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Ni una ocasión, sólo goles

El Betis no jugó especialmente bien ante el Rayo, por lo menos hasta el 2-0. Pero esté brillante o no, el equipo verdiblanco es una máquina que defiende, ataca y marca goles como si fuese una máquina, sin compasión.

el 31 oct 2010 / 20:37 h.

Así empezó y así acabó el Betis.
El Betis logró la mayor goleada de la temporada en el partido en que seguramente creó menos oportunidades, ninguna aparte de los goles. Es por tanto uno de esos encuentros en los que quien recurra al tópico de la pegada verdiblanca tendrá más razón que un santo. No jugó bien el Betis, pero ya es habitual que el conjunto de Pepe Mel no se parezca al que comenzó la Liga, alegre y chisposo. A cambio ahora ofrece seriedad en todas las líneas, efectividad casi del cien por cien en las ocasiones que genera y un funcionamiento defensivo total que lo convierte en un bloque al que el común de los mortales en Segunda es incapaz de encontrarle una fisura.

El Rayo, con todas las dificultades derivadas del estado del ¿césped? y el viento, trató mejor el balón hasta el descanso, pero a la hora de la verdad no halló nunca el camino hacia Goitia. Y el Betis, firme en la contención pero gris en la creación, se marchó al intermedio con ventaja por un golpe de suerte, que también cuenta. Todo lo demás fue pura incomodidad para los heliopolitanos, estorbados por una presión muy adelantada de su oponente y abonados a un exceso de patadones hacia arriba, sobre todo por parte de los laterales e Iriney.

En la segunda mitad, una vez lanzados los dos chispazos definitivos, adiós muy buenas. Beñat puso el orden, Iriney la briega, los centrales la inexpugnabilidad y Goitia el paradón que frustró cualquier atisbo de inquietud. El Rayo, valiente pero impotente, terminó con cuatro delanteros y cero goles. El Betis, cero ocasiones y cuatro goles.

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