Cultura

Nesterowicz

Crónica del concierto que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofrece esta semana en el Teatro de la Maestranza con obras de Urrutia, Chopin y Beethoven. 

el 20 may 2010 / 21:12 h.

Hay directores que son capaces de contagiar su entusiasmo con la batuta. En algunos casos -los menos- todo se queda ahí, en el vaivén del maestro sobre el podio. En otros -los más- además del espectáculo físico hay otro de mayor calado que sucede cuando las ordenes llegan claras y bien expuestas a los músicos. Fue el caso anoche del director invitado Michael Nesterowicz, un nombre en alza todavía no lo bien conocido que presagia merecer en el futuro, y que rubricó una muy marcial y briosa versión de la Sinfonía n.1 de Beethoven.

Es en el subrayado de los metales, en la sequedad del timbal y en el tempi rápido en la cuerda es donde esta música encuentra su verdadero acomodo en los oídos de hoy. Así lo entendieron director y orquesta, mirando más a Haydn que al Beethoven postrero.Con Chopin el lucimiento orquestal no puede ser más que modesto. Con todo Nesterowicz se empeñó en hacer notar lo mejor de estos pentagramas. A su lado Ludmil Angelov, un pianista bastante ortodoxo, alejado de personalismos, y con la corrección por bandera, leyó sin trampa y sin excesivo rubato el Concierto n.1, adornado después con el Vals Op.64 n.2.

Antes, la ROSS ofreció la primera audición de Gerok, de la compositora vasca Isabel Urrutia. Aquí en cambio si faltó la adecuación al lenguaje ora marmoreo ora ondulante de la partitura.

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