un eslalon tras otro, con remate incluido al larguero justo antes del intermedio. Luego ya mandó más el Betis que el Athletic, sobre todo tras la expulsión de Javi Martínez, aunque el rey león, Fernando Llorente, casi se cobra otra víctima con un testarazo que facilitó el lucimiento de Fabricio, otra estrella de la noche. Ya en superioridad, el Betis acorraló a su rival y lo domó cuando el espectáculo tocaba a su fin. Era justo e inevitable: el Betis de Mel, el Betis bueno, el Betis nuevo, lo merecía. ¿Sucederá igual en Zaragoza o tocará la cara mala? He ahí la eterna duda de este conjunto inexplicable.

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