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Economía

"Ni hay una política real de innovación en la Junta ni le echa cuenta a Cartuja"

El presidente del Instituto Andaluz de Tecnología, Miguel Ángel Luque, celebra las bodas de plata de la institución privada más importante de la comunidad en materia de I+D+I.

el 27 oct 2014 / 11:00 h.

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A pesar de que el IAT cumple años y eso siempre es motivo de celebración, su director general combina la alegría del trabajo bien hecho con la tristeza de constatar que la innovación ha quedado relegada a un segundo o tercer plano en estos años de crisis económica. Por ello, y ante el viraje previsto en el destino de los fondos europeos, sopla las velas pidiendo el deseo de una estrategia regional que industrialice Andalucía y sobre una base sólida de empresas tecnológicas. Porque así, dice, habrá empleo y estabilidad. Miguel Ángel Luque, en la sede del Instituto Andaluz de Tecnología en el parque científico y tecnológico Cartuja. / Pepo Herrera Miguel Ángel Luque, en la sede del Instituto Andaluz de Tecnología en el parque científico y tecnológico Cartuja. / Pepo Herrera -Ya que 25 años, como aquellos 20 del famoso tango, no es nada, resúmalos en pocas palabras. -Pues un cuarto de siglo de ilusión y de nuevos retos cada año y por eso, además de provechoso, ha sido divertido y es lo que ha permitido que tanto profesional lleve tantos años aquí trabajando. Veinticinco años que nos han conducido a otras actividades, a otros países, a otras colaboraciones, a otras alianzas. Innovar, cooperar e internacionalizarse. El resumen. -Sople velas y un deseo... -Veinticinco años y estamos en el principio. Para un centro tecnológico 25 son muchos años, sí. En Andalucía somos ya los más antiguos y comenzamos a serlo también a nivel nacional. El objetivo será siempre dar servicio, y mientras tengamos oportunidades y talento para innovar y desarrollar, tendremos cuerda para rato. -El IAT arrancó muy vinculado a la agroindustria y fue diversificando sectores económicos. ¿Cuáles serán las apuestas? -Es un momento ideal para hablar del futuro de los sectores. ¿Y por qué? Se pone ahora en marcha un nuevo marco comunitario y, de una vez por todas, el dinero procedente de Europa no se utilizará de forma generalizada, sino que se focalizará allí donde Andalucía tiene ventajas competitivas. Personalmente he colaborado en la elaboración de la estrategia regional. Estará basada en ocho áreas temáticas, concebidas como oportunidades de negocio. Al principio, estuvimos muy ligados a la agroindustria, a las tecnologías de la información y a la aeronáutica. Estas tres seguirán siendo básicas en Andalucía pero han aflorado otras oportunidades como la biotecnología, la salud, y aquí hablamos desde el turismo sanitario hasta la investigación sanitaria, pasando por la ingeniería genética o el desarrollo de equipos y aparatos quirúrgicos, y estamos trabajando también en el ámbito de los nanomateriales y en el desarrollo de clusters en Andalucía, como el que hemos gestado en Lucena con el frío industrial y la climatización. -Dicen del IAT que desarrolla una labor tan buena como silenciosa. ¿Os sentís realmente apoyados? -De broma decimos que hay organizaciones que son como el parchís: te comes una y te cuentas veinte. Nosotros somos al revés: comemos y, a veces, ni nos contamos. Es una labor callada. Quizás por nuestro origen, la ingeniería, eso de la comunicación no es nuestro fuerte. En ello estamos, puesto que hay tecnologías aplicadas a muchos ámbitos que pueden y deben conocerse. En cuanto al apoyo, al principio nos sentimos muy respaldados pero eso se está diluyendo. -¿Por qué? -No lo digo sólo por nosotros, sino en general, por todos los centros tecnológicos. En los dos o tres últimos años no se está dando el apoyo necesario. No se está trabajando en una política de innovación real en Andalucía, seguramente porque hay una Consejería que abarca demasiados temas y la innovación es sólo uno de ellos y para ella no es el más importante. En estos momentos, Economía y Empleo copan posiblemente el 90 por ciento de la actividad de esa Consejería, de ahí que Innovación no tenga ahora la importancia que tuvo. -Siendo clave... -Tiene que darse cuenta de que lo es. Tiene que seguir apoyándola aunque de una manera más racional que en el pasado, cuando se aplicó el riego por inundación, a todo el mundo. En cambio, a partir de ahora tiene que concentrarse en un riego por goteo, y respaldar a aquellas instituciones que son punteras, también a los dos o tres parques (tecnológicos) que están funcionando y a los dos o tres o cinco buenos centros tecnológicos. En definitiva, a los agentes que apuestan por la innovación y ayudan de verdad a las empresas para que ésta sea una región de veras industrial y sostenible. -Ésas