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Ni hablar del cónclave regional hasta que pasen las andaluzas

Griñán muestra su apoyo a Rubalcaba y asegura que es "uno de los más capaces" para liderar el partido tras el congreso federal de febrero.

el 21 nov 2011 / 21:35 h.

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Como si se tratase de una pesadilla. Así admiten muchos líderes del PSOE andaluz que vivieron la jornada electoral del domingo. Estaban avisados. Las encuestas no habían mentido, por más que se empeñen algunos dirigentes en asegurar que el mal resultado es mejor de lo previsto. Ha sido una derrota sin paliativos, reconocen algunas voces de la ejecutiva. Pero a la vez aseguran que quedan cuatro meses, que hay que subir el ánimo a la tropa, que es fundamental no dejarse desmoralizar y sobre todo repiten machaconamente pese a la contundencia de los datos que "hay partido", "no todo está perdido". En Andalucía se la juega todo el PSOE, insisten, es "la pieza clave". Eso significa que creen que es casi seguro que el PP de Javier Arenas ganará en marzo, fecha en la que se supone que el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, convocará las elecciones. Pero que si el PSOE mejora sus resultados en dosis posibles, dicen ellos, podrían pactar con IU y frenar la alternancia política. Con esa hipótesis trabajan ya para la campaña autonómica, aseguran.

No habrá congreso regional hasta después de las elecciones andaluzas, dejó claro Griñán por si alguien tenía la tentación de levantar la mano para pedirlo. Y su candidatura a la presidencia de la Junta se proclamará cuando el partido lo decida. "Si me lo piden, al minuto habré aceptado", dijo el presidente. Es decir, internamente los resultados de ayer, según el secretario general, van a remover poco. O nada, más bien. Esa es su intención: "fortalecer la cohesión interna".

Ayer, cerca de la una de la tarde, cuando faltaba una media hora para que José Luis Rodríguez Zapatero compareciera en Ferraz y anunciara la convocatoria de un congreso federal ordinario que decidirá la sucesión en el PSOE y el relevo del actual secretario general, José Antonio Griñán comparecía ante los periodistas en una sala extraordinariamente abarrotada. Traía sus mensajes escritos de su puño y letra en algunas cuartillas. Bajó de la reunión de la ejecutiva regional, que desde primera hora de la mañana analizó la peor derrota del PSOE andaluz desde 1982. Sabía que muchas de las preguntas iban a ir en clave interna. La noche anterior ya había hablado por teléfono con los dirigentes de Ferraz. Sabía que Zapatero iba en breve a convocar el cónclave para la primera semana de febrero. Es lo que él quería. Que fuese lo antes posible para distanciarlo lo máximo de las elecciones autonómicas.

"Tenemos a un secretario general del PSOE que no es diputado en el Congreso y que prácticamente ha dicho adiós a la política", dijo apostando por relevar a Zapatero. Mantener "el actual escenario abierto no sería bueno para tanto tiempo", señaló preguntado sobre la posibilidad de que el congreso se aplazara hasta después de las elecciones autonómicas. Acto seguido expresó su interés por que fuera en febrero, esperando los 60 días de rigor entre la convocatoria y el congreso que marcan los estatutos del partido.

¿Y puede Alfredo Pérez Rubalcaba liderar el partido después de la derrota del domingo? "No hay ninguna duda, el debate de investidura lo tiene que liderar Rubalcaba", se limitó a apuntar Griñán. "Pocas personas he conocido con el desprendimiento de Rubalcaba, se lo ha dado todo al partido", añadió, "pocas personas conozco más capaces de las que están ahora mismo". Sus palabras, ambiguas, valieron para todo tipo de interpretaciones, incluso entre sus colaboradores. Es lo de siempre, lo mismo que hizo cuando el PSOE tenía que elegir un candidato entre Rubalcaba y Carme Chacón. No inclinó la balanza hacia uno ni hacia otro. Jugó a favor de ambos pero su apuesta era el exministro del Interior.

La consigna oficial es no adelantar los debates, dejar como mínimo una semana de reflexión y margen antes de que el PSOE andaluz se pronuncie. Es decir, por lo menos esperar a que desfile en Madrid el cortejo de posibles secretarios generales antes de embaucar al PSOE andaluz en una guerra de nombres y apoyos. Es muy posible que no logren ir todos los delegados andaluces a una. Tampoco quiso Zapatero apuntar hacia ningún nombre. Fuentes cercanas del entorno de Griñán consideran que si se postulara Rubalcaba, tendría el apoyo de Griñán. Pero tampoco descartan que sea bueno un relevo generacional dado el estrepitoso hundimiento del voto socialista, provocado por la desconexión o la falta de identificación del PSOE con su electorado tradicional, pero también con los jóvenes y con las clases medias urbanas. Venía siendo su talón de Aquiles en Andalucía y ya se ha convertido en una auténtica losa electoral para estas siglas.

En clave interna, además, Griñán negó -en general fue bastante optimista al afrontar todos los escenarios posibles- que el congreso federal vaya a sacudir al partido internamente en Andalucía. El secretario general no cree que vaya a haber tensiones internas y está convencido de que van "a remar todos a una fortaleciendo la cohesión interna". Es lo que dice el manual que el líder tiene que decir, pero también, según sus colaboradores, es lo que él cree que va a pasar. Y no porque el PSOE andaluz sea una balsa de aceite. No lo es. Hay muchos tirones que han ido tensando la cuerda y dificultando una sucesión en la cúpula que se diseñó para ser modélica pero saltó por los aires. Sino más bien porque pocos dirigentes provinciales, por no decir ninguno, pueden levantar la mano respaldados por un buen resultado y pedir cambios, autocrítica o un cambio radical de rumbo. Solo en Sevilla han salvado los muebles y precisamente el secretario general de esta provincia, José Antonio Viera, ha sido uno de los más fieles a Griñán y también de los más protegidos por la actual ejecutiva. No es baladí que la secretaria de Organización del PSOE-A, Susana Díaz, haya formado tándem durante muchos años con Viera. A ella además dicen que le debe que nadie haya osado a pedir dimisiones o responsabilidad políticas por el presunto escándalo de corrupción de los ERE y que podría haberse cobrado en el dirigente sevillano su principal víctima. Lejos de todo esto, Viera curiosamente ha salido reforzado en las urnas.

El papel de los socialistas en Cádiz, la provincia más contestona frente a Griñán, puede hablar poco. Sus resultados han sido malos. Manuel Chaves, con Luis Pizarro como mano derecha, ha hecho una campaña intensísima, limitada a la provincia gaditana y con resultados poco potables. La alcaldesa de Cádiz, la popular Teófila Martínez, le ganó a la cuarta. Los socialistas han empatado en Jaén, donde Gaspar Zarrías podría tener la tentación de mover ficha, aunque el entorno del exconsejero de la Presidencia no cree en esa posibilidad. Y han empatado en Córdoba, pero ahí el efecto Rosa Aguilar tiene mucho que decir y poco la dirección provincial del PSOE, aseguran desde San Vicente.

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