son palabras mayores... -Si Europa ha puesto en marcha un programa para reindustrializar Europa, pues imagínese cuánta falta hace en Andalucía. Ha quedado demostrado que cuanta más industria más crecimiento hay y también más empleo estable, y así se amortiguan mejor las crisis. Y nos estamos convirtiendo cada vez más en una comunidad de servicios. No digo que no se apueste por ellos, pero también por otras cosas. -Entonces, ¿qué fueron de aquellas intenciones de una economía andaluza más sostenible y basada en la innovación y la tecnología? -Esas buenas intenciones siempre han existido, sí... pero realmente hay que ponerse a trabajar por la industria, por una industria sostenible. Son conceptos compatibles, y así se ha demostrado que se pueden explotar minas y hacerlo de manera sostenible, sin que sean un desastre, y que se puede trabajar en energías renovables,... Hay alternativas para todo y la innovación siempre es la solución para buscar la fórmula más sostenible de industrializar una región. -En estos años de crisis económica, ¿quién ha recortado más en innovación, la empresa privada o la administración pública? -En Andalucía está muy claro que ha recortado muchísimo más la empresa privada. Si cogemos la inversión en innovación en Europa, dos tercios corresponden a las empresas privadas y uno a las administraciones. En España, mitad y mitad. Y en Andalucía, justo a la inversa que en Europa. Pero esta estadística habría que ponerla en cuarentena porque las grandes compañías, que son las que realmente invierten, tienen sus sedes en Madrid o Barcelona, y aunque tengan centros aquí, es allí donde computan esa inversión y, además, la estadística viene con retraso. De todas formas, no creo que aquella proporción para Andalucía haya variado mucho. -¿Qué esperáis de los nuevos fondos europeos? -Esperamos mucho porque habrá un auténtico giro en el destino del dinero. Deberá dedicarse a proyectos de I+D y no tanto a infraestructuras. Tiene su lógica. Primero nos dotamos de las infraestructuras, después hacemos proyectos que las pongan en valor y, por supuesto, también pongan en valor a las empresas. Y es que en Europa miran con cierto recelo la inversión realizada en algunas infraestructuras tecnológicas que ahora están vacías: muchos centros tecnológicos, muchos parques tecnológicos... No ha habido una política de concentración . Y no me refieron a concentrar en Sevilla o en Málaga, sino allí donde exista especialización. E igual ocurre con las universidades. -Muchas... -La cuestión no es si son muchas o son pocas. El debate, aún sin afrontar, es si tenemos que tener todas las especialidades y todas las disciplinas en todas las universidades. Entiendo que cada provincia tenga su universidad, aunque no que todas ellas tengan de todo. Desde una perspectiva andaluza, regional, esto tiene que racionalizarse. Mientras que en Europa tiene el programa Erasmus para que sus estudiantes abran los ojos en otros países y culturas, en Andalucía hacemos al revés: que el alumno estudie a la misma puerta de su casa porque la lado tiene su universidad, y su hospital, y su centro tecnológico,.. y así, oye, no te mueves de tu pueblo... Esto es un error, además de carísimo e insostenible. Va en contra de la movilidad, del refresco de la sangre. El intercambio es fundamental para que la economía crezca. Sí, nos hartamos de hablar de globalización y, sin embargo, en Andalucía cada vez ponemos más trabas y nos volvemos más provincianos. Tener todo a mano es malinterpretar el concepto de calidad de vida. -¿Y de quién es la culpa, de la administración, en este caso autonómica, o de la jerarquía académica? -Leía el otro día que el rector de la Universidad de Sevilla decía que hay en Andalucía pocas universidades... Ese, insisto, no es el debate, sino cuántas disciplinas o facultades de lo mismo hay. Lo que tendría que haber es un punto de vista andaluz, y no el que quiera cada universidad. Una parte de la culpa la tiene el hecho de que cada rector quiere lo suyo, y la otra está en la inercia de los políticos, que siguen alimentando la infraestructura universitaria creada y creciente. No tenemos universidades en los principales ranking internacionales, salvo determinadas disciplinas o escuelas. -Soy universitario o voy a empezar una carrera. ¿Por dónde me oriento? ¿Consejos? -Lo primero: no mirar qué hay en tu ciudad, sino mirar de manera global, pensando en las oportunidades. Segundo: no optar por una disciplina porque ésta sea la especialización que haya en tu ciudad. El Erasmus ha hecho por Europa más incluso que su unidad monetaria. Existía antes una especie de Erasmus andaluz, puesto que estudiantes sevillanos se iban a Granada y los granadinos venían a Sevilla. Y tercero: en cuanto a la disciplina, ahí, cada uno la que quiera y para lo que realmente sirva. -Pero moverse vale dinero. -Si se hace esa racionalización que he comentado y aquellas familias que puedan, entre las que me incluyo, pagan un poco más por la matrícula de sus hijos, habrá más dinero para becas para que todos puedan estudiar donde quieran y la especialidad que quieran. Para esto hay que bajar a mucha gente del burro. -¿Está cambiando de veras la relación entre universidad y empresa en lo que a transferencia de tecnología se refiere? -No se puede generalizar. Existen escuelas o facultades que tienen capacidad, ganas e interés en trabajar con y por las empresas y otras que no. Se ha avanzado mucho, seguro, en parte por los programas de la Corporación Tecnológica de Andalucía (CTA) que incluyen obligatoriamente a grupos de investigación universitarios. Una CTA a la que, por cierto, seguimos reclamando que incluya a otros grupos que, sin ser de la universidad, forman parte también del Plan Andaluz de Investigación. Por otro lado, hay compañías que se entienden bien con los grupos universitarios pero son grandes, puesto que una pyme, salvo que tenga base tecnológica, no tiene suficiente capacidad inversora y pide resultados a corto plazo, mientras que la universidad sólo se los puede ofrecer a medio y largo. Si queremos cambiar el modelo, lo que se debería hacer es generar una base sólida de empresas tecnológicas e innovadoras. La realidad es que hoy en día, una pyme que alcanza un determinado tamaño termina vendiéndose. Pocas llegan a ser gran empresa o multinacional. -El IAT es ejemplo de internacionalización, y parece mentira siendo un centro tecnológico. ¿Qué os ha aportado? -Por lo pronto, nuestros resultados económicos durante la crisis económica los han sostenido nuestras sedes internacionales: en esos años, la facturación procedente del exterior ha pasado del 15 por ciento al 35 por ciento. Después, hemos aprendido muchísimas cosas de las alianzas con instituciones extranjeras: tecnología y conocimiento. Y es que la internacionalización tiene una cosa fantástica: convivir con un entorno donde te han cambiado las condiciones a las que debes adaptarte. Y ésta es la mejor manera de innovar. -Después de desembarcar en México y Chile, ¿dónde pondrá picas el IAT? -Cuando abrimos sede en un país es cuando ya llevamos muchos años trabajando allí. En México tenemos una empresa cien por cien del IAT, y en Chile crearemos también una corporación. En estos momentos estamos viendo las posibilidades de Sudáfrica, pues ya hemos abierto una delegación comercial en Ciudad del Cabo. Quizás el futuro del IAT pase por otra sede andaluza para así cubrir todo el territorio regional, a lo mejor una sede en Madrid, y otra seguramente en Sudamérica. No somos una potencia, todos los pasos tienen que estar muy medidos. -Un vecino pasea por Cartuja, ve el edificio del IAT, entra y pregunta qué hacéis. De forma muy sencilla, responda. -Es dificilísimo explicarse en pocas palabras. Nuestra misión: acompañar a empresas e instituciones para proporcionarles resultados innovadores que aporten valor. ¿Cómo? Hacemos dos cosas: una, prestar servicios para incrementar sus ingresos o disminuir sus gastos, y dos, hacemos proyectos de investigación y desarrollo a demanda y bajo contrato. -Vale, pero más a pie de calle, cosas tangibles, qué ha salido de aquí... -Muchísimas cosas pero la mayor se incluyen dentro de un proyecto de empresa que hasta cierto tiempo después no podemos contar. Trabajamos con empresas y en actividades donde hay una competencia tremenda y, por ello, no podemos decir ni una sola palabra. Dicho esto, en aeronáutica hemos desarrollado desde piezas hasta asientos; en automoción, desde cables hasta plásticos o desarrollos de vehículos; y en movilidad y logística, creamos una empresa con la empresa catalana Torrot para fabricar bicicletas eléctricas, motos infantiles eléctricas y motocicletas eléctricas. Los dos primeros productos ya están en el mercado y del tercero esperamos que sea la gran aportación de 2015. No olvido proyectos menores como el diseño al completo de parques infantiles, aparatos médicos o un sistema de salvamento con enorme éxito en las playas. -Y para concluir, y ya que el IAT se encuentra en Cartuja, ¿se creen realmente las administraciones públicas la importancia de esta tecnópolis sevillana? -El IAT no está solo en Sevilla, sino en casi toda Andalucía. Pero da muchísimo coraje que sólo se escuche al PTA de Málaga. En cambio, Cartuja no tiene predicamento en la Junta de Andalucía, no le echa cuenta, y eso es así. Sobre Cartuja, digo tres cosas: una, sus números de empresas y facturación son serios; dos, es un parque que no vive de la venta de edificios; y tres, tiene la configuración ideal para un parque de negocios. Pero aquí solo se habla de las vallas de Cartuja. Las necesita por seguridad por las noches, pero es un parque abierto.

